El gobierno de Jorge Zermeño, con una baja aprobación

El gobierno de Jorge Zermeño, con una baja aprobación

Por: Marcela Valles

De acuerdo a la Encuesta de Percepción Ciudadana que realiza el Consejo Cívico de las Instituciones, a un mes de terminar su segundo gobierno, que comprende solamente el presente año de 2018, Jorge Zermeño obtuvo de la ciudadanía encuestada un índice de aprobación de apenas un 5.6, sobre un máximo posible de 10. ¿A qué se debe?

Después de haber ganado de manera amplia la elección municipal en 2017 y refrendar la reelección por tres años más en julio de este año, el panista Jorge Zermeño levantó grandes expectativas, con base en una campaña que se fincó básicamente en el desprestigio de Humberto y Rubén Moreira como gobernadores, más que en el gobierno municipal que dirigió Miguel Riquelme Solís.

Hoy, a punto de concluir su primer periodo, habiendo recibido las finanzas municipales en un aceptable estado, la mayoría de los ciudadanos consideran que Zermeño Infante ha quedado a deber como alcalde si se parte de las promesas que ha realizado en sus dos campañas y el desempeño de las áreas claves del gobierno que dirige.

La imagen del alcalde ha tenido un sensible descenso en el segundo semestre del año, debido a diversas situaciones y eventos.

El primer asunto que ha provocado una baja de la percepción de los ciudadanos ha sido el problema del agua potable. En el periodo más alto de la larga temporada de calor se presentó escases en el abasto de agua potable, aún en colonias residenciales de clase alta, debido a que no se llevó a tiempo el mantenimiento de las bombas de los pozos que surten los diferentes sectores y colonias de Torreón.

En términos generales el desempeño del SIMAS ha sido deficiente, además de opaco en el rendimiento de cuentas, no obstante que el organismo está teniendo mejores finanzas debido a que ha dejado de pagar la concesión de la planta tratadora de aguas residuales, que alcanzaba cerca de 70 millones de pesos anuales.

En Torreón solamente están activos 180 elementos policiacos, 90 por cada turno, uno por cada 6700 habitantes. La seguridad del municipio realmente es atendida por el ejército, policías federales y Fuerza Coahuila, que tan sólo en octubre recibió una denuncia diaria ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos por robo, allanamiento de morada, lesiones, detención arbitraria, amenazas, discriminación y ejercicio indebido de la función pública.

El otro problema de fuerte repercusión fue el relajamiento de la seguridad pública, debido a que la policía municipal, que pasó a un mando civil, cuenta únicamente con 315 policías, de los cuales 40 se encuentran en situación especial (incapacitados) y 100 más cumplen comisiones que no tienen qué ver con la seguridad de la ciudad, por lo cual la vigilancia es cubierta por tan solo 180 elementos, 90 en cada uno de los dos turnos.

La academia de policía, que fue establecida sin una adecuada planeación y sin reunir las especificaciones oficiales, hasta ahora no ha rendido resultados concretos, o por lo menos el propio Jorge Zermeño ha evitado emitir información al respecto.

En contraste, a través de diversos rubros, se ha destinado una inversión cercana a los 80 millones de pesos a la seguridad municipal, pero no se ha rendido ninguna información específica al respecto.

Ante la debilidad del aparato municipal de seguridad, han sido el ejército, las fuerzas federales y las fuerzas especiales del gobierno estatal (Fuerza Coahuila) quienes cubren la parte fuerte de la seguridad en el municipio, más después de que los sectores empresariales se quejaran de la incidencia de delitos como el robo a negocio, el robo con violencia a transeúntes, el robo a casa habitación y el robo de vehículos, algunos de los cuales amenazaban con repuntar.

Jorge Zermeño había prometido en campaña que resolvería el problema del drenaje, pero cuando se presentaron las inundaciones y la irritación ciudadana, no había planteado ningún proyecto para la construcción de drenaje pluvial y sanitario; tampoco había destinado ninguna parte del presupuesto municipal a este propósito.

