Las buenas voluntades y el problema del centro histórico de Torreón

Las buenas voluntades y el problema del centro histórico de Torreón

Por: Gerardo Lozano 

El problema de la preservación de lo que queda del patrimonio arquitectónico, que es ya muy poco, también es un asunto irresuelto que tiende a empeorar más que a mejorar

La Universidad Iberoamericana, unidad Torreón, ha realizado lo que se denominó como el Primer Foro Hacia la Construcción del Plan Estratégico de Revitalización del Centro Histórico de Torreón, con lo cual se trata de desarrollar una estrategia encaminada a la socialización de proyectos para el centro histórico de la ciudad, en lo que parece un buen propósito, pero de entrada no ha logrado convocar a los actores que forman parte de la problemática y de la solución de este deteriorado sector.

El foro tuvo la participación del llamado Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Iconos) México; el Comité Científico de Ciudades y Poblaciones Históricas y la Escuela de Arquitectura de la propia Universidad Iberoamericana.

Se dieron algunas conclusiones básicas, como la afirmación de que el deterioro tan crítico del centro histórico se debe a políticas públicas erróneas, que, en este caso, aunque no lo afirmaron de manera explícita, se relacionan a los gobiernos municipales.

El propósito inmediato a seguir sería el diseño del Plan Estratégico de Revitalización del Conjunto Urbano Histórico/Centro Histórico de Torreón

Este plan deberá iniciar con la elaboración de un diagnóstico que establezca las necesidades y problemáticas que se deben de atender.

Los planteamientos, realizados por algunos expertos invitados, suenan bien, si se les ve en el papel, pero el problema es de una complejidad mayor, pues esta situación es un proceso que se ha ido generando por lo menos durante los últimos setenta años.

CONVOCATORIA AMPLIA Y MUCHOS RECURSOS

La Ibero, como universidad, puede, y lo ha comenzado a realizar, tener una aportación académica, donde expertos sobre el tema analicen el problema y sugieran soluciones, pero tan solo esa parte implica ya recursos económicos, pues hay que realizar un estudio, que, si van en serio, debe tener un costo elevado.

De inicio el foro de la Ibero ha sido un evento interno, pero para atacar el problema se requiere de una convocatoria muy amplia, que requiere de la participación del gobierno estatal, del municipal, instituciones federales, de empresarios inmobiliarios, comerciantes de todos los niveles, propietarios de bienes inmuebles, colonos y en general sociedad civil implicada en el sector, además de la participación de otras universidades e instituciones.

Por hacer solo una referencia, el fondo económico básico para el mantenimiento del centro histórico, que se cobra obligatoriamente a todos los habitantes de la ciudad junto con el impuesto predial, lo maneja el gobierno municipal.

En el pasado inmediato, durante todo el gobierno municipal que encabezó el panista Jorge Zermeño infante, la Asociación de Comerciantes de la Morelos, no logró que ese gobierno clarificara en qué gastó los recursos recaudados para el Centro Histórico, por lo que tuvo que hacer una investigación privada para demostrar que había desviaciones y mal uso de dichos recursos, interponiendo inclusive una demanda.

En el gobierno municipal anterior, dirigido por Miguel Riquelme, se realizó una gran inversión en lo que se denominó como el Paseo Morelos, pero hasta el día de hoy, el gremio de comerciantes de la ciudad no ha respaldado el proyecto, que tampoco recibió inversiones de parte de otros giros comerciales, salvo en dos cuadras, donde se establecieron restaurantes y antros, pero la mayor parte del paseo muestra negocios cerrados, fincas en renta y un fuerte descuido en el mantenimiento, propiciado sobre todo en el periodo de Zermeño Infante.

