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Diez años aquí

Cultura / Cultura Principal / 4 marzo, 2024

Por: Daniel Herrera

Diez años escribiendo sobre lo que me apasiona. Diez años de libertad creativa para abordar lo que se me antoje. Algunas columnas fueron malas, no hay manera de evitarlo, pero creo que, revisando mi archivo, puedo decir que la balanza se inclina hacia cierta calidad que siempre intento sostener.

Este año cumplo diez colaborando para la Revista de Coahuila. No lo sabía hasta que hace poco revisé una sección de mi librero y encontré el primer número de febrero del 2014 donde apareció mi primera colaboración. 

Me gusta la estabilidad y también mantenerme leal a quien me trata con cortesía y deferencia. Lo sé, eso no parece muy típico de un escritor. El asunto es que pienso que la vida diaria ya es bastante caótica y que la desgracia me podría alcanzar en cualquier momento. Por eso mismo, aquello que puedo tener bajo control prefiero mantenerlo seguro y ordenado. 

En la Revista de Coahuila siempre se ha respetado mis opiniones y se me ha tratado con gentileza y gratitud. Yo correspondo, por supuesto, escribiendo las mejores columnas que puedo crear mensualmente. He podido hacer y deshacer sobre temas y tendencias a mi gusto. Me han permitido escribir sobre casi cualquier cosa que esté relacionada con la cultura y el arte. Cada opinión que he externado en estas páginas ha sido respaldada por la publicación. 

Eso me parece suficiente para mantenerme leal. 

El mejor ejemplo que prueba lo anterior fue cuando toqué, apenas con un pétalo de rosa, a cierto teatro que se hace en la región. La furia por mis palabras creció hasta puntos absurdos y estúpidos. Muy rápido se me etiquetó en FB en conversaciones llenas de insultos y desprecio a mi persona. Debo decir que me divertí bastante.

Un par de días después recibí un mensaje. El editor de la revista me aseguró que me apoyaban y que estaban de acuerdo con todas y cada una de las palabras que había publicado. No esperaba menos y no me defraudaron.

En estas páginas he escrito mucho sobre música. Quizá la disciplina artística que más amo. Una y otra vez he regresado a ella. Sobre todo he abordado el rock, pero los demás géneros no se quedan atrás: jazz, pop, cumbia y hasta reguetón, si no me falla la memoria. La música es una de mis amigas más cercanas y me acompaña a todos lados. He demostrado mi amor hacia ella dejando un río de palabras para describir lo que me significa una canción o un álbum. He hablado de discos nuevos y viejos, de todo tipo de bandas, desde las viejas glorias hasta las jovencísimas que apenas comienzan a destacar. He revisado la historia de grupos, de canciones, de sonidos. Para mí escribir sobre música es otra forma más de interactuar con ella al mismo tiempo de compartirla con los demás.

También he escrito sobre literatura. Mi otro gran tema. Columnas y columnas sobre escritores y sus obras. Pocas novedades, pero muchos libros consagrados. Me he enfocado en los autores que me gustan y casi nada en aquellos que me desagradan. En este ámbito mi vena crítica está apagada. Esto tiene que ver por la forma en que leo libros. Tengo la firme creencia de que nada nos obliga a terminar un libro que no gusta, que no atrapa.

Si la lectura me desagrada, la dejo. A veces es porque no es el momento de leer determinado libro, a veces porque de plano me parece malísimo. Como no acabo los libros defectuosos, entonces no puedo hacer ninguna crítica. Es más sencillo escuchar discos desagradables o ver malas películas, pero con los libros me es imposible. 

Para escribir sobre defectos o errores tengo otro tema: la televisión. 

Me he extendido sobre series de televisión, tanto los aciertos como sus errores. He revisado desde comedias hasta series. He pasado horas viendo programas que amo o detesto y luego he vertido mis ideas en estas páginas. A diferencia de muchos intelectuales, para mí la televisión es uno de los más grandes inventos de la humanidad. Incluso la pongo por delante de la red y todo este mundo digital. Para mí, la TV es un lugar cómodo y seguro, un espacio que me permite regodearme en la superficialidad más divertida o en películas que exploran las profundidades humanas. Nada como la TV para sentir compañía.

He escrito también sobre artes plásticas. Pintura y escultura, principalmente. Amo la pintura como lo hace un fracasado que ya pasó por terapia. Entiendo que jamás seré pintor, pero eso no me ha alejado de apreciarla como crítico. Desde una perspectiva histórica he estudiado y enseñado sobre la historia del arte. La pintura, más que la escultura y la arquitectura, se ha convertido en mi obsesión. Algo tiene ese fenómeno, esa gran mentira que me hipnotiza. Me parece que es la testigo del paso del humano por el mundo. Un testigo que parece mudo pero que en realidad nos habla con otro lenguaje. La pintura me permite comprender los alcances del arte y me ha ayudado a entender al ser humano. Más aún, la pintura me pone en contacto con emociones propias que no sabía que tenía. A veces ni siquiera puedo explicarlo con claridad.

Finalmente, he abordado la relación del arte con la vida diaria. Las dificultades de los artistas para ganarse la vida. Los distintos vasos comunicantes entre arte y educación o arte y entretenimiento. Los desafíos de los artistas ante la avasalladora tecnología o el mercado, que están empeñados en desaparecernos pero jamás podrán lograrlo.

Diez años escribiendo sobre lo que me apasiona. Diez años de libertad creativa para abordar lo que se me antoje. Algunas columnas fueron malas, no hay manera de evitarlo, pero creo que, revisando mi archivo, puedo decir que la balanza se inclina hacia cierta calidad que siempre intento sostener. Creo que varias de ellas podrían formar un libro, un librito en donde aparezca mi opinión sobre el arte y todo lo que vibra alrededor. Un día de estos. 

Muchas gracias a la Revista de Coahuila y, sobre todo, a los lectores quienes dedican unos minutos de su vida a leerme. De verdad que les estoy muy agradecido.

Vamos por otros diez años.

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Redacción




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