DESORDEN ADMINISTRATIVO

Una constante del gobierno de Jorge Zermeño ha sido el desorden en la definición de la cadena de mando al interior de la administración municipal, además de constantes conflictos con los dos sindicatos de trabajadores municipales.

Más que la proyección de obras de gran alcance, el gobierno zermeñista se orientó al mantenimiento urbano, invirtiendo gran parte de su presupuesto disponible en el recarpeteo de bulevares y calles en varias zonas de Torreón; el remozamiento de plazas y la colocación de pintura en las principales vialidades, además del cambio de ciertos equipamientos, como semáforos y señalética.

Este trabajo se ha llevado a cabo con desorden, al haber una confusión entre la Dirección General Administrativa, que dirige Antonio Loera; el Sistema Integral de Mantenimiento Urbano, a cargo de Humberto Niño Muño; Obras Públicas, que encabeza Tomás Galván y la Dirección de Desarrollo Urbano, cuyo responsable es Aldo Villarreal, lo que ha propiciado confusión sobre quién ordena las compras, la mayoría de las cuales se realizan sin licitación; quién atiende a las constructoras y prestadoras de servicios, y quién es el responsable de las obras que se emprenden.

Sólo en mantenimiento urbano se gastarán, de acuerdo a la última ampliación de presupuesto solicitada, 85 millones de pesos. En Obras Públicas el gasto alcanzará al menos los 263 millones de pesos, más todos los recursos que se han destinado a otras dependencias, lo que, en conjunto puede doblar esta cantidad en gasto municipal.

Ya en el cierre del año, las tres inversiones principales eran el recarpeteo, que era muy necesario para la mayor parte de la ciudad, el mantenimiento de plazas y parques, y pintura, mucha pintura.

Gran parte del trabajo realizado de recarpeteo se perdió con las lluvias y las inundaciones del mes de septiembre, pero el notorio incremento de lluvias es una tendencia que se da en la región desde los cuatro años anteriores, lo mismo que el incremento de las temperaturas, la cual repercute en el consumo de agua potable.

 

LAS INUNDACIONES

El mes de septiembre fue especialmente crítico para la imagen de Jorge Zermeño. En sólo un mes cayó una precipitación pluvial de 300 milímetros, más de la media anual que se registraba durante todo el año.

Lo más atípico no fueron las lluvias sino la inundación de varios sectores de la ciudad, debido a la fuerte precipitación, pero también a la falta de drenaje pluvial, al deficiente mantenimiento del drenaje con que se cuenta y a fallas de carácter humano en los directivos del SIMAS.

Jorge Zermeño había prometido en campaña que resolvería el problema del drenaje, pero cuando se presentaron las inundaciones y la irritación ciudadana, no había planteado ningún proyecto para la construcción de drenaje pluvial y sanitario; tampoco había destinado ninguna parte del presupuesto municipal a este propósito.

La situación le rebasó y se le salió de la manos, como le hubiera sucedido a cualquier otro alcalde anterior, pero el nivel de las inundaciones lo hizo más evidente y, sobre todo, exhibió que Jorge Zermeño no era distinto a sus antecesores panistas y priistas, pues los últimos 21 años han sido de sucesión alternada en la presidencia municipal por parte del PAN y del PRI: cuatro alcaldes panistas y tres priistas. Para 2022 habrá gobernado el municipio más tiempo el PAN que el PRI, por lo cual Zermeño Infante no podía recargar la culpa en la ineficiencia de los alcaldes anteriores.

Además de dañar las casas y los bienes de los ciudadanos, el agua destruyó buena parte de la carpeta asfáltica que recién se había colocado en los meses anteriores.

Para los próximos tres años el gobierno municipal tendrá que realizar una inversión significativa en obras de drenaje, planificándolo por etapas y sectores, pero para ello requiere del apoyo del gobierno estatal y del federal, lo que le obligará a una negociación de recursos que se le dificulta, por su estilo personal y por las diferencia políticas.