Desde el periodo de José Ángel Pérez, originalmente panista, se tomaron algunas decisiones que resultaron fallidas, inclusive aberrantes, como el cerrar calles aledañas a la Plaza de Armas, para instalar “tianguis” y reubicar a vendedores ambulantes, levantando estructuras metálicas a un costo elevadísimo, creando un problema más, en lugar de resolver otro. Cuando ya todo estaba hecho, el INAH reprobó las obras, pero no dijo nada mientras se realizaban.

Tomando de referencia la experiencia de algunos empresarios particulares, se puede apreciar también lo complejo del problema. El empresario Hasan Manzur Núñez, compró, a precio de ganga, el edificio de lo que fuera el Hotel Salvador, una de las fincas más valiosas que sobreviven en el centró histórico. Lo remozó en parte y lo rehabilitó como hotel, pero en un hotel económico que duró poco tiempo trabajando, en muchas ocasiones como hotel de paso, pero el negocio no funcionó y decidió cerrarlo. Hoy renta la parte baja a comercios y lo que es la entrada del edificio es una muy fea tienda de baratijas. El resto del edificio está en el abandono.

La familia Villarreal, que es propietaria de importantes fincas, entre ellas los hoteles Galicia y Palacio Real, antes Elvira, tuvieron problemas con el deterioro progresivo de sus negocios, que fueron bajando cada vez más de nivel, cuando originalmente eran establecimientos emblemáticos. El Hotel Galicia opera sólo en parte y lo hace como hotel de paso, para ciertas parejas que pasean por la zona. Hay problema inclusive para el pago del impuesto predial.

Los grande zapateros, que son los negocios más prósperos que siguen operando en el centro histórico, propiedad de las familias Batarse y J.Juan, nunca han deseado involucrarse en un proyecto integral de rescate del centro histórico, no obstante que representan los dos más importantes capitales en activo y les beneficiaría. Tampoco ha mostrado interés el mencionado Hasan Manzur Núñez, posiblemente el propietario inmobiliario más importante de ese sector de la ciudad.

El gremio de los vendedores ambulantes o banqueteros es todo un caso, que se ha tratado de resolver de varias maneras, en diferentes gobiernos, pero hasta ahora sigue irresuelto.

El problema de la preservación de lo que queda del patrimonio arquitectónico, que es ya muy poco, también es un asunto irresuelto que tiende a empeorar más que a mejorar, debido a que, siendo propiedad de particulares, la mayoría no desea invertir en restauración, pues no lo considera redituable o sencillamente no tiene recursos para hacerlo, pero tampoco puede habitar muchas de las fincas, debido a su mal estado interior y a lo obsoleto de sus instalaciones.

Hasta hoy, no se conoce de ninguna empresa inmobiliaria que tenga interés de realizar inversiones en el sector del centro histórico para ofrecer vivienda vertical, tampoco para edificaciones destinadas a oficinas y servicios. Casi toda la inversión está orientada hacia el norte y oriente de la ciudad.

LAS BUENAS VOLUNTADES

Lo realizado por la Universidad Iberoamericana es bueno, pero si no hay conjunción de todos los actores y un compromiso para desarrollar un plan maestro por lo menos a 10 años, o a tres o cuatro gobiernos municipales y dos estatales, no se ve como se pueda hacer algo sustancial para cambiar el estado de lo que denominamos como centro histórico de la ciudad, porque todos los ciudadanos tenemos ya décadas pagando un impuesto, al que muchos no le encuentran sentido, porque éste se pierde en la licuadora del gasto público municipal.

Habrá que ver también las expectativas que se tienen sobre lo que se denomina como “rescate”, porque la historia de torreón es muy breve y el patrimonio arquitectónico que queda es muy escaso, pero además el centro histórico se encuentra hoy ubicado en una zona urbana de bajos recursos y, como siempre, está rodeada de las colonias y barrios que fueron originalmente las más marginadas de la ciudad, pero son las que le dan la mayor parte de la vida que le queda.

Hace ya décadas, muchas décadas, que la clase alta y las clases medias se mudaron a otras zonas de la ciudad, y con ellas los servicios y la infraestructura.

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