Xóchitl y Claudia, nadando entre cocodrilos

Xóchitl y Claudia, nadando entre cocodrilos

Por: Álvaro González

Ninguna de las dos candidatas parece controlar su entorno y, ambas, están supeditadas a moverse dentro de un pantano político infectado de intereses, de presiones y de imprevistos

Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum, las dos candidatas presidenciales, parecen dos mujeres que comparten el hecho de estar nadando entre cocodrilos. Ninguna de las dos parece controlar su entorno y, ambas, están supeditadas a moverse dentro de un pantano político infectado de intereses, de presiones y de imprevistos. Xóchitl Gálvez maniobra con tres partidos políticos, que conviven en una alianza precaria y, cada uno, busca sacar el mayor provecho posible; una alianza que a cada momento amenaza con romperse y empuja poco política y electoralmente.

Claudia Sheinbaum tiene que vérselas con dos monstruos que la agobian: la presencia sofocante del presidente que la quiere, como Dios padre a Cristo, a su imagen y semejanza, sin darle espacio para tener una personalidad política propia, lo que le condena a la sumisión, pero además tiene que vérselas con la precariedad de la unidad interna de un partido oficial, repartido entre radicales, moderados y personajes de una variedad ideológica y política insólita.

Aunque en teoría es panista, Xóchitl Gálvez realmente no tiene partido ni grupo político donde pueda ejercer una influencia determinante, pero, singularmente, los tres partidos del Frente Amplio por México: PAN, PRI y PRD, dependen, como nunca, del éxito que ella pueda alcanzar en la próxima campaña electoral, pues no tienen más alternativa. Es Xóchitl o el despeñadero, pero ahora están peleando ferozmente las candidaturas a las 9 gubernaturas, a las diputaciones, las senadurías y los más de 20 mil cargos que estarán en juego en la elección de 2024.

En el caso de Claudia Sheinbaum la consigna de AMLO es llevarla a la presidencia al costo que sea y utilizando todo el aparato político y gubernamental que controla, pero en la selección del candidato al gobierno de la ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien estaba apoyando a Omar García Harfuch, tuvo que tragar su primer sapo al imponérsele la candidatura de Clara Brugada, quien es apoyada por las tribus más viciosas políticamente de la capital. De entrada se ha visto que la candidata presidencial tiene un espacio de toma de decisiones muy pobre.

Xóchitl Gálvez no está en una posición muy distinta, pero al menos no tiene que vivir y respirar al ritmo que le marque un caudillo todopoderoso, pero a cambio no tiene el apoyo incondicional de lo que le queda de estructura a los partidos que representa, cuyas clientelas, cada vez más mermadas, tienen sectores a los que la hidalguense no termina por convencer. El PRI, dueño del poder por casi un siglo, tendrá que ir con una candidata que tal vez en su fuero interno lo detesta, mientras que el PAN ha tenido que aceptarla como candidata porque no tiene de otra, pero tampoco hay romance, de ahí las constantes quejas de Gálvez para que la apoyen en los eventos y en todos los medios, pues no siente, ni de lejos, la pasión que deseara en esos partidos que dependen de su éxito, pero lo mismo ven las cosas con cierta desidia, al menos eso es lo que se observa en una parte de los panistas.

El PRD va amarrado a la carreta de la alianza, dando trompicones y malhumorado, porque no le queda de otra. Es pura y sencillamente conveniencia, porque es eso o la desaparición.

¿QUÉ PASARÁ SI LLEGAN?

Xóchitl Gálvez, que es de carácter más resuelto, independiente y de iniciativa, parece consciente del adagio ranchero de que le tocó arriar con esos bueyes, por lo que está tratando de integrar un equipo propio, en lo posible, y de generar una estrategia que se respalde mucho en convertirse en candidata ciudadana, para depender menos de partidos que definitivamente no captan la urgencia del momento político que viven.

En la medida que Xóchitl sume fuerza personal y logre poner en marcha un movimiento ciudadano, puede presionar a los partidos, sobre todo al PAN, que es el que tiene más potencial de penetrar en las clases medias, porque el PRI trae un nivel de rechazo altísimo y el PRD hace mucho tiempo que está perdido.

Claudia Sheinbaum está a la voz del caudillo, en un matrimonio político de conveniencia. Todo indica que va a tratar de influir en todo lo que pueda, pero no va a tensar la cuerda más allá de lo que resista la muy delgada tolerancia presidencial, pero, de llegar a la presidencia y una vez bien acomodada en el sillón del poder, puede dar sorpresas, pues no se requiere ser un psíquico para darse cuenta que se está reprimiendo y que está actuando, lo cual es cada vez más notorio.

El caso histórico más conocido de que haya memoria en la historia del México postrevolucionario, es el de Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas del Río.

Plutarco Elías Calles, en nombre de la revolución, había impuesto un Maximato, por medio del cual él mandaba sobre presidentes peleles, pero entonces decidió elegir como candidato a Lázaro Cárdenas Del Rio, un general revolucionario que hablaba muy poco, que gozaba de fama de moderado y conciliador, que parecía tener un estilo suave.

El resto de la historia es de sobra conocido. Llegado al poder Lázaro Cárdenas se acomodó bien en la silla presidencial y, acto seguido, mandó a un grupo de militares de su entera confianza, quienes sacaron de su casa a Plutarco Elías Calles, literalmente en pijama, lo subieron a un avión y se lo llevaron al exilio, de donde no regresaría hasta muchos años después, viejo y enfermo, detestado.

Claudia Sheinbaum no es, ni de broma, Lázaro Cárdenas, pero AMLO tampoco es, ni de broma, tan temible como Plutarco Elías Calles. En lo que sí coinciden es en que Claudia Sheinbaum tendrá el poder y el que tiene el poder manda y, como con Calles, lo de “jefe máximo” se acaba cuando se cruza de salida la puerta de palacio nacional.

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