El paraíso es un sueño. A 80 años del nacimiento de Sam Shepard

El paraíso es un sueño. A 80 años del nacimiento de Sam Shepard

Por: Daniel Herrera

En el 2023 Shepard habría cumplido 80 años. Voy tarde, pero no quería dejar pasar más tiempo sin darle este sencillo y humilde homenaje a uno de los autores más importantes de la literatura contemporánea.

 Siempre se debe desconfiar de quienes se creen personajes del Renacimiento y deciden dedicarse a todo lo que les alcance con sus manitas de artista. Lo más común es que los resultados que pueden entregar, sin importar cuántas áreas del conocimiento humano quieren dominar, sean mediocres. Cada día es más complicado ser un humano renacentista, en el sentido de estudiar y practicar muchas actividades. La especialización se ha vuelto una celosa amiga que no acepta distracciones. También en el arte, combinar distintas disciplinas suele ser garantía de malos resultados. Si el artista dice que escribe y canta y toca el ukelele y baila y actúa y dirige y además pinta, procuro no asistir a nada que presente, estrene, muestre o exprese. Alguien que se dispersa entre tantas actividades no tiene tiempo de reflexionar lo que está creando ni de pulir los resultados. Juegan al arte como si tuvieran plastilina y canicas.

Pero, como siempre, aparecen algunos que sí logran combinar en una sola persona múltiples habilidades para expresar sus pensamientos y emociones a través de distintos lenguajes.

No son legión, más bien suelen ser una aguja en un pajar. Y cuando se les descubre, la admiración a su trabajo se inflama con cada entrega que hacen.

Sam Shepard cumplió con creces con esta característica. No sólo fue narrador, también escribió poesía, teatro y guiones de cine. Además, se dedicó a la actuación y fue director de teatro y de cine. No conforme con eso, también fue compositor, baterista y vaquero.

Sólo faltó que supiera bailar y pintar.

Además de lo anterior, destacaba en todo lo que creaba. Por ejemplo, fue el guionista de la película Paris, Texas de Wim Wenderes. Actuó en múltiples películas, aunque, se debe decir, algunas de ellas algo desafortunadas. También dirigió dos películas y escribió más de 60 obras.

Pero de todo eso, lo que nos ocupa aquí son tres libros de relatos que publicó en vida.

Crónicas de motel, Cruzando el paraíso y El gran sueño del paraíso, son libros que nos permiten descubrir el material que Shepard utilizaba para sus obras y guiones. En esos relatos encontramos condensados las obsesiones y los paisajes que más le gustaban al autor estadounidense.

En Crónicas de motel hallamos una serie de pequeños cuadros sobre la existencia solitaria de distintos tipos de personajes. Fue con este libro que Shepard se convirtió en uno de mis autores favoritos. Lo recuerdo con claridad, fue después de leer un fragmento sobre su padre y cómo es que vive solo en el desierto que quedé deslumbrado. A partir de ahí, Shepard me tenía en el bolsillo. En Crónicas de motel se respira la tierra del desierto, el sol asesino y esa sensación de pequeñez ante el infinito que sólo se puede experimentar en las llanuras desérticas. El libro, una combinación de diario, relatos y poemas, es sosegado y melancólico. Sus temas son los caballos, el desierto y la soledad. Es una obra profundamente humana y conmovedora.

Por su parte, Cruzando el paraíso es un libro de relatos bellísimo. La niñez, la fama, la traición y hasta el jazz pasan por la mirada de Shepard. La frontera sur de Estados Unidos como un lugar especial, invadido de blancos que no comprenden la cultura mexicana. Un sitio que no existe en ningún otro lugar del planeta. El amor, el dolor, la angustia y la pasión aparecen una y otra vez en distintos relatos. Las interrupciones de monólogos que permiten hacer pausas entre relatos nos demuestran por qué Shepard ganó el Pulitzer más de una vez.

Finalmente, El gran sueño del paraíso consta de 18 relatos irónicos sin carcajada, de realismo sin suciedad y de melancolía sin depresión. El mejor, sin duda, es el que le da título al libro. Dos ancianos que viven juntos, pero no son pareja, tienen una rutina clara que incluye un largo caminar hasta el Denny’s de la autopista. Su única diversión era ir a desayunar para admirar la belleza de la mesera. Claro, la traición era algo que tenía que suceder en los relatos de Shepard. Uno de los dos ancianos cruza una línea prohibida tácitamente.

Se podría decir que El gran sueño del paraíso es una continuación de Cruzando el paraíso. Publicados con una distancia de cinco años, los dos tienen las mismas estructuras y se internan en temas similares. Quizá la diferencia principal es que en El gran sueño del paraíso hay más relatos que monólogos. Más allá de eso, la obra de Shepard me parece concisa, concentrada y con la misma calidad en cada libro.

Hay más libros de Shepard: Hawk Moon, que tiene la misma estructura de los libros aquí descritos, pero que jamás he podido conseguir. Y, por supuesto, Rolling Thunder, un diario que Shepard llevó mientras se fue de gira con Bob Dylan en el 75. Que no incluí aquí porque en realidad es otro asunto, una alucinación genial, un happening literario, algo similar a la gira en la que participó en ese año.

En el 2023 Shepard habría cumplido 80 años. Voy tarde, pero no quería dejar pasar más tiempo sin darle este sencillo y humilde homenaje a uno de los autores más importantes de la literatura contemporánea. Un hombre renacentista que exploró todas las aristas del arte, alguien que tenía tanta creatividad que no pudo volcarla sólo en una disciplina, sino que usó todo lo que estaba a la mano para comunicar la forma en que veía el mundo.

Larga vida a Shepard, uno de nuestros padres y guías.

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