Calderón inventó la frase ‘AMLO, un hombre llamado venganza’

Calderón inventó la frase ‘AMLO, un hombre llamado venganza’

Por: Marcela Valles

Felipe Calderón tiene una deuda con este país; será señalado por el dedo flamígero de la historia por haber cometido semejante perversidad, no hay perdón posible. Y no se trata de haber tenido un gobierno con un índice muy alto de homicidios dolosos, porque el actual gobierno lo superará con casi el doble, convirtiéndose en el sexenio más violento de la historia moderna de México. Tampoco se trata de haberse dedicado a “empinar el codo” con tanto entusiasmo y no atender de manera más exitosa algunos problemas del país. No, Calderón tiene como principal deuda el haber inventado al presidente de la república más rencoroso y vengativo que hallamos conocido los mexicanos, desde el periodo postrevolucionario para acá.

Él parece el autor de esta mala película titulada: “AMLO, un hombre llamado venganza”. Al haberle ganado la elección de 2006 lo envenenó de tal manera que en apariencia sólo siguió viviendo para cobrar venganza, pero no se la cobra a él, personalmente, porque todo indica que no puede, sino a todo aquel que se cruza en su camino y tiene la osadía de desafiarlo, ya sea de manera real o en su imaginario tocado por el resentimiento.

Y es que AMLO parece un ánima en pena que no encuentra descanso, en busca no de quien, según él, se la hizo, sino de quien se la pague. 

Todos pensaron que una vez alcanzado el poder, que es lo que había buscado toda su vida, el espíritu se le aquietaría y su corazón enfermo encontraría reposo y satisfacción. ¿Qué más podía querer que estar sentado en el sillón presidencial?

Todo lo contrario: comenzó a utilizar el poder como instrumento de venganza y se volvió un adjetivo andante, con una capacidad inagotable para el insulto, la burla, el vituperio. Pero la cosa no para en su desahogo verbal, que es un torrente, sino que con frecuencia pasa a la acción, sin importarle investidura, formas, ni leyes. Su delirio es coleccionar enemigos personales, que él convierte en enemigos de la patria, del pueblo, de la historia de bronce, del cristianismo, de la fraternidad universal, de lo que sea, menos de su evidente rencor personal.

SEA HOMBRE O MUJER, VIVO O MUERTO

Cuando se inventa un enemigo y la emprende contra él, lo trata de destruir, pero con todo y la institución que dirige o representa. Su arma más mortífera es mandar que le hurguen a ver si tiene algún antecedente de corrupción, para exhibirlo, denostarlo y quitárselo de en medio.

Se toma enemigos como los exconsejeros del INE, Lorenzo Córdoba y Ciro Murayama, a quienes manda investigar, pero como no encuentra nada, se lanza con furia contra el INE, el mismo que hizo posible su llegada al poder, y se dedica a maquinar cómo destruirlo. ¿Los acuso de corruptos? ¿Los acuso de despilfarro y les quito el presupuesto? ¿Invento una reforma y los desaparezco? ¿Los mato de hambre? ¿Y si mejor les hago de todo?

E intenta todo lo que elucubra, pero como el rencor nubla el entendimiento y tampoco anda sobrado de ese don, sus lances suelen ser muy primarios y fracasa en ellos, pero insiste, una y otra vez, sin cansancio, pues el rencoroso es por necesidad obsesivo.

Al siguiente año intenta controlar el poder judicial, para completar la trilogía del autócrata, pero en sus maniobras las cosas salen mal y, como nunca falta alguien que meta la cuchara y eche a perder la sopa, llega la ministra Norma Piña, quien es independiente y no está bajo su control, algo que es intolerable.

Una mujer de trabajo, que hizo su carrera a base de esfuerzo y de méritos profesionales, Norma Piña resiste a los “buscadores de la corrupción”, y entonces ingresa a la galería más selecta de los enemigos del rencoroso presidente.

La ministra muestra que tiene el carácter bien puesto y comienza a hacer valer el papel del Poder Judicial, que puede ser letal para el desorden y la chabacanería de un gobierno que se la ha pasado pisando la ley.

Ahora tenemos dos problemas: el rencor y el machismo. ¿Cómo una mujer que él no impuso y que no es su florero le va a venir a enmendar la plana? Eso es algo insoportable, y entonces surge de nuevo la cavilación: ¿Los acuso de corruptos? ¿Invento una reforma y los destruyo? ¿Les quito el presupuesto y los mato de hambre? ¿Les busco alguna historia oscura, lodosa, que la deben de tener?

Sus lacayos sufren: no encuentran por dónde atacar. Llegan al glorioso descubrimiento de que la ministra contrató a un funcionario que estuvo relacionado con un corrupto. ¡Denúncienlo! ¡Exhiban esa asquerosa contratación! Muy ridículo el recurso para detener a una Presidenta de la Suprema Corte que les puede apretar aún más la soga ejerciendo las funciones del tercer poder de la república.

¡Que los maten de hambre! Ordena que en el próximo presupuesto para 2024 le retire hasta 25 mil millones de pesos al poder judicial, no faltaba más, que se jodan, y que se joda la impartición de justicia, que de por sí anda cojeando permanentemente. ¡Para qué queremos fortalecer un Estado de derecho; no me vengan con que la ley es la ley!

Mientras su creación destruye instituciones y se va contra cualquier mono creyendo que es de trapo, Felipe Calderón se sirve el siguiente tequila doble y lo deja correr por su paladar, saboreando el líquido ardoroso, quemante. Ya no tiene prisa alguna, ni urgencia por llegar a ningún lugar, lo que le sobra es tiempo, tiempo para la nostalgia, pues el arrepentimiento no lo conoce.

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