CFE, los abusos de un monopolio contra la sociedad e instituciones

CFE, los abusos de un monopolio contra la sociedad e instituciones

Por: Álvaro González

Convertida, a partir de 2017, por obra y gracia de la llamada reforma energética, en Empresa Productiva del Estado, la Comisión Federal de Electricidad la ha cargado contra todos los usuarios domésticos, empresarios de diversos ramos y hasta en contra de algunas instituciones gubernamentales, como los gobiernos municipales. Incumplimiento, negligencia, cobros absurdos y desinterés.

Tarifas cada vez más caras y un servicio deficiente son la queja cotidiana de una sociedad que está cautiva de este monopolio estatal, el cual controla todo el suministro de energía eléctrica, sólo que ahora con un criterio de convertirla en lo más lucrativa posible, cuando, contradictoriamente, sigue siendo una empresa pública, aunque ahora sólo esté protegiendo los ingresos del Estado.

Las quejas de los usuarios se amontonan en las oficinas de la empresa, ante funcionarios que en apariencia se comportan amables, pero de fondo son indiferentes a las quejas y reclamos de los usuarios, quienes tienen que dar dos y hasta tres vueltas para presentar su queja, pero, a menos que insistan, no obtendrán alguna respuesta favorable, pero ésta casi siempre es a favor del monopolio eléctrico.

Erick Hernán Frayre Franco, un padre de familia de 29 años y taxista de profesión, tiene dos meses y tres días que realizó el pago de su adeudo de luz, pero sigue esperando a que le reconecten la energía eléctrica. Si él la reconecta puede incurrir en una enorme multa y la suspensión del servicio.

Erick y su familia, compuesta por su esposa y tres hijos, viven en la colonia Las Dalias y es la tercera vez que acude a la oficina de CFE ubicada en el boulevard Rodríguez Triana.

“Las veces que he venido me pasan con un empleado que está allá adentro, levanta el reporte, me dice que pasarán a reconectar, pero yo creo que nada más me dan bola, eso sí, cuando tú te pasas unos cuantos días en el pago llegan y te la cortan”, comenta a Revista de Coahuila.

Paga, por una pequeña vivienda, un promedio de 700 pesos bimestrales de consumo de luz.

En la misma oficina y también formada en la larga fila, la señora Lilia Ríos, una ama de casa de la tercera edad, desde hace tres meses tiene el problema de que el voltaje, que debería ser de 220, llega muy bajo a su casa, lo que le impide utilizar la mayor parte de sus aparatos domésticos, como refrigerador, lavadora, entre otros.

“Tengo tres meses que vine a poner la queja, pero ellos decían que era un problema de mi instalación y estaban aferrados a eso. Tuvimos que hacer un peritaje y se demostró que el problema es del suministro de la Comisión, no de la instalación de la casa y míreme, aquí sigo batallando”, expone mientras que muestra sus recibos de pago, los cuales son por 700 u 800 pesos cada mes. Ella vive en la colonia Ampliación La Rosita.

Guadalupe Orona, una joven de 27 años, permanece parada en la fila de espera con un rostro visiblemente molesto, le acompaña su papá, un hombre ya grande de edad.

Su enojo está bastante justificado: desde hace 12 días le quitaron el medidor de su casa y está sin luz, aunque está al corriente en sus pagos, lo que demuestra con los desgastados recibos de pago que lleva en las manos su padre. Es la tercera vez que acuden a la oficina y cada que van tienen que perder media mañana.

Guadalupe vive en la colonia Prolongación Paseo del Sur, en su casa habitan 3 personas, por lo que consume muy poca luz, pero comenta que los empleados de CFE hicieron lo mismo con varios vecinos de la cuadra y no sabe por qué.

EL USUARIO SIEMPRE PAGA  

Trinidad Moreno, propietaria de un negocio ubicado en la calle Abasolo, en el segundo cuadro de la ciudad, ha tenido que discutir por casi una hora con una de las empleadas de atención al cliente en la oficina de la plaza de armas de la CFE.

Cuando su consumo bimestral es ordinariamente de 1,200 pesos, el último recibo llegó por 3 mil pesos, pero sus actividades dentro del negocio han sido las mismas por años.

La empleada, en tono cortante, le indica que el medidor es digital, por lo cual la lectura es correcta, tiene que pagar los 3 mil pesos, pues debe de haber incrementado su consumo. La señora insiste en que el cobro es incorrecto, pero la empleada también insiste en su postura.

Después de presionar enérgicamente por casi media hora, la usuaria logra que se le haga una revisión del medidor, pero ésta le costará 200 pesos, lo cual acepta.

Al realizar la revisión, tres días después, los empleados de la CFE encontraron que uno de los cables de la corriente que conectan con el medidor estaba quemado y hacia un falso contacto, por lo que marcaba el doble de consumo eléctrico.

Pero eso es todo lo que hacen los inspectores: verificar la falla y reportarla, la usuaria tuvo que cambiar toda la base del medidor, lo que costo mil quinientos pesos, incluyendo los materiales y el servicio del electricista privado.

