Miguel Riquelme, el don del carácter

Miguel Riquelme, el don del carácter

Por: Álvaro González

Se graduó como ingeniero en sistemas computacionales en el Tecnológico de La Laguna. No era un alumno brillante, pero cumplía en una carrera que no es fácil. Al mismo tiempo trabajaba en el negocio familiar de venta de comestibles, principalmente aceites, como el segundo hijo de una familia de clase media a secas que obtenía lo necesario para vivir, pero no más.

En algún momento de sus años veinte, le entró la punzada de la política y comenzó a trabajar dentro del PRI, sobre todo en los procesos electorales, algo en lo que se iría convirtiendo en un experto.

De estatura mediana, de cuerpo corpulento, cabellera abundante y un rostro de rasgos que proyectaban una imagen dura, inclusive intimidante, era un muchacho dedicado al trabajo y con el gusto por la operación electoral, de aficiones simples, porque además su economía de esos años no le daba para lujo alguno, pero tenía tres características que a la larga le convertirían en un político exitoso: una formación de trabajo, un sentido de disciplina y un carácter fuerte, por momentos rocoso.

Se casa relativamente temprano con una muchacha de su medio, Blanca Marcela Gorgón, y comienza a habitar una casa en un fraccionamiento popular de lo que entones era la parte norte de la ciudad. Él mismo refiere que las habitaciones eran tan pequeñas que con frecuencia se tropezaba con la cama, pero en su medio todo mundo comenzaba de esa manera, y se adaptaba a ella.

Después de “talachar” varios años en todo tipo de procesos electorales, logra integrarse a una camarilla política en el gobierno de Enrique Martínez y Martínez, en el cual trabaja dentro del área de la Secretaría de Gobierno.

Le llega también la primera gran oportunidad de ser electo para un cargo público, en este caso el de diputado local por un distrito de Torreón.

En esos años había que cumplir el ritual de pasar revista con uno de los caciques políticos del PRI en La Laguna, una familia que dominó parte de la vida pública regional por décadas. Miguel Riquelme se apersonó con el cacique, por cierto ya fallecido, y educadamente le manifestó que estaba buscando la diputación local, pero el cacique era caprichoso y crudo en su lenguaje y sus preferencias, así que le dijo, sin más, “usted no va a ser; usted va a perder”, palabras más, palabras menos. Y lo dicho, perdió en la que era la primera elección de su vida.

Ahí aprendió Miguel Riquelme que la política era dura, e inclusive podía ser cruel, pero se aferró y echó por delante el carácter, no tenía otra alternativa.

En el 2005 la política lo volvió a poner a prueba cuando la disputa por la candidatura a la gubernatura se calentó. Humberto Moreira, que entonces era un joven político carismático, exalcalde exitoso de Saltillo y con una gran presencia pública, se encontró la oposición de Raúl Sifuentes Guerrero, quien era el Secretario de Gobierno y estaba dispuesto a todo para tratar de obtener la candidatura.

El grupo de jóvenes políticos laguneros, del cual formaba parte Miguel Riquelme, tuvieron que escoger entre una aventura o continuar con sus carreras políticas, que estaban apenas despegando. Casi todos optaron por seguir adelante.

De este trance Miguel Riquelme parece haber aprendido la experiencia de no emprender una contienda política si no se tienen bases para ello; es decir, recibió una lección de pragmatismo, que es uno de los componentes esenciales de eso que llamamos política; la política como el arte de lo posible, no de lo idealmente deseable.

UNA CARRERA AL ÉXITO

De esta primera parte de su carrera, que va de los 20 a los 35 años, Miguel Riquelme pareció sacar en claro sus posibilidades y limitaciones. Dinero no tenía más que para irla pasando, no para invertir en política. Su presencia física no era atractiva y no tenía el carisma o encanto de otros políticos (como el de un Humberto Moreira, hoy sumido en la desgracia y el rechazo colectivo), pero se había convertido ya en un político profesional: pragmático, disciplinado, laborioso y con la ambición de llegar hasta donde fuera posible. Entonces el ser alcalde de Torreón o inclusive gobernador no aparecía siquiera en su imaginario.

Lo primero que llegó, en la elección de 2005, fue una candidatura a diputado local y esta vez ya no dependía del capricho de un cacique veleidoso. Fue así diputado local de enero de 2006 a diciembre de 2008, cuando el Congreso del Estado se componía de 35 diputados, no como hoy, que es sólo de 25.

