¿El Santos ya no es el mismo?

¿El Santos ya no es el mismo?

Por: La Redacción

Hay una gran cantidad de aficionados del equipo Santos-Laguna que opinan que algo ha cambiado, tanto en el equipo de jugadores como en la administración de la empresa propietaria, pero también, y eso es lo que parece más importante, en el ambiente que se daba en torno al equipo.

Hay cierta nostalgia de que el pasado era mejor, pero, habiendo tantos comentaristas deportivos en la región, muchos de ellos pertenecen a una nueva generación y opinan que esta nostalgia por el pasado es anacrónica, que lo de hoy es más moderno y los quejosos se están adaptando mal a los nuevos tiempos.

Pero las cosas no parecen limitarse al ámbito regional, al equipo Santos Laguna en sí, sino a toda la Liga MX, que podría estar pasando por uno de sus periodos más mediocres, lo que de paso se refleja en la selección nacional.

Alejandro Irarragorri, a quien empecinadamente los medios locales quieren ver como el verdadero dueño del equipo, cuando no lo es, no goza de la mejor fama dentro del medio futbolístico nacional. La principal crítica es que se trata de una persona interesada mucho más en los negocios que en el futbol como tal, y el Santos Laguna es un negocio, donde, si es necesario, hay que sacrificar lo futbolístico para hacer dinero.

Su última declaración polémica es que él no ve los partidos de la selección nacional: no tiene tiempo para ello. Más bien no le interesan, pues tiempo debe de tener.

¿Y cuáles son las quejas de quienes dicen que las cosas eran mejores allá en la primera década del siglo, o sea hace 15 años o hasta un poco más?

Lo primero es que el equipo ha perdido identidad. La idea es que el Santos de las últimas temporadas se percibe edulcorado, es decir, sin personalidad propia. Da menos espectáculo y, en consecuencia, emociona menos. 

Lo segundo es que el equipo ya no tiene figuras emblemáticas. El único jugador, por cierto lagunero, que podría consolidarse como una figura es Carlos Acevedo, el guardameta, y esto mientras no sea vendido a otro equipo ahora que se ha cotizado.

Si queremos usar un término tradicional, el asunto es que no hay figuras que, por su calidad y carisma, se conviertan en ídolos. Ya no hay un Borgetti, un “Pony” Ruiz, un Vuosso, un Adomaitis, por citar sólo algunos de ellos. El último en apariencia fue el “Chucho” Benítez.

Lo tercero (que es discutible, pero finalmente es un punto de vista de muchos aficionados) es que el nuevo estadio nunca ha tenido el ambiente que tenía el viejo e incómodo estadio Corona. Será pinto o colorado, pero el caso es que desde que hubo cambio de estadio hubo cambio de ambiente.

Otro asunto, este indiscutido, es que la transmisión de los partidos dejó la televisión abierta y gratuita para pasar a televisión de paga y a horarios muchas veces más incómodos. Anteriormente se jugaba el domingo a las cuatro de la tarde. Se decía que eso era salvaje en la temporada de calor, que es la mayor parte del año en La Laguna, pero nunca nadie, que se sepa, sufrió un golpe de calor o algo parecido.

La otra queja son los precios. Es un hecho que ahora es más caro asistir al estadio, y eso les ha quitado la posibilidad a muchos aficionados, aunque el estadio sea bastante más grande. Mucha gente de escasos recursos económicos ya no pudo ir a los juegos, lo que debe influir en el ambiente y en la popularidad del equipo.

Puede que sea nostalgia, inclusive anacronismo, pero son muchos quienes opinan que las cosas han cambiado en el Saltos Laguna, y no precisamente para bien.

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