Para lograr la revisión se tuvieron que hacer dos visitas a la oficina de CFE, en el transcurso de las cuales pasaron 15 días de consumo irregular que apareció en el siguiente recibo, por lo que en total se tuvieron que pagar en los dos bimestres casi 3 mil pesos de consumo adicional, más la reparación sumaron 4 mil 500 pesos, todo contra el bolsillo de la usuaria, quien, si no lo exige de manera enérgica, no se le realiza la revisión y la empleada de CFE se sostiene en que tiene que pagar lo que marque el medidor, porque es digital.

 

MULTAS INFAMES

Gerardo tuvo que pagar a CFE una multa incongruente de $45’450 pesos por anomalías en el medidor del local que rentaba. Tanto rentero como CFE se desatendieron de las irregularidades en el cobro y Gerardo se vio obligado a contraer un crédito pagadero a dos años.

Gerardo González rentó un local para oficinas sobre la calle Allende, en el segundo cuadro de la ciudad; lo recibió como estaba.

A los dos años se rentar el local, le llegó una notificación de la CFE, por la cual le informaban que a través del “programa  de verificación de suministros”, habían encontrado una anomalía en la instalación que conecta con el medidor, denominado U110-Aldabas de Potencial Abiertas, por lo cual debía cubrir un ajuste a su facturación por 45 mil 455 pesos, con base en la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica y su Reglamento.

Tenía un plazo de 10 días para cubrir el adeudo a partir de la notificación, de lo contrario se daría una suspensión definitiva del servicio hasta que no se cubriera dicho adeudo.

Lo inexplicable es que el medidor, que se encuentra en la parte externa del local, con acceso a cualquier persona, había sido sujeto a inspección anteriormente y, además, el consumo de energía eléctrica era de tan solo un promedio de mil pesos bimestrales y la CFE establecía que se estaba dejando de cubrir el 30% del consumo, lo que equivalía a tan solo mil 800 pesos anuales, es decir: 3 mil 800 pesos en el lapso de los dos años que suponía esa anomalía.

El medidor contaba con los sellos correspondientes y nunca había sido manipulado por ninguna persona del negocio.

Gerardo presentó su reclamación, pero tenía que irse a un proceso de carácter legal, donde tenía muy pocas probabilidades de ganarlo, pues además el personal de CFE ya había manipulado el medidor sin estar presente ninguna persona del establecimiento, lo que les impedía atestiguar que la inspección hubiera sido correcta.

El arrendatario se deslindó de toda responsabilidad y el contrato de arrendamiento acababa de ser renovado; si Gerardo desocupaba el local tenía que enfrentar la demanda del arrendatario; si se quedaba, la multa era de 45 mil 455 pesos.

Finalmente tuvo que pagar la multa de CFE, que no le descontó ni un solo peso, para lo cual fue necesario contraer un crédito pagadero a dos años.

PRIVILEGIOS Y EL CASO DE TABASCO

Mientras los usuarios sufren haciendo largas colas y varias visitas para reclamar las fallas en los cobros y el servicio, los empleados de la CFE tienen el privilegio de no pagar un solo peso por el consumo de la energía eléctrica.

Como es una “prestación”, todo en sus casas es eléctrico, lo que les permite inclusive adornarlas en el periodo navideño con cientos de focos multicolores, que incluye el llenar el jardín de renos luminosos, un Santaclós barrigón resplandeciente y otra media docena de grandes figuras. Además de convertir el frente de su casa en la envidia de Disney Word, no les cuesta un solo peso.

El de la CFE es uno de los gremios gubernamentales más privilegiados del país. Un funcionario apenas de nivel medio puede alcanzar pensiones de hasta 45 pesos mensuales y liquidaciones de retiro hasta por dos millones de pesos. El paquete de prestaciones es enorme, lo que ha propiciado que esta empresa paraestatal sea una de las que arrastran uno de los pasivos laborales más grandes del país, lo que encarece muy notoriamente sus costos de operación y absorbe, cada vez más, una gran parte de su presupuesto, algo que tiene que pagar finalmente el usuario de la energía eléctrica, que está cautivo porque no existe ninguna otra alternativa, como sucede también con la gasolina y el gas.

En el año de 1995, como protesta por haber perdido las elecciones a la gubernatura de Tabasco, su estado natal, Andrés Manuel López Obrador llamó a la población a no pagar el consumo de energía eléctrica y, hasta la fecha, 23 años después, al menos el 67% de los tabasqueños, el estado más poblado del sureste mexicano, no paga energía eléctrica.

Tan solo en Villahermosa, la capital, se estima que 80 mil viviendas no pagan energía eléctrica. Hace cinco años, la CFE estimó en 264 millones de pesos anuales las pérdidas en Tabasco por el no consumo de la energía eléctrica de la población, donde ya se arraigó el no pago.

Si hace 23 años no pagan, ahora que Andrés Manuel López Obrador será presidente de la república tendrá más razones políticas para no cobrar la luz a sus coterráneos, pues esto le implicaría una caída en su popularidad, algo que el cuida por encima de todas las cosas.

