Hacen falta en La Laguna críticos de arte

Hacen falta en La Laguna críticos de arte

Por: Álvaro González

Tenemos un gremio de pintores, sí, ¿Pero quiénes son desde una evaluación crítica de su obra, qué trayectoria tienen y qué valor podría tener su obra a futuro?

He observado a varios pintores locales esforzarse por meses, en muchas ocasiones bajo una presión tremenda, para presentar una exposición de su obra, además de todo ese esfuerzo gastan en materiales y le tienen que robar tiempo a otras actividades, para que todo concluya en la noche de la inauguración, a la cual acuden los familiares, los conocidos y unos pocos admiradores del arte de la pintura, pero el resto del tiempo que dura la exposición, que suele ser un mes, la galería o museo permanecen desiertos y esto lo afirmo después de observar los libros de visitas.

Ordinariamente la promoción de la inauguración de la exposición se hace ahora por redes sociales y, solo de manera ocasional, en algún medio masivo de comunicación que tenga interés por temas de carácter cultural, lo que es cada vez menos frecuente.

En la noche de la exposición suelen venderse muy pocas de las obras, si es que se vende, porque puede resultar que no se venda nada, y es que aunque no se sea un experto en pintura, pero si un aficionado entusiasta, se necesita dinero y la gente con dinero solo acude a ciertos eventos culturales, pero, en términos generales, nuestra clase alta desgraciadamente no luce precisamente por su nivel cultural, además hay de fondo un problema muy importante: nadie le pone ambiente al medio de las artes, es decir, no tenemos críticos de arte que, además de saber, tengas espacios para difundir su opinión.

No conozco a ningún medio que publique crítica de arte, lo que parece indispensable, pues esto permitiría animar el medio e incentivar un mercado que está deprimidísimo o es casi inexistente.

Y me refiero a la pintura, porque en la ciudad hay varios talleres de enseñanza, donde los aprendices son en su mayoría mujeres de clase media y alta y tenemos, de una forma u otra, un gremio de pintores, pero la mayoría de ellos no viven de la pintura, y eso es algo muy lamentable.

También habría que ponerse en la situación de una persona a quien le gusta la pintura y dispone de alguna cantidad de dinero para comprar ¿Qué criterios tiene para realizar una compra? ¿En qué se basa al momento de tomar la decisión y cómo sabe si está gastando bien su dinero o lo está desperdiciando?

Tenemos un gremio de pintores, sí, ¿Pero quiénes son desde una evaluación crítica de su obra, qué trayectoria tienen y qué valor podría tener su obra a futuro?

Si vamos al hotel Marriot en Torreón, podemos observar que están permanentemente expuestas obras del pintor Rafael Aguirre, un paisajista que tiene muchos años de trayectoria, pero ofrece un cuadro, que en apariencia es sobre la Peña de Bernal, en formato grande, en un precio de 320 mil pesos. Para gastar 320 mil pesos en una pintura se requiere ser un conocedor o tener la asesoría de un experto, más tomando en cuenta que el mercado del arte de la pintura se rige por criterios muy especiales, que van desde el verdadero virtuosismo del artista hasta una mercadotecnia de lo más caprichosa.

Y voy a poner un ejemplo más, hace cosa de 40 años, después de una comida en un restaurante de la Zona Rosa de la ciudad de México, un pintor que era amigo, desgraciadamente ya fallecido, nos acompañó a dar un paseo que nos llevó por pura curiosidad a la galería Arvíl; entramos y dimos un recorrido, entonces se acercó uno de los dueños y nos dijo, palabras más, palabras menos, “Este pintor es de su tierra, de Coahuila, se llama Julio Galán, la va a ser en grande y ahorita está empezando, tengo varias obras de él, yo les recomiendo esta”, y nos mostró un cuadro grande, donde aparecía Julio Galán niño-niña con un osito de peluche. No me gustó, pero mi amigo el pintor me insistió: ¡Cómpralo, piérdele el amor a 7 mil pesos, te conviene!

Abreviando, lo compré en dos pagos y dos años después, al irme de Saltillo, lo vendí, con dificultad, en los mismos 7 mil pesos. Seguía sin gustarme, pero ese cuadro vale hoy cientos de miles de pesos y yo, por supuesto, cometí una tontería de la que me arrepiento; yo, que los tenía a la mano, desoí la opinión de dos expertos y me costó, hoy no hay ningún experto disponible que nos diga si un cuadro de Rafael Aguirre vale 320 mil pesos.

Miedo a la crítica

Hace 32 años, platicando con Gilberto Prado Galán, quien lamentablemente falleció de manera temprana hace unos meses, acordamos publicar una sección cultural en Revista de Coahuila, él como coordinador de la misma.

Además del propósito de la difusión de la literatura y otras artes, llegamos a la conclusión que a un medio cultural le son indispensables los críticos; alguien que evalué, con conocimiento a fondo, lo que se estaba haciendo en literatura, teatro y pintura, principalmente.

De entrada, Gilberto Prado se resistía, bajo el argumento de que a nadie le gusta la crítica y edición tras edición, nos íbamos a llenar de enemigos ¿Pero por qué enemigos? Le decía yo, sin crítica todo se va a volver complacencias, y vamos a tener siempre una revoltura confusa de mediocridades, de chatarra, con gente que realmente tiene talento y está ofreciendo una obra que, por lo menos, es honesta, y en muchos casos puede ser valiosa y nadie habla de ella.

Se decidió y por un tiempo, dos o tres años, no más, tuvimos esa sección cultural. Ciertamente debimos de haber comprado al menos una docena de enemistades, pero aquello era muy ameno. Con el paso de los años, Gilberto Prado, cuando ya era una persona más conocida en el medio de la cultura, borró de su currículo el paso por Revista de Coahuila, como muchos otros. Cosas de la vida.

Pero el argumento me parece que sigue siendo válido: a la región le hacen falta críticos de arte, tal vez le urgen, que sacudan el medio. Y, como es obligado, ya sea que en ocasiones se excedan o sean implacables, parece indispensable que alguien de una referencia sobre quién y qué vale la pena, que generen polémica, conversación, opinión, para evitar caer en la apatía y el aburrimiento en que hemos caído, lo que lleva a la indiferencia y al empobrecimiento del mercado del arte, ya de por sí muy limitado en una ciudad mediana y de las características de la nuestra.

Sobre todo en los nuevos sectores de la ciudad, no hay casa de clase media o alta donde no haya uno, dos, tres cuadros de pintura, pero la mayoría de ellos son litografías, simples copias en tela de cuadros comerciales, comprados en las tiendas departamentales, bajo el criterio de que decoren la casa y vayan con los colores de la pared, de la sala o los muebles en general. Los compran porque son rojos, verdes o azules o porque les gustan. No son tan baratos y, con un poco más de inversión, podrían comprar una obra original de un pintor local.

En el caso de la clase alta puede suceder lo mismo, o bien son pinturas originales, pero compradas en otras ciudades del país o del extranjero las cuales, ahí sí, pueden haberles costado una cantidad fuerte de dinero.

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