Los libros caros y el hábito de la lectura en proceso de extinción

Los libros caros y el hábito de la lectura en proceso de extinción

Por: Álvaro González

México ocupa el lugar número 24 entre los países que más leen, pues en promedio cada mexicano dedica 5.5 horas a la lectura semanalmente

¿La lectura de libros de papel está en proceso de extinción? Los optimistas, que parecen cada vez ser menos, opinan que eso es imposible; que estamos en un periodo difícil, pero el libro de papel como lo conocemos jamás desaparecerá. Los pesimistas tienen serias dudas sobre el futuro del libro a mediano y largo plazo.

En nuestra sociedad el hábito de la lectura, fuera de los libros escolares, ha sido muy pobre, en un mercado dominado por las editoriales españolas.

Los datos que aporta el INEGI, que es casi la única fuente de información que tenemos disponible sobre el tema, pueden tener una interpretación contradictoria o bien difusa. De acuerdo al último censo, en promedio los mexicanos leemos 3.4 libros por año, en lo que es una tendencia descendente, pero esto significaría que se lee en promedio un poco más de un libro cada tres meses, lo que es ya poquísimo.

¿Pero específicamente qué tipo de libros se leen? De acuerdo a la información proporcionada por algunas de las más importantes cadenas de librerías, los libros más vendidos son de autoayuda, política y literatura juvenil. Por autoayuda se entienden todos esos libros que abordan temas motivacionales, temas psicológicos sobre relaciones de pareja, consejos para tener éxito en la vida, los negocios, el amor y todo lo imaginable. Libros como los de Gaby Vargas, Cesar lozano, Jorge Bucay, entre muchísimos otros autores.

De política tenemos muchos autores, la mayoría de ellos periodistas que aprovechan los temas polémicos de mayor actualidad. Algunos lo hacen con un indispensable rigor metodológico, muchos otros con ligereza, sin mayor sustentación que su propia opinión, la cual puede no ser muy sobresaliente.

En el caso de los libros denominados de literatura juvenil, en su mayoría se trata de autores norteamericanos o de habla inglesa en general, que están muy relacionados con el medio cinematográfico. Libros como la serie de Crepúsculo, Harry Potter, El señor de los Anillos y cosas parecidas.

En opinión de la agencia NOP “Culture Score Índex”, México ocupa el lugar número 24 entre los países que más leen, pues en promedio cada mexicano dedica 5.5 horas a la lectura semanalmente, el problema es qué tipo de lectura, pues lo mismo puede ser un periódico, una revista, un blog o cualquier sitio de internet, no disponemos de datos precisos actualizados al respeto.

Uno de los datos más duros que tenemos es el de la industrial editorial del país, que reportó en 2018 ventas totales por 133 millones de libros, las cuales cayeron hasta 99 millones de libros en el 2022, en apariencia como efecto de la pandemia, pero no se especifica si entre esos libros van los escolares.

Aunque parece leerse muy poco y la venta de libros ha descendido por la pandemia del Covid-19 y estaba tratando de recuperar al menos sus niveles anteriores a la pandemia, sigue sosteniéndose el fenómeno histórico de que La Biblia es el libro más vendido y más leído, por lo menos en México.

Si tomamos en cuenta que tenemos un censo de población que ronda los 130 millones de habitantes, son muy pocos libros, lo que nos pone en el predicamento de descifrar el dato del INEGI de que se leen 3.4 libros al año en promedio por habitante.

Una información relevante es que de 2016 al 2023, la lectura de libros en formato digital creció de un 7.3% hasta un 21%, lo que se aceleró durante el periodo de la pandemia.

LIBROS CAROS Y UN MAL SERVICIO

Los tirajes de los libros se han vuelto un misterio, pues las editoriales han eliminado de los pies de imprenta ese dato, indicando únicamente si se trata de la primera o de sucesivas ediciones, pero en información proporcionada por gente del medio editorial, los tirajes han descendido muchísimo, inclusive el término de “Best Seller” es un término muy relativo, en término del número de ejemplares vendidos, pues solo algunas pocas editoriales difunden cifras al respecto.