 

PROBLEMAS CON LOS GOBIERNOS

Si los usuarios ordinarios tienen problemas, los gobiernos municipales también enfrentan serios problemas con la CFE. Los alcaldes de la región lagunera, tanto de la parte de Durango como la de Coahuila, se han unido para presentar un frente común ante la Comisión Federal de Electricidad.

Los sistemas de agua funcionan por medio de pozos que utilizan bombas para extraer el agua. Los cobros del consumo de energía eléctrica para los gobiernos municipales se han estado incrementando más allá de lo razonable, lo que ha propiciado que varios gobiernos acumulen deudas y otros tengan que destinar cada vez más recursos para mantener el funcionamiento del abasto de agua.

Aunque el gobierno de Enrique Peña Nieto ofreció que, como resultado de la reforma energética, los precios de la energía disminuirían, lejos de esto, el sexenio cierra con tarifas eléctricas cada vez más altas, con una empresa que abusa de su condición de monopolio y no sólo no escucha a los gobiernos locales, sino que es antipática ante los graves problemas que su misma ineptitud le generan al usuario común.

Pero si los cobros de la CFE de electricidad se incrementan, su servicio deja mucho qué desear. Los apagones se vuelven frecuentes en ciertas épocas del año, lo que paraliza el funcionamiento de los pozos, dejando sin agua potable a sectores completos de la zona conurbada.

La  CFE nunca ha proporcionado una explicación técnica que justifique el por qué se dan esos apagones, que pueden abarcar varios pozos, causando fuertes problemas.

Aunque las quejas son constantes, la CFE nunca se responsabiliza del daño que causa la suspensión del servicio de energía; se sigue comportando como un monopolio estatal.

Siguiendo el planteamiento de que ahora es una Empresa Productiva del Estado, la CFE comunicó a los gobiernos municipales que, a partir de 2017, el cobro del llamado Derecho de Alumbrado Público, DAP, una cuota que los gobiernos municipales cobran a los ciudadanos y que se agregaba en el recibo del cobro de la luz, le costará a los gobiernos locales un 5% más IVA del total de lo recaudado a partir de la notificación señalada, por lo cual los ayuntamientos solo tienen dos opciones: pagan un 5% más IVA del total de la recaudación o cobran por su cuenta el DAP, lo que se complica porque tendría que agregarse a otros mecanismos de cobros de impuestos que son menos eficientes, lo que podría hacer bajar la recaudación.

Con el ingreso del DAP los gobiernos municipales pagan a la CFE el cobro de la energía del alumbrado público, por lo cual casi todo este ingreso se regresa a la propia CFE, e incluso en algunos casos todavía hay que cubrir un resto adicional.

Los alcaldes se han unido para negociar con la dirección nacional de la CFE, pero se han encontrado con que ésta aplica criterios indiscriminados de cobro, buscando obtener ingresos por cualquier servicio, en este caso uno que no le implica sino un gasto mínimo porque se realiza por medio de sistemas electrónicos, pero ya es una empresa “productiva”.

 

RESTAURANTEROS Y HOTELEROS

La Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Coahuila, que dirige Héctor Horacio Dávila, ha dado a conocer que en el estado de Coahuila suman ya 22 hoteles que se encuentran amparados en contra de los cobros excesivos de la CFE, cuyos aumentos van del 50 hasta el 70%, lo que ha puesto en problemas a muchos establecimientos.

En su opinión la CFE está cobrando por todo: cobra por la energía consumida, por la capacidad que se contrata y por la distribución.

Además de este exceso, se aumentó la llamada tarifa punta u horario pico de 2 a 4 horas, con lo cual ahora es de las 6 de la tarde a las 10 de la noche, lo que aumenta al triple el costo del kilowatt/hora, algo que consideran un abuso de la empresa estatal.

Por su parte, el presidente local de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera en Torreón, Carlos Finck Salcido, informa que son ya 8 restaurantes los que se han tenido que amparar ante la instancia federal: hay casos en los que el cobro ha pasado de los 30 mil hasta los 100 mil pesos por establecimiento, algo que se vuelve imposible de cubrir.

Nadie parece estar satisfecho con los cobros de la CFE, aunque el gobierno saliente de Enrique Peña Nieto ofreció que, como resultado de la reforma energética, los precios de la energía disminuirían, tanto para la población en general como para los diferentes sectores empresariales.

Lejos de esto, el sexenio cierra con tarifas eléctricas cada vez más altas; con una empresa que abusa de su condición de monopolio y no escucha ni al usuario común, pero tampoco a los propios gobiernos locales.

En términos generales el ciudadano común se encuentra indefenso para exigir que a cambio de un cobro alto, por lo menos el servicio sea muy eficiente, pero como lo refiere la señora Elizabhet Ramos, quien vive en la calle Corregidora del segundo cuadro de la ciudad: “nada más hace un airecito fuerte o cae una lluvia más o menos fuerte, como pasó ahora en el mes de septiembre, y se va la luz hasta ocho o más horas, te dejan sin luz desde la tarde hasta la madrugada del siguiente día”.

La promesa de la energía barata parece haber resultado igual de engañosa con la gasolina, el gas y la electricidad, lo que tiene irritada a la sociedad en general.

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