Aún con el despido masivo realizado con la llegada de esta administración, la nómina municipal ha incrementado. Hasta la fecha el tesorero municipal, Hernán Sirgo, se ha negado a dar una explicación detallada de por qué la nómina no bajó y cuál ha sido el movimiento real de despidos y contrataciones, además de los sueldos reales que ingresan mensualmente los funcionarios municipales de primer y segundo nivel.

AUMENTO EN LOS IMPUESTOS

Aunque en 2018 la recaudación de ingresos propios del gobierno municipal alcanzó los 500 millones de pesos, la rendición de cuentas ha sido uno de los aspectos más opacos de esta administración.

Rompiendo sus promesas de campaña, Zermeño Infante despidió a 800 trabajadores que conformaban la llamada Marea Roja,  en su mayoría mujeres y personas provenientes de colonias marginadas y conflictivas, eliminando un programa social estratégico para aumentar el pago que el gobierno municipal realiza a la concesionaria PASA, en lo que es una gran falta de sensibilidad social y una postura partidista facciosa.

Además de todos los empleados de la Marea Roja, despidió, tan solo al mes de marzo, a más de 600 empleados de confianza, pero siguió despidiendo empleados en los meses subsecuentes, para luego contratar, en la versión del secretario del ayuntamiento, Sergio Lara Galván, aproximadamente a 350 personas, todas ellas ligadas a gentes relacionada con el PAN y con gente cercana al propio alcalde y a los nuevos funcionarios.

También fueron despedidos todos los empleados que prestaban sus servicios bajo la figura de honorarios, sobre lo cual no se rindió ninguna información.

Aún con el despido masivo de empleados y trabajadores, el monto de la nómina municipal no sólo no bajó sino que sufrió un ligero incremento, colocándose por encima de los 60 millones de pesos mensuales, en los meses ordinarios, porque en ciertos meses se incrementa mucho más.

Hasta la fecha el tesorero municipal, Hernán Sirgo, se ha negado a dar una explicación detallada de por qué la nómina no bajó y cuál ha sido el movimiento real de despidos y contrataciones, además de los sueldos reales que ingresan mensualmente los funcionarios municipales de primer y segundo nivel.

En lo que provocó un rechazo de la ciudadanía y de las cámaras empresariales, Zermeño Infante planteó un muy fuerte incremento a las tarifas del impuesto predial para el próximo año de 2019, con el propósito de incrementar los ingresos directos de su gobierno. Los incrementos alcanzan en varias colonias hasta el 40%, casi ocho veces el índice inflacionario de 2018, pero hay casos donde el incremento será mucho mayor y alcanzará hasta un 100%, incluyendo algunos bulevares donde se ubica una gran actividad comercial de la ciudad.

El acuerdo del cabildo se encuentra ante el Congreso del Estado, que deberá analizarlo y decidir al respecto.

Añadido a este propósito de incremento al predial, se pretende aumentar las tarifas de consumo de agua a un nivel semejante al que incremente la CFE por el consumo de luz, lo que está por encima de los índices de inflación y ha propiciado inclusive amparos por parte de algunos gremios empresariales, por considerar que las tarifas son excesivas.

Zermeño Infante se ha convertido así en un alcalde que heredó una tesorería con buenos números, que ha tenido ingresos propios importantes, pero su resumen de obra es más bien pobre y ha habido problemas para atender adecuadamente servicios básicos como el del agua. Su obra está dispersa y es menor, en términos generales, pero aun así pretende un incremento muy importante de impuestos, siendo que ni tan siquiera ha explicado para qué proyectos pretende hacerlo.

 

UN ALCALDE CANSADO, CON CIERTO HARTAZGO

Jorge Zermeño es un político sobrevalorado por ciertos medios sociales, especialmente entre la clase media y media alta, al considerarle como intachable en su trayectoria y competente en el desempeño de la función gubernamental.

