Guacamaya Leaks, apenas comienza

Guacamaya Leaks, apenas comienza

Por: Álvaro González

Es un misterio quiénes son responsables por Guacamaya Leaks, quiénes hackearon millones de documentos, videos y archivos a la Secretaría de la Defensa Nacional, SEDENA. También es un misterio qué contienen dichos archivos (se llevaron prácticamente todo) y, lo más delicado, cómo es que van a emplear esa enorme cantidad de información.

Andrés Manuel López Obrador, cuestionado al respecto, trató de restarle importancia al hecho, que es considerado como muy grave en términos de seguridad nacional, pero fue más allá: respaldó al secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, en cuanto a no comparecer ante el Congreso para dar una explicación sobre lo sucedido y las medidas que se tomarán al respecto.

Profesionales de la informática han señalado que es imposible extraer cinco terabites de memoria sin haber tenido alguna forma de colaboración interna de parte de los encargados de informática de la SEDENA.

Procesar esa gigantesca cantidad de información llevará meses, pero ya se han realizado algunas filtraciones, muy pocas, y éstas, quiérase o no, han comenzado a tener repercusión en la opinión pública.

Para comenzar, filtraron el expediente médico del presidente, revelando que no tiene un problema de salud, sino varios, y uno de ellos muy delicado que pone en riesgo permanente su vida. Es, en consecuencia, un hombre disminuido físicamente y con padecimientos que pueden alterar también su comportamiento.

Posteriormente han filtrado la agenda de trabajo del ejecutivo, en la cual aparece que el hombre que dirige el país trabaja de cinco de la mañana a diez y media de la mañana, y el resto del día lo habitual es que tenga la agenda en blanco, para destinarla a descansar, a atender problemas médicos y no se sabe a qué más, pero no al trabajo.

Esto fue otra información que repercute en la imagen presidencial, pues deja ver a un presidente de medio tiempo, cuya actividad principal es preparar y presentar las mañaneras, que son una especie de reality donde lo mismo proporciona información, que ataca a “los enemigos de la transformación”, hace chistes, pone canciones, etcétera. En resumen, gobierna por medio de estas mañaneras, lo que es, por lo menos, algo inquietante para cualquier persona que tenga una visión de un gobernante como un muy alto ejecutivo, con una agenda saturada por todo el día.

Proporcionalmente, ésta es información mínima. El dilema es qué asuntos delicados y de alta prioridad hay entre los millones de documentos que están en poder de Guacamaya Leaks, y qué intenciones tienen estas personas, sean quienes sean.

Parece evidente que no han filtrado sino algunos documentos para calentar un poco el ambiente político, pero estamos a finales de 2022 y vienen los últimos dos años del sexenio, en especial el 2024 y la sucesión presidencial.

Sólo el propio ejército sabe qué es lo que tiene en los archivos que fueron hackeados, pero se puede deducir que fue sustraído la mayor parte del trabajo de inteligencia que posee el ejército sobre todo el narcotráfico en México, pero además todas las actividades de inteligencia que realiza en este sexenio por encargo del presidente, y las que realizó por encargo de presidentes anteriores, como Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, además de todo el trabajo de inteligencia que realiza por iniciativa propia.

LA IMAGEN DEL EJÉRCITO Y LOS DEMÁS

Entre estos millones de documentos en poder de Guacamaya Leaks, están muchísimos asuntos internos del propio ejército, los cuales son por completo desconocidos para la sociedad en general, pues es la institución pública que se maneja con el mayor hermetismo, una estructura completamente cerrada al acceso de información para civiles.

El ejército goza de una muy buena imagen ante la sociedad mexicana, la cual ha cuidado por décadas, manejando internamente todos sus problemas, pues inclusive tiene un sistema de justicia propio. Si Guacamaya Leaks filtra información sobre cómo es realmente por dentro la institución militar, muchos asuntos no van a corresponder con esta buena imagen.

Pero al margen de asuntos internos que perjudiquen su imagen pública, está la información referente a la seguridad nacional, en la que destaca todo lo que el ejército sabe sobre el crimen organizado que viene operando en el país desde hace décadas.

Es algo sumamente delicado cuál será el uso de esta información. Aquí es tan delicado lo que sabe el ejército como lo que no sabe.

En algunas primeras filtraciones sobre capos y organizaciones criminales, algunos expertos norteamericanos en temas de seguridad manifestaron estar sorprendidos con la pobreza de algunas informaciones, o el bajo nivel de investigación que se refleja en las mismas.

Ya sea que la información de inteligencia criminal sea muy reveladora o sea pobre, esto le permitiría a los capos y a la gigantesca red de personajes relacionados al crimen organizado tomar decisiones para protegerse de cualquier acción en su contra, cuando ya están viviendo en un gobierno que les está ofreciendo el mejor de los mundos posibles al comportarse de manera omisa ante los grandes capos y las más poderosas organizaciones del crimen, tanto las de tipo nacional como las internacionales que también tienen injerencia en el país.

Hay otro problema: el ejército recibe órdenes del poder ejecutivo, en este caso directamente de la presidencia y a través de la PGR y de las Secretarías de Seguridad y Gobernación, lo que puede prestarse a una labor de investigación facciosa, por la cual muchos políticos y altos funcionarios de gobiernos de oposición pueden ser vinculados a posibles actividades criminales, a partir de deducciones analíticas que pueden ser intencionadas o sencillamente deficientes.

Esto también ha comenzado a reflejarse en algunas de las primeras filtraciones, sobre funcionarios del área judicial en algunos estados del país.

Siendo el ejército una organización estrictamente vertical y sujeta a mandos jerárquicos sumamente estrictos, es de esperarse que las actividades de los generales, y en general de los altos mandos castrenses, no sean incluidas en los documentos que almacena la SEDENA, pero los políticos y los empresarios, además de otro tipo de líderes sociales, sí pueden estar.

Aunque Andrés Manuel López Obrador se haya aventurado a afirmar que quienes estén detrás de Guacamaya Leaks, que presume son sus enemigos, han fracasado, porque, según él, todo es claro y transparente en su gobierno (una visión simplísima para tratar de disimular lo grave del asunto y el hecho de que no debió suceder), se trata de una falla extremadamente grave por parte del ejército, la cual debió de tener consecuencias drásticas.

De entrada no se tiene ni idea de quiénes son Guacamaya Leaks; si son gente que está dentro del país o se trata de extranjeros. Todo está en suspenso: si son civiles que forman parte de una organización internacional, con redes en varios países; si son expertos al servicio de algún gobierno o, al menos, están relacionados con instituciones de inteligencia de un país extranjero y, lo peor de todo, ¿con qué fines hicieron el hackeo y cómo piensan utilizar la información de que disponen, una vez que la hayan procesado?

Todo parece indicar que Guacamaya Leaks apenas ha comenzado y se desconoce por completo lo que pueda venir. El asunto es demasiado delicado, desde el ángulo que se le desee ver.

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