Terminado este cargo, recibió la oportunidad de ser candidato a diputado federal, lo que era ya un cargo de mayor relevancia, que ocupó de septiembre de 2009 al 30 de noviembre de 2011, justo en la segunda mitad que representó el descarrilamiento y la crisis del gobierno de Humberto Moreira y el derrumbe escandaloso de este personaje, a nivel estatal y nacional.

Ya mucho más calificado, Rubén Moreira, un personaje de carácter difícil y por aquellos días luchando contra un cáncer, gana de forma abrumadora la elección para gobernador e invita a Miguel Riquelme a su equipo, designándolo Secretario de Gobierno, cargo que ocupa de diciembre de 2011 a febrero de 2013.

Vendría una nueva lección y otra experiencia inédita. El estado estaba sumido en una ola de violencia terrible, después de estar dominado, literalmente, por el cartel más salvaje de todos los que operaban en México: Los Zetas.

En una pelea cainita, que muchos tardaron en asimilar como algo real, los hermanos Humberto y Rubén se enfrentan, después de que el crimen organizado mata al hijo mayor de Humberto Moreira, y Rubén se dispone a pacificar el estado, empleando la mano dura y corriendo fuertes riesgos personales.

Enfrentar a los cárteles del crimen implica inclusive el sacrificar la proximidad y la convivencia con la familia, además de exponerla a una represalia, más contra criminales profesionales que no conocían límite alguno; que ya habían asesinado inclusive a un gobernador electo en Tamaulipas.

Ese periodo crítico que va de finales de 2011 a principios de 2013 es clave en la seguridad de Coahuila, y le tocó a Miguel Riquelme vivirlo como Secretario de Gobierno. Ahí aprendió recursos que le serían de suma utilidad en los años venideros.

LA PRESIDENCIA MUNICIPAL

En 2013 le llegaría a Miguel Riquelme la primera gran oportunidad inesperada de su vida política: ser candidato a la presidencial municipal de Torreón, su municipio natal. Y la ganaría de una forma casi sorprendente, aun para él mismo, experto en procesos electorales.

Al cerrar las urnas el día de la elección todo era incertidumbre; la votación era cerradísima. Unas horas después Riquelme Solís habló a Saltillo con el gobernador y comunicó la noticia que todo indicaba que la votación no era favorable, con los datos que se tenían a esas horas.

El gobernador Rubén Moreira estaba hecho una furia: Frontera, Monclova, Saltillo y ahora Torreón, todos los municipios más importantes perdidos a manos de los panistas.

Pero la noche aún no había concluido y las cosas tomarían otro rumbo.

Ya entrada la noche llegaron los resultados de la zona rural más alejada de Torreón: el Cañón de Jimulco, pero además se completaron los datos de cuatro pequeños partidos con los cuales el PRI había hecho alianza: PVEM, PRC, Partido Joven y Partido Nueva Alianza.

Por unos cuantos miles de votos la elección se revertía a favor de Miguel Riquelme Solís. Ya entrada la noche éste volvió a tomar el teléfono y se comunicó nuevamente a Saltillo, la noticia fue un festejo para el agobiado Rubén Moreira.

Jesús de León Tello impugnó los resultados y hubo revisión de la votación, pero el PRI y sus pequeños aliados habían ganado la contienda.

Durante la campaña, el panismo local, en su mayoría de clase media y alta, había sido particularmente duro con la figura de Miguel Riquelme, a quien habían tachado de ser “un porro de los Moreira”, de ser una persona físicamente fea y de muchos otros calificativos muy desagradables.

Ya instalado como alcalde, Miguel Riquelme aplicó sus cualidades de trabajo y sus relaciones para lograr un desempeño destacado, pero aún así el panismo no cedía y se resistió siempre a aceptarlo, no así amplios sectores del municipio. Dejó un legado importante en obra y en seguridad pública, pero a un suplente, Jorge Luis Morán, con quien, habrá que decirlo, se equivocó.

FINALMENTE GOBERNADOR

En el 2017 el PRI se encontraba en una situación muy difícil, como nunca; el PAN tenía todas las posibilidades de ganar la gubernatura. El único político posicionado para la candidatura priista era Miguel Riquelme y él fue designado. Era el segundo cargo que jamás había imaginado en su carrera política.

La historia de la elección de 2013 se repitió: la contienda fue cerradísima, entre Miguel Riquelme y Guillermo Anaya del PAN. Fueron cinco meses de litigios ante el INE y ante el TPJF, en que un mes parecía que ganaba uno y al siguiente mes parecía que ganaba el otro, pero finalmente se confirmó la victoria del PRI.