Los hechos muestran algunas cosas que difieren de esta percepción y que se han comenzado a reflejar claramente en este segundo periodo que Zermeño ocupa la presidencia municipal.

En su primer gobierno, que fue de 1997 a 1999, hace ya 21 años, Zermeño Infante tuvo un desempeño mediano. Su obra emblemática fue el Parque Los Fundadores, donde se ubicaba anteriormente la llamada “zona de Tolerancia”, que fue una buena obra para regenerar un área muy deteriorada de la ciudad, pero por parte del gobierno municipal la adquisición de los terrenos de esa zona, cuya depreciación era total y tenían apenas un valor simbólico, se dio con un gran hermetismo e irregularidades.

Nunca se informaron los montos reales que se pagaron por dichos terrenos, que comprendieron cinco hectáreas, menos las calles, que era la parte menor.

Por lo demás, el primer gobierno de Jorge Zermeño fue mediano en términos generales y quedó a deber, no obstante que en aquella ocasión le acompañaban en el equipo el grupo de María del Carmen Fernández Ugarte, “Carmiña”, que encabezó un movimiento cívico-político de mujeres de clase alta quienes fueron las que llevaron realmente a la alcaldía a Zermeño Infante.

En la siguiente elección el priista Salomón Juan Marcos Issa, quien había perdido en el proceso anterior, le ganó la alcaldía al PAN con un buen margen, lo que confirma que la ciudadanía no estaba satisfecha con el trabajo del hoy alcalde y no encontró una gran diferencia en relación a las administraciones anteriores.

En este 2018 Zermeño Infante conformó un equipo de trabajo invitando para los puestos básicos a los mismos amigos que le habían acompañado en la función pública hace 21 años, los cuales son hombres que hoy están ya sobre los 70 años de edad.

El propio Jorge Zermeño, quien cumplirá próximamente los 70 años, muestra un gran desgaste físico y, en consecuencia, una disminución notoria de sus capacidades de trabajo.

En el trato personal y cotidiano, se muestra como un hombre que proyecta cierto hartazgo personal, un temperamento muy poco energético y proclividad a reaccionar con irritabilidad e intolerancia o arrogancia, no se puede distinguir muchas veces bien a bien.

Trata poco con los medios de comunicación y ha dejado la mano ancha a varios de sus colaboradores, quienes se encargan de la toma de decisiones, lo que le permite reducir su jornada de trabajo y las presiones de un líder.

Gente como Antonio Loera, Director General de Administración, operan, en la práctica, como vicealcaldes, mientras que funcionarios probadamente ineficientes no han sido removidos de sus cargos y nada indica que serán removidos para los siguientes tres años. Es el caso de Juan José Gómez, el director de SIMAS, quien, en la opinión de la mayoría de los integrantes del propio consejo del organismo, ya debería haber presentado su renuncia irrevocable.

Por encima de cualquier crítica o de cualquier error, no ha habido un solo cambio de funcionarios a lo largo del año. Se desconoce si en diciembre, para iniciar los siguientes tres años, habrá ajustes.

Por esos cambios políticos absurdos del periodo gubernamental de Rubén Moreira, los alcaldes salientes se autoentregaron y autorecibieron las dependencias municipales, lo que facilitó muchísimo que todos fueran complacientes y que no se diera ninguna revisión de cada área, mucho menos un ejercicio de transparencia.

Zermeño Infante parece dispuesto a continuar sus próximos tres años como alcalde con este equipo de hombres viejos, ya muy desgastados, donde él mismo ha dejado en claro que salió de lo que debería ser su retiro de la política y de las grandes responsabilidades, para desempeñar un trabajo tan exigente, donde, hasta ahora, ha quedado a deber mucho a quienes le otorgaron su confianza para gobernar, no por uno, sino por dos periodos más.

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