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Cambios políticos en la UAdeC

Coahuila / 4 marzo, 2024

Por. Álvaro González

Octavio Pimentel ha tenido que iniciar su periodo rectoral con lo que él mismo llama “operación cicatriz”, es decir debe de convencer a quienes no votaron por él que realizará cambios, pero, al menos por ahora, no está bien definido qué tipo de cambios concretos, tanto en el manejo general de la universidad como en cada una de las escuelas y facultades.

En el pasado proceso de elección de rector de la UAdeC se dieron una serie de acontecimientos que, aún vistos superficialmente, son indicios claros de que existen cambios políticos importantes al interior y al exterior de la máxima casa de estudios, una institución que enfrenta problemas estructurales irresueltos, algunos de los cuales se agravaron durante el periodo rectoral de Salvador Hernández Vélez.

Ha sido un proceso que difiere, en mucho, de los anteriores e indica que el periodo rectoral de Octavio Pimentel deberá ser, necesariamente, un periodo de cambios, tal vez algunos de ellos inéditos.

Después de un periodo sumamente turbulento, atroz, la UAdeC encuentra la estabilidad con el rectorado de Remigio Valdez Gámez (1988-1994), pero vuelve a tener contratiempos con Alejandro Dávila Flores, un rector autócrata, prepotente y con problema de orden personal, quien duró en el cargo solo un periodo, de 1994 a 1997.

Le sigue José María Fraustro Siller (1997-2001), actual presidente municipal de Saltillo, con quien se establece el acomodo político e institucional que conservaba, hasta 2018, la universidad, con el denominado grupo de “los chemas”, que comprende ocho periodos de rectorado, ejercidos por cuatro rectores, seis años cada uno de ellos.

Fraustro Siller estableció una política interna que está o estaba regida sobre “la paz a cualquier precio”, que se caracterizó por una serie de canonjías a grupos y familias políticas, al sindicato de maestros y empleados administrativos y a una relación en la cual lo académico se vincula a la política partidista, sin que en apariencia hubiera mayores problemas, como lo demuestra la propia trayectoria de Fraustro Siller, quien brinca del ámbito educativo al político.

Este acomodo trae un periodo largo de estabilidad, pero esa política de “la paz a cualquier costo” comenzó a salir cada vez más cara.

Ya el periodo de Mario Alberto Ochoa Rivera (2007-2013) está marcado por la corrupción y por los excesos personales del propio rector, quien al término de su periodo es congelado políticamente y hasta la fecha permanece en el retiro.

Salvador Hernández Vélez rompe con la continuidad del grupo de “los chemas” y, obligadamente por su trayectoria, es un político priista, antes que un académico, sin una trayectoria relevante al interior de la universidad, algo que sí tenían sus antecesores, de tal manera que su manejo como rector es, en lo básico, el de un político, pero a quien le toca el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y toda una serie de cambios, entre ellos una crisis financiera sin precedentes.

Tensiones que indican cambios

La elección que recién ha transcurrido, como se mencionó anteriormente, tuvo una serie de cambios que no se pueden pasar por alto y podrían inducir decisiones importantes.

Había originalmente hasta 10 aspirantes a la rectoría, pero en un acuerdo oficial, fueron “bajados” hasta nueve, para colocar a Octavio Pimentel, sobrino del Secretario General de Gobierno, Oscar Pimentel González. 

Aquello fue una negociación a puerta cerrada, se desconoce si con todos los aspirantes; solo con una parte de ellos y con quienes controlan políticamente las unidades o parte de ellas, pero los hechos muestran que la negociación entró muy forzada y provocó tensiones entre las camarillas y grupos de poder al interior, pero también dio pie al surgimiento de manifestaciones de protestas estudiantiles, que fueron en apariencia pequeñas en número, pero está el hecho de que en la votación total emitida, 24 mil 369 (69.08%) estuvieron a favor de Jesús Octavio Pimentel Martínez, pero 10 mil 627 votaron por la realización de nuevas elecciones (30.13%), además de que 7 mil 561 se abstuvieron de votar. Un total de 18 mil 188 no le dieron su voto al nuevo rector, algo que no había sucedido y que ha encendido señales de alerta.

¿Cuánta de la protesta es espontánea y cuánta fue inducida por quienes aspiran al poder en la universidad? Es difícil diferenciarlo, pero muestra, de una u otra manera, efervescencia interna.

Los argumentos públicos de los inconformes se refieren a la injerencia gubernamental, al hecho de tener un solo candidato y no abrir el proceso democrático y al rechazo de la persona del ahora rector, Jesús Octavio Pimentel Martínez, quien sí tiene trayectoria universitaria y solo una brevísima participación en cargos gubernamentales.

Si se le ve por unidades, en la Unidad Saltillo, donde inclusive el coordinador de la unidad presentó su renuncia como protesta, de un total de 16 mil 183 votos emitidos, 9 mil 736 lo hizo por Pimentel Martínez 60.16%) y 6 mil 286 votaron por la repetición de elecciones (38.84%). Saltillo es la unidad más numerosa de la universidad.

En la Unidad Torreón, de un total de 13 mil 214 votos, 10 mil 271 (77.73%) votó por Pimentel Martínez, mientras que 2 mil 864 lo hizo por repetición de la elección (21.6%), casi la mitad que en Saltillo, pero habría que considerar que en la mayoría de las facultades grandes de la Unidad Torreón el control político es, literalmente, mafioso.

En la Unidad Norte, mucho más chica, de un total de 5 mil 874 votos, 4 mil 362 fueron para Pimentel Martínez, contra 1 mil 477 (25.14%) que fueron por una nueva elección.

Octavio Pimentel ha tenido que iniciar su periodo rectoral con lo que él mismo llama “operación cicatriz”, es decir debe de convencer a quienes no votaron por él que realizará cambios, pero, al menos por ahora, no está bien definido qué tipo de cambios concretos, tanto en el manejo general de la universidad como en cada una de las escuelas y facultades.

En las primeras semanas se ha plantado frente a la rectoría un grupo de protesta, que exigió mesas de negociación, pero se trata de un grupo muy reducido, no de una representación de ese 30% de los votantes que no lo hicieron por Octavio Pimentel. De ninguna forma está descartado el hecho que los aspirantes a la rectoría que fueron desplazados tengan la mano metida.

En principio la protesta tiende a manifestarse por una mayor democracia al interior de la universidad, lo que en principio no está nada mal, pero debe ser un cambio ordenado, responsable, pues de otro modo lo que se generará será desorden.

En vísperas del inicio de un proceso electoral tan importante, se deberá tener mucho cuidado en no abrir la puerta a una desestabilización en la universidad. 

Llama la atención que los inconformes no se refieren a asuntos académicos, sino más bien políticos, cuando la academia es lo más importante tratándose de una universidad.

De fondo, todo indica que no se manejó de una manera más adecuada el proceso electoral para el cambio de rector. Era de esperarse que por lo tiempos que corren, una parte importante del estudiantado esté más atenta a los cambios políticos y en contra del esquema tradicional que se ha estado manejando en la UAdeC que, como lo hemos mencionado en la edición anterior de Revista de Coahuila, requiere de una reforma a fondo: académica, económica y política.

De entrada a Octavio Pimentel Martínez le ha tocado iniciar un periodo nuevo en la UAdeC; un periodo de cambios, lo que es bueno y hasta indispensable para la institución.

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Redacción




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