Los médicos del IMSS: saturación e ineficiencia

Los médicos del IMSS: saturación e ineficiencia

Por: Marcela Valles

La educación pública del país pasa por una crisis; la carrera de medicina no tiene razón alguna para ser la excepción. El nivel de formación de los nuevos médicos ha descendido, aunque existan importantes avances en la ciencia de la medicina a nivel internacional.

La formación del nivel de medicina en todas las especialidades y el internado que conllevan se da en las instituciones públicas, principalmente el IMSS. Si el IMSS pasa por un serio deterioro como institución, tampoco hay razón para establecer que la formación de los médicos de especialidad se está deteriorando notoriamente.

Dentro del IMSS dan servicios tres tipos de médicos: el nivel básico o médico familiar, que es el primer contacto del paciente para su atención médica; el nivel de especialistas, al cual se tiene acceso sólo si lo decide el médico familiar o hay situaciones de gran urgencias, debido a la escases de los mismos; el tercer nivel que juega un papel muy importante pero se le menciona poco: los llamados RI, R2…, que son estudiantes de especialidad que cursan sus estudios y realizan sus prácticas profesionales.

El primer problema es el de los médicos familiares o generales, con los cuales tiene el primer contacto todo paciente que acude al IMSS. Hace 60 años la mayoría de los médicos que ejercían eran médicos generales, pero en las décadas posteriores se comenzó a dar la especialización, lo que implica varios años más de estudio (al menos dos) y otro periodo de internado.

Hoy un estudiante de medicina busca como primera opción la especialidad, para lo cual tiene que realizar un examen de calificación y, dependiendo del puntaje, puede optar por una determinada especialidad, ya que cada especialidad exige un puntaje específico, a menos que el estudiante desee optar por la especialidad que prefiere aunque obtenga un puntaje alto.

Aunque no se menciona directamente como tal, un médico general es un médico de segunda dentro de la medicina moderna.

Se puede tratar de médicos que por limitaciones económicas, familiares o por falta de capacidad académica se quedan solo en el nivel llamado general. Aunque se les denominaba como cirujano-parteros, es algo muy raro que practiquen la cirugía, a menos que se trate de cirugías menores y no de especialidad.

Si la formación académica fue buena, un médico general puede atender los padecimientos generales de una persona y detectar cuándo se requiere la atención de un especialista, pero el problema es que el nivel profesional de una gran parte de los médicos generales es apenas regular y la gran mayoría de ellos son contratados por el IMSS.

MALOS DIAGNÓSTICOS, UN GRAVE PELIGRO

Como política, el IMSS indica a los médicos generales el no enviar al especialista a los pacientes, a menos que consideren que se trata, a su juicio, de algo de suma gravedad, por lo cual un pase de cita para ver un especialista se puede tardar tres y hasta seis meses, lo que es sumamente delicado en muchos padecimientos

El otro problema es de formación y de cierta actitud profesional. El médico general es un todólogo y se puede comportar como tal, aunque no tenga la capacidad clínica para ello, que es lo más frecuente.

Revista de Coahuila entrevistó a varios pacientes sobre su experiencia al ser atendidos por un médico general o familiar del IMSS y encontró varios casos delicados. Este es tan solo uno de ellos.

Si la formación académica fue buena, un médico general puede atender los padecimientos generales de una persona y detectar cuándo se requiere la atención de un especialista, pero el problema es que el nivel profesional de una gran parte de los médicos generales es apenas regular y la gran mayoría de ellos son contratados por el IMSS.

Ignacio, un hombre de 41 años, se presentó ante una médica general, la que le corresponde por asignación, de nombre Guadalupe Monsiváis.

El cuadro de Ignacio era de malestar general: dolor de piernas, nauseas, cansancio, dolor de cabeza, pérdida de peso pese a ser de constitución delgada.

El primer diagnóstico de la doctora Guadalupe es que padecía de ácido úrico y le dio medicamento, pero los malestares no cesaron; por el contrario, aumentaron.

Volvió nuevamente a cita, para lo cual tuvo que transcurrir casi un mes. En esta ocasión el diagnóstico fue de pancreatitis, que es un padecimiento grave, pero tal diagnóstico se desprendió de la referencia de Ignacio, quien le contó a la doctora que su padre había muerto de cáncer de páncreas a una edad mediana.

Le mandó a hacer los estudios correspondientes y lo medicó.

Ignacio sequia empeorando y comenzó a perder más peso, además se vio obligado a realizarse en forma privada los estudios sobre el perfil pancreático, debido al miedo que le suscitó el diagnóstico de la doctora. Los estudios resultaron negativos, no era ese su padecimiento.

Regresó nuevamente a consulta, pero ahora la doctora le diagnosticó tuberculosis, la enfermedad de la cual había muerto la madre de Ignacio a una edad muy temprana. Nuevamente estudios y medicamentos, además de tratamiento para la tuberculosis.

La reciente renuncia de Germán Martínez a la dirección nacional del IMSS y la carta de motivos que expuso, abordan, de manera directa, buena parte de la problemática que enfrentan las clínicas y hospitales del IMSS en todos sus niveles.

Ante la fecha que le daba el IMSS para realizarle los estudios, Ignacio recurrió nuevamente a los servicios privados, teniendo que realizar un nuevo gasto para encontrarse que no tenía tuberculosis.

Debido a sus malestares primero pidió un permiso en su trabajo, pero tuvo que solicitar la incapacidad, la cual le fue inicialmente negada hasta que intervino el jefe de urgencias y se le entregó, pero sus males empeoraban.

Volvió a acudir a consulta con la doctora Guadalupe Monsiváis, quien, incapaz de establecer un diagnóstico, llegó a la determinación de que Ignacio tenia VIH, enviándolo a epidemiología para que le practicaran las pruebas.

Sólo con ver su expediente, el epidemiólogo le indicó que definitivamente no tenía VIH, por lo que era necesario establecer otro tipo de diagnóstico.

Alarmado por su estado de salud, que se agravó cuando su presión arterial cayó hasta 30/60, lo que es peligroso, Ignacio acudió a un cardiólogo particular, quien le realizó una serie de estudios de inmediato, encontrando que Ignacio estaba sufriendo ya un cuadro de inmunodeficiencia, al bajar 10 kilogramos de peso en tan sólo 3 meses.

A partir del chequeo clínico y de los estudios realizados, el cardiólogo estableció que todo orientaba hacia un problema de hipotiroidismo, por lo cual le envió al endocrinólogo, quien, una vez realizado el estudio correspondiente, confirmó el diagnóstico.

Para llegar hasta ahí, Ignacio había gastado ya 30 mil pesos, cuando es un empleado que gana un sueldo bajo más comisiones por cobranza, que tampoco son muy altas.

El mismo endocrinólogo, quien también trabaja en el IMSS, le proporcionó una carta para que lo canalizaran con una especialista.

En este lapso de diagnósticos fallidos, Ignacio estuvo dos veces en urgencias del propio IMSS y, en ninguna de las dos ocasiones pudieron establecer lo que le sucedía. Ante las súbitas bajas de presión arterial sólo le prescribían algún paliativo y le daban de alta.

De no haber recurrido a la medicina privada, Ignacio podría inclusive haber muerto por un paro cardiaco o por consecuencia de su deteriorado estado de inmunodeficiencia.

Es evidente que la doctora Guadalupe Monsiváis, como muchos otros médicos generales o familiares, no está debidamente capacitada para el desempeño de su trabajo y quien la paga, poniendo en riesgo su vida y salud, son los pacientes.

LOS VICIOS QUE SