El Metrobús de Torreón, una obra indispensable

El Metrobús de Torreón, una obra indispensable

Por: Eduardo Rodríguez

Hasta los años setentas del siglo pasado, Torreón no parecía tener mayores problemas de movilidad urbana y parecía destinada a no tenerlos, pero la mala planeación, las malas decisiones y la ineficiencia comenzaron a crear toda una serie de problemas que hoy comienzan ya a hacer crisis y pueden empeorar al mediano plazo.

Torreón es una ciudad de tamaño medio que se está complicando de forma seria su movilidad y requiere de soluciones radicales, eficaces, para la solución de los problemas actuales y la previsión de problemas al mediano y largo plazo, una de las cuales es la terminación de las obras del denominado Metrobús; una obra a la que ya se le han invertido importantes recursos financieros y solo le falta la fase última.

Hasta los años setentas del siglo pasado, Torreón no parecía tener mayores problemas de movilidad urbana y parecía destinada a no tenerlos, pero la mala planeación, las malas decisiones y la ineficiencia comenzaron a crear toda una serie de problemas que hoy comienzan ya a hacer crisis y pueden empeorar al mediano plazo.

En los últimos seis años, hasta en tres ocasiones, se fijaron fechas para echar a andar el nuevo sistema de transporte urbano de pasajeros, una vez que la obra civil básica se encontraba casi terminada, pero una y otra vez se dieron aplazamientos, en apariencia principalmente por la falta de recursos económicos debido a los recortes federales, que han sido una constante de parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Pero aún con estos recortes, no parece haber justificación suficiente para no haber concluido una obra tan estratégica como el Metrobús, a la cual se resiste en apariencia el gremio de los concesionarios del transporte público de pasajeros, un gremio que siempre ha ido a contracorriente de los intereses de la ciudad, manejado por empresarios cuya mentalidad es, y ha sido siempre, socialmente irresponsable.

La resistencia del gremio camionero al cambio ha sido histórica. Las pocas veces que ha tenido que realizar cambios de modelo de los autobuses, ha sido por la presión de las autoridades gubernamentales y a cambio de incrementos en las tarifas, pero su resistencia a modificar rutas y a dar un mejor servicio, así como a introducir unidades de mejor calidad hasta ahora no ha logrado vencerse.

Hay ciudades del país, como León, Guanajuato, por poner solo un ejemplo, que tienen un sistema de Metrobús desde inicios de los años ochenta del siglo pasado, teniendo un trazo urbano mucho más desventajoso del que tiene Torreón.

Saturación y desarticulación urbana

A medida que el crecimiento urbano se ha ido acelerando en las últimas cuatro décadas, la ciudad se ha ido desarticulando, separándose las zonas norte y sur-oriente. El periférico, una obra mal diseñada de origen se ha ido convirtiendo cada vez más en un problema, por su saturación, insuficiencia y lo peligroso que se ha convertido.

Sobre lo que era la vieja carretera a San Pedro, se realizaron todo un complejo entramado de fraccionamientos privados, tipo coto, el estadio de futbol y en general todo un desarrollo que no tiene más vialidad de conexión con el resto de la ciudad que esa sola vialidad, modificada en parte, sí, pero finalmente una sola vialidad.

En la parte sur se han desarrollado populosas colonias nuevas, con un muy deficiente sistema de servicio de transporte público, lo que vuelve cada vez más complicada la conexión con el resto de la ciudad.

Bulevares como el Constitución tienen ya décadas completamente saturados, con un tráfico imposible y una gran contaminación, no obstante que ahí se encuentra la zona hospitalaria pública más importante de la ciudad.

En su parte sur, el boulevard Independencia ya tiene horas pico, lo mismo que el boulevard Saltillo 400. Hay varios cruces de importantes avenidas que se encuentran conflictuados. Inclusive en la zona céntrica hay saturación de tránsito en varias avenidas y, como consecuencia, una fuerte contaminación.

La movilidad urbana ha ido dándole cada vez más preferencia al uso del automóvil, debilitando el sistema de transporte público que era, desde hace tiempo, obsoleto, lo que perjudica a los sectores populares de la ciudad y a su economía y calidad de vida.

Un trabajador, y en general una familia del medio popular, tiene que gastar más dinero e invertir mucho más tiempo en transportarse de lo que debería, lo que ahonda las diferencias sociales.

Como consecuencia y en contradicción, se han incrementado servicios como el de taxis o automóviles de servicio público, los que se incrementarán en este año en más de mil unidades, algo que complicará más las vialidades, la contaminación y el costo del transporte para los sectores de menores ingresos económicos.

Un taxi cobra de la zona céntrica de la ciudad a la zona de las nuevas colonias del sur hasta 120 pesos, el viaje sencillo, lo que representa ya una erogación importante.

Esta problemática vuelve más urgente la terminación de la puesta en operación del Metrobús, la cual no se logrará si no es bajo una fuerte presión gubernamental, pues el gremio de los empresarios del transporte pondrán todo lo que esté de su parte para que nunca opere, bajo el eterno argumento de que ganan muy poco y el negocio es poco rentable.

Anteriormente recurrían al chantaje e inclusive al paro del servicio para obtener incremento en las tarifas, algo que todavía hoy utilizan en parte, por lo que modificar todo el servicio con el nuevo modelo del Metrobús enfrenta una resistencia mucho mayor.

De una manera u otra, los camioneros se las han arreglado por décadas para utilizar camiones viejos, un mal servicio y una planeación de rutas obsoletas, para seguir haciendo negocio, todo con cargo a los sectores más pobres de la ciudad.

El problema es que los gobiernos se los han permitido.

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