Tal vez el público no tiene la culpa. La 42 Muestra Nacional de Teatro en Torreón

Tal vez el público no tiene la culpa. La 42 Muestra Nacional de Teatro en Torreón

Por: Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

Escribo esto un día después de clausurada la 42 Muestra Nacional de Teatro que se llevó a cabo en Torreón, a pesar de que se suponía que sería coahuilense. No me estoy quejando, que Saltillo no haya recibido obras de teatro en esta ocasión es un acto de justicia que festejo como un pequeño triunfo.

En fin, el asunto es que recibimos en esta ciudad la fiesta teatral más importante del país y creo que salimos con saldo a favor. Afirmo esto con cierta temeridad porque apenas pude ver un fragmento de la gigantesca cantidad de opciones que se dio en teatros y otros foros durante diez días. Qué más hubiera querido que tener todo el tiempo para pasarlo de butaca en butaca y de foro en foro. Por un lado, mi vida laboral y doméstica se interpusieron en mis ganas de ver todas las obras y asistir a cuanta presentación o conferencias hubo. Por otro, mi trabajo principal dentro de la Muestra fue ayudar a coordinar a mis alumnos de Artes Escénicas de la UAdeC como voluntarios en la organización.

Más que estar dentro de las entrañas de la Muestra, sostuve el hilo de Ariadna para mis alumnas y alumnos desde afuera. Sí, algunos no se adentraron demasiado en la gruta y otros hasta soltaron el hilo. Durante diez días esperé afuera a que volvieran de su aventura teatral. Este trabajo también se interpuso un poco en mis posibilidades de dejarme llevar por la ola de teatro que nos inundó la ciudad.

Lo que alcancé a ver me dejó claro algunos asuntos respecto al teatro que se hace en la región. Por un lado, se puede interpretar que la Muestra es algo así como una invasión centralista a las distintas sedes en las que llega. No es mentira, pero no es sólo eso. De hecho, creo que dentro de todo lo que pude observar, es lo menos importante. No encuentro otra forma de organizar algo tan grande como la Muestra. Ni tampoco imagino a la limitada Secretaría de Cultura de Coahuila dirigiendo nada parecido. Una cosa es medio armar una feria del libro rascuache y otra mover a más de 20 compañías teatrales y más de 30 puestas en escena. Además de la Feria del Libro Teatral.

Luego de entender todo esto, me queda claro que esa invasión chilanga es necesaria para que la Muestra exista. Por otro lado, el arribo de distintas compañías teatrales de casi todo el país a nuestros teatros puso en evidencia lo que ya sabemos: el teatro que se hace en México va más allá de Xalapa, Veracruz y la Ciudad de México. Es innegable que son las dos ciudades donde más y mejores obras escénicas se montan, pero encontré que el arte teatral que se hace en otros lugares es más que aceptable e incluso se puede poner al tú por tú con la punta de lanza del país. Como siempre, el problema son los presupuestos. Por fortuna, menos es más y es posible hacer teatro de calidad con poco dinero.

Otro asunto que me parece interesante es el hecho de que las obras de teatro tuvieron público. Tengo entendido que ninguna se quedó sin espectadores. Y las que puede ver tuvieron lleno o casi lleno total. Después pienso que la queja: “es que no hay público y no hay apoyos” se convierte en un simple lloriqueo.

Claro que existen atenuantes: la muestra tiene su propio público, todas las personas que se dedican a algo dentro de la industria teatral y estaban de visita en la ciudad. También existe el hecho de que es una gran ola de puestas en escena que permite al público elegir entre múltiples opciones. Y, sin duda, la gratuidad de las funciones.

Pero, más allá de que pienso que deberían cobrarse las entradas aunque sea de forma simbólica, en esta MNT se ha demostrado que existe un público y que el lagunero está más que dispuesto a ir al teatro.

¿Qué es lo que pasa entonces? Pues tal vez la calidad de las obras locales son tan bajas que nadie quiere ir a ver a otros hacer el ridículo. Tal vez es momento de ser verdaderamente autocrítico y no montar obras porque sí y estrenar porque sí y subir al escenario a personas que todavía no tienen las habilidades suficientes.

Tal vez es momento de profesionalizar el teatro y aceptar que esto tiene implicaciones muy específicas: por ejemplo, pagarles mejor a todas las personas involucradas. Pero, también, me parece que es momento de que los artistas de la región dejen de esperar dádivas y comiencen a trabajar concienzudamente en convertir el arte en una forma de vida. Sé que es posible porque ya lo he visto antes. Ahí están de ejemplo la compañía de Torreón que alcanzó un lugar en la Muestra. No fue porque les dieron palmaditas en la cabeza, fue porque se pusieron a trabajar y entregaron una obra pulida.

La Muestra, entonces, vino a poner en su lugar muchas ideas que pululaban en la región y, sobre todo, dejó claro cuáles son nuestras carencias y también nuestras fortalezas. Más allá de criticar con amargura el paso de la invasión chilanga teatrera, creo que es momento de corregir el rumbo del teatro en nuestra ciudad y pensar que es posible construir un teatro más interesante, comercializable, complejo y que profundice en los valores que tenemos mientras se trabaja en las deficiencias.

Es momento, pues, de crear un artista escénico integral. Una persona que, además de vivir de esto, pueda construir una obra de arte perdurable, una forma de trascender a través del escenario.

Si después de estos diez días que vivimos seguimos igual, entonces nos merecemos el teatro que hemos creado y recibido durante tanto tiempo.

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