Si nos situamos en una ciudad concreta como Torreón, una ciudad que en 2020 registró un censo de 720,848 habitantes, tenemos que existen, en forma, únicamente 4 librerías, sin consideramos Gonvill, Gandhi, Sanborns y la de Cimaco Cuatro Caminos, aunque existen por ahí pequeños establecimientos, pero con inventarios mínimos.

En las librerías ‘grandes’ los inventarios son muy limitados, enfocándose a lo más comercial e inclusive en libros considerados novedades tienen dos o tres piezas, que se agotan y tardan mucho en ser resurtidas, por lo que hay que recurrir a solicitarlos por pedido, pero no son pocas las ocasiones que no los hay en existencia en toda la cadena, que es el caso de Gonvill y Gandhi.

La librería ubicada en el último piso de Cimaco Cuatro Caminos tiene un inventario sumamente pobre y un servicio de atención malísimo. Existe un solo empleado, que muchas veces no está en el lugar y desconoce por completo el tema editorial.

Sanborns, que cerró hace un tiempo su sucursal Independencia, es más una revistería que una librería. Ofrece un inventario limitado, casi todo enfocado a los libros que resultan más comerciales y lo que hay es lo que está a la vista, no hay sistema de pedido.

Hay otra librería especializada en temas religiosos, denominada Buena Prensa, la cual es una cadena nacional que maneja una orden religiosa católica, su inventario es también modesto, aunque maneja mejores precios para quien esté interesado en este tipo de temas. Maneja algunas editoriales españolas, como la BAC, que, en términos de impresión, son una obra de arte, por su calidad: pastas duras, forradas en tela, empastados por cuadernillos cosidos, goma y tela, listón separador integrado, impresión impecable en papel de tan solo 40 gramos, entintado del borde, sobre forro impreso. Una belleza desde el punto de vista del arte de la impresión; libros para durar siglos, literalmente.

El problema más importante de las librerías comerciales no es solo lo pobre de los inventarios, sino también el costo de los libros, que se han encarecido cada vez más. Un libro de editoriales españolas como Alfaguara -casi todas son ya españolas- con 450 páginas, en papel cultural, encuadernado sencillo, es decir de goma, y pasta flexible en papel couche de 300 gramos, tiene un costo promedio de 500 pesos, hay que pagar de contado o con tarjeta y nunca hay facilidades de pago o promociones, de ningún tipo. Su mercadotecnia es, en términos generales, muy deficiente. No importa, por citar un ejemplo, la cantidad que se compre, nunca hay descuentos. Los separadores, que anteriormente eran una especie de cortesía o publicidad ahora también se venden o no se dan.

Un libro de arte, con pasta dura, encuadernado en tela y goma, en papel couche brillante, con abundantes ilustraciones impresas en color y formatos grandes, es ya un lujo que solo se pueden permitir algunas personas de cierto nivel de ingresos.

Para colmo, editoriales como el Fondo de Cultura Económica, FCE, que anteriormente tenía una sucursal junto al teatro Isauro Martínez, ha cerrado, pero aunque se mantuviera abierta, la editorial gubernamental está ahora en manos de Paco Ignacio Taibo II, un radical de izquierda impresentable que ha eliminado no solo lo que es contrario a su ideología, sino lo que, a su juicio, es ‘un lujo que no le interesa al pueblo’. Era una excelente opción para adquirir obras de grandes autores nacionales e internacionales en disciplinas como economía, historia, literatura. Eran libros hechos en toda forma, de colección y a precios sumamente accesibles.

LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS

Si no hay para comprar un libro, la otra opción es acudir a una biblioteca pública, y estas también son pocas y están muy lejos de ser todo lo grandes, cómodas y bien equipadas que se deseara. El gasto público que se les destina es mínimo, casi simbólico.

Tenemos la biblioteca municipal José María de Letona, en la Alameda Zaragoza; las dos bibliotecas chicas en los centros culturales José R. Mijares y Pablo C. Moreno, el archivo municipal, y nada más. Todas se ubican en el sector centro de la ciudad.

Lo demás son las bibliotecas de las universidades públicas y privadas, entre las que destaca la de la Universidad Iberoamericana que, por su ubicación, es de difícil acceso. Lo mismo sucede con la biblioteca de la Unidad Torreón de la UAdeC. Las demás bibliotecas universitarias son pequeñas y con inventarios muy pobres, casi todas orientadas a cubrir, de forma muy limitada, las materias escolares.

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