Miguel Riquelme se convierte así en el primer gobernador lagunero después de más de cinco décadas, y gran parte de la clase política lo veía con cierto recelo. El primer gran peso que tuvo que cargar era la propaganda del panismo, que insistía en que era “una prolongación del moreirato”, con lo cual se pretendía que cargara con todo el desprestigio y la mala fama de los hermanos Humberto y Rubén Moreira.

Lo primero que hizo Miguel Riquelme fue concertar con todos los grupos políticos y no comprar pleitos ajenos. Haciendo valer su condición de político-consorte, Rubén Moreira se fue a la ciudad de México, donde ha estado al cobijo de su esposa, Carolina Viggiano Austria, Secretaría General del CEN del PRI y fracasada candidata a la gubernatura de Hidalgo.

Gracias a esta relación, el nombre de los Moreira ha seguido en la prensa nacional, pero el gobierno estatal de Coahuila había ya cambiado de manos, con el mismo partido, sí, pero en manos distintas.

El primer asunto de importancia estratégica que tuvo que enfrentar Miguel Riquelme fue el blindar Coahuila para impedir la invasión de la delincuencia organizada, que lo asediaban por dos frentes: el primero desde Durango, que está en manos del Cártel de Sinaloa, y el segundo, mucho más agresivo, el Cártel del Noreste, una derivación de los Zetas que habían sido expulsados en los años anteriores.

Ha sido un asedio constante, permanente, que ha tenido momentos graves, como la invasión masiva al municipio de Villa Unión, en el norte del estado. Riquelme Solís ha tenido que seguir una política de mano muy dura y afrontar todos los riesgos, lo que ha permitido que Coahuila se convierta en uno de los cinco estados más seguros del país, lo que ha acarreado altos beneficios en el desarrollo económico.

Al cierre de este sexenio, de acuerdo al IMCO, Instituto Mexicano de Competitividad, Coahuila está ubicado como el tercer estado más competitivo del país, junto con Nuevo León, que, valga la redundancia, tiene una muy alta competitividad con Coahuila.

Saltillo, la capital, es la tercera ciudad en indicadores de calidad de vida y percepción de seguridad por parte de sus habitantes, mientras que la frontera de Coahuila, en sus dos zonas urbanas y la parte rural, está considerada como la frontera más segura y menos violenta del país.

Coahuila se ha convertido así en uno de los grandes impulsores de la industrialización en México y está en los primeros lugares de exportaciones de manufactura de alta gama, específicamente automotriz.

Nada es gratuito. Ante el asedio y las políticas centralistas del nuevo gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador, que recortó todos los fondos adicionales a los estados de la federación, se empeñó en una política sanitaria que provocaría una gran sobremortalidad en el país por el COVID-19 y la eliminación de fideicomisos, entre otras medidas, en 2020 Miguel Riquelme Solís, junto con los entonces gobernadores de Nuevo León y Tamaulipas, Jaime Rodríguez y Francisco Cabeza de Vaca, crearon la llamada Alianza Federalista, por medio de la cual exigían, principalmente, mayores recursos para el sector salud y la revisión del pacto fiscal.

Esta Alianza Federalista condenaba la obsolescencia y pasividad de la CONAGO, además de plantear que sólo una alianza fuerte de gobernadores podía negociar en términos duros con el gobierno federal.

A los tres primeros se sumaron otros siete: Martín Orozco (PAN), Aguascalientes; Javier Corral (PAN), Chihuahua; Enrique Alfaro (MC), Jalisco; Silvano Aureoles (PRD), Michoacán; Ignacio Peralta (PRI), Colima; Diego Sinhue Rodríguez (PAN), Guanajuato, y José Rosas Aispuro (PAN), Durango.

Esta alianza era una buena alternativa y un importante contrapeso, pero lamentablemente la mayoría de los gobernadores del PRI no apoyaron y tres del PAN se plegaron a López Obrador. Sin embargo, la Alianza logró anular a una CONAGO obsoleta.

De este grupo, Miguel Riquelme se había preparado política y electoralmente para no ceder nada a Morena, el nuevo partido oficial, al que derrotó en las sucesivas elecciones de 2020, 2021 y 2023, en esta última de forma aplastante.

De los diez gobiernos que conformaran la Alianza Federalista, cinco han vuelto a quedar en manos de partidos de oposición, tres pasaron al control de Morena y dos siguen en funciones (Guanajuato y Jalisco) y tendrán elecciones en 2024.

El factor central en el proceso electoral de 2023 fue Miguel Riquelme Solís, quien ha cerrado así un gobierno exitoso, pese a todas las limitaciones, retos y problemas que se han tenido que enfrentar.

Miguel Riquelme ratifica así todo el valor que tiene el don del carácter cuando se le cultiva de una forma inteligente.

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