Baile postpunk: Sextile en Torreón

Baile postpunk: Sextile en Torreón

Por: Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero
twitter: @puratolvanera

Tenía estas palabras atravesadas desde hace tiempo. Más o menos desde el siete de junio, justo un día después de ver a Sextile en Ojo de Tigre. El único bar de verdad alternativo se rifó al conseguir que la banda de Los Angeles pisara esta ciudad tan poco atractiva para el punk, el postpunk y en general casi cualquier sonido cercano a la vanguardia.

No estoy diciendo que los escenarios de esta ciudad no han recibido nunca este tipo de música, lo que afirmo es que el público que asistimos a este tipo de conciertos siempre somos minoritarios.

Me quejo, pero por otro lado he tenido la fortuna de escuchar desde música de cámara pasando por rock, punk, metal y hasta jazz poco convencional y que existe fuera del mainstream. Tampoco estoy aquí comparando Torreón con otras ciudades. Entiendo bien que la capital, Guadalajara y Monterrey son las ciudades que se llevan los tres primeros lugares en cuanto a conciertos.

Ni siquiera deseo hacer comparaciones entre ciudades medianas. Por ejemplo, no hay forma de que nuestra ciudad pueda siquiera alcanzar a Tijuana y su variedad musical. Para nada. Sólo quiero decir que me parece muy extraño, casi extraordinario, que esta ciudad, tan adicta a la música popular para bailar y a los ritmos de moda, pueda recibir, de vez en vez, grupos y músicos grandes del under o de géneros más complejos.

Fue así que el seis de junio, tomamos varias cervezas en una cantina que se encuentra a un par de cuadras de Ojo de Tigre, lugar en donde estaba tocando un dueto de teclado y voz un montón de cumbias que pusieron a bailar a los respetables parroquianos con las meseras. Después de beber hasta sentirnos ligeramente borrachos, nos apersonamos en el bar de punk y hiphop. El precio por la entrada me pareció ridículo, sobre todo cuando terminó el concierto. No podía creer que un show de esa categoría, con música tan hipnotizante y casi dos horas de baile hubieran costado tan poco.

Días antes del concierto había escuchado un poco del grupo en la red. Me gustó, no al grado de sentir una obsesión, pero sí me llenó el oído. Esperaba que Sextile me hiciera moverme un poco y nada más. Pero jamás las grabaciones retratan con total veracidad a ningún grupo. A veces son una copia pálida de lo que los músicos hacen de verdad en vivo.

Cuando la banda subió al pequeño escenario y apenas comenzaron a tocar, los sonidos del grupo me golpearon en pleno rostro. No me tomó mucho tiempo caer rendido. Pronto ya estaba brincando y bailando al ritmo postpunk/darkwave/nowave/goth/punk/synth rock y lo que quieran agregarle de Sextile.

¿Saben lo que es tener más de cuarenta años y bailar y brincar y gritar durante dos horas? ¿Saben lo que es saberse el más viejo en el lugar en que uno está y aun así no detenerse? ¿Saben lo que es ser un señor en un bar de jóvenes y de todas formas pelear por estar al pendiente de lo que se está haciendo en la actualidad, por un espacio frente al escenario? A pesar de todo eso, creo firmemente en que si no estoy ahí, por lo menos de vez en cuando, escuchando las propuestas musicales de los más jóvenes, entonces me puedo convertir en un viejo rancio que sólo puede voltear al pasado.

Es por eso que llevo varias columnas al hilo revisando la música que se hace en este momento. Parte de abrir el oído a grupos como Sextile proviene de negarme a vivir del pasado. Aunque amo los noventas, la música no se ha quedado estancada en esa década. Estoy convencido de que quienes afirman, otra vez, que el rock ha muerto es porque sólo pueden escuchar lo que se hizo hace más de 20 años.

El asunto, para mí, es abrirse a sonidos que el postpunk viene explorando desde hace tiempo. Este género permite la incorporación de música diferente, siempre utilizando la tradición para proyectarse hacia el aquí y ahora. Sextile hizo eso frente a un pequeño pero entregado público.

La alineación de dos mujeres y dos hombres produce tanto sonido como le es posible utilizando samplers y efectos previamente grabados. Esto no los convierte en ningún tipo de karaoke, nada más lejano. Lo que hacen es aprovechar las tecnologías actuales para crear música. Brady Keehn y Melissa Scaduto dirigen el grupo. Este dúo fundacional se complementa con la guitarra y teclado de Cameron Michel y la batería de Lia Simone Braswell. La batería ni siquiera está completa, no es necesaria. Lo que hace Sextile con tan poco contradice lo que casi siempre se ve en los bares de esta ciudad: mucho equipo para tocar las mismas canciones de siempre. En cambio, Sextile llegó con frescura a explicarnos que la música no es la mayor cantidad de notas tocadas en la menor cantidad de segundos. Sus canciones, que se basan en un par de acordes al estilo punk, nos abofetearon con más creatividad que aquellos músicos virtuosos de YouTube que siempre hacen lo mismo una y otra vez hasta el aburrimiento.

Al final, mientras chorreaba sudor y recuperaba el aliento, seguí fascinado ante lo que habíamos visto. Un show de la más alta calidad en nuestra ciudad, este lugar siempre caliente en medio del desierto que parece incapaz de entender al arte que se aleja del estándar. Y a pesar de todo, aquí seguimos, un puñado de personas esperando el siguiente concierto que no sea de los mismos grupos que vienen por lo menos una vez todos los años.

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