La guerra perdida: la irrupción de las IA en el arte

La guerra perdida: la irrupción de las IA en el arte

Por: Daniel Herrera

La noticia ha pasado desapercibida porque realmente no levanta tanto escándalo como otros asuntos de la misma característica, por ejemplo, la huelga de escritores y actores en Hollywood o la primera novela escrita por una inteligencia artificial. Entre toda la información que la red nos entrega a diario, apareció este dato. La IA llamada Mubert, que se dedica a crear música al alimentarla con datos, ha generado 100 millones de tracks. Para hacer una comparación, Mubert ha “inventado” tanta música como el catálogo completo de Spotify. 

Qué gran época para estar vivos, pensarían algunos. Tendré que disentir, a riesgo de que me califiquen, una vez más, como un señor que ya debe sentarse. Para mí, este surgimiento de la inteligencia artificial es una de las más grandes desgracias que nos ha traído la digitalización del mundo. Eso y el spam en todos lados. 

Pero debo explicarme. Más allá de quienes van a perder su trabajo gracias a las IA, pienso que la generación (porque esto no es una creación en sí) de tracks (o de textos, o de videos) va a inundar el mundo de basura digital más que sustituir a los creadores. 

Al parecer el humano no puede llegar a ningún lado sin producir basura. Desde el espacio exterior hasta el fondo del mar.  El mundo digital se ha convertido en un vertedero de malas ideas. 

Pero tal vez, antes de continuar, debo explicar cómo funciona Mubert o cualquier IA generadora de audio. 

Mubert, específicamente, trabaja de la siguiente manera. El usuario puede utilizarla sin necesidad de pagar nada. Introduce el tipo de música que desea. Por ejemplo: “mafia de Nueva York”. Unos segundos después, la IA entrega música lista para descargarse y que puede utilizarse sin romper ningún derecho de autor. 

El uso de la IA es tan masivo (incluso tuve que usarla un par de veces para esta columna) que la generación de tracks llegó a las enormidades que cito arriba. Pienso que esta inteligencia les ha quitado el trabajo a algunas personas: por ejemplo, los productores de música de fondo para páginas de internet. O tal vez alguien que se dedicaba a hacer la música de espera por teléfono.

Evitar el pago de derechos debe ser una de las muy pocas ventajas que puedo encontrar en este tipo de IA. Fuera de eso, no puedo ver cómo las computadoras podrían crear algo que pueda competir con la emoción y la mente humana. 

Después de explorar la página, llegué a una conclusión obvia: la música creada por Mubert es aburrida, repetitiva, sin alteraciones y no transmite nada. Falta ese pensamiento humano, un interés sincero por explicar un mundo interior. Al final, estamos ante un montón de basura clasificada y encerrada en pequeños cubos descargables. Escucho eso y pienso en Wall-e y el trabajo eterno y aburrido del robot protagonista. 

Si en el futuro no veo a las IA sustituyendo la creación humana, entonces, ¿qué me preocupa? Lo mismo que pienso respecto el ChatGPT y similares. La pereza humana y la ausencia de pensamiento crítico han recibido un espaldarazo por culpa de estas invenciones. 

Ya no es necesario aprender a redactar de forma clara y sencilla. Ya no es necesario entender una película o conocer los conceptos básicos de la música. El esfuerzo natural por comprender el mundo y analizarlo comienza a descansar en inteligencias artificiales que evitan cualquier molestia. 

Me podrán decir que estas apps también pueden entregar datos que provienen de una perspectiva crítica. El asunto es que sucede lo mismo que con Spotify. Lo primero que producen y comparten es lo que proviene directamente de la masificación.

Los datos que entregan las IA no tienen un paradigma crítico, sino uno adaptado a las necesidades de producción que la sociedad actual exige. 

El camino de las IA es justo el contrario al pensamiento humano. Son prácticos e inmediatos, no mueven al pensamiento ni permiten la reflexión.

Las IA no salen a caminar ni piensan con tranquilidad. El razonamiento y la creatividad humana requieren de ese tipo de actividades. Son estructuras que no buscan ganar dinero ni una recompensa inmediata. El pensamiento creativo es lento y su avance no es lineal. Lo paradójico es que fue ese tipo de reflexión lenta y minuciosa la que nos puso en camino de las IA. El sueño, que incluía maquinas que hicieran las actividades menos atractivas como lavar el baño o poner botones en un pantalón, se convirtió en pesadilla.

De pronto, aquellos que amamos la creatividad y el arte estamos frente a un enemigo imparable. Hemos perdido. La única forma de ganar es acabando con el sistema económico, político y social completo. 

No hay forma de ganarle. Podemos reírnos de sus contenidos y conformarnos con pensar que el ser humano seguirá escribiendo y dibujando y haciendo música. Pero las inteligencias han llegado para quedarse y todo será más complicado y un poco más imbécil.

Lo que se viene es una sociedad no sólo enajenada con las pantallas y el entretenimiento, sino que además se esforzará poco por pensar, escribir y, por lo tanto, reflexionar con claridad. 

La guerra está perdida. Sigamos creando a pesar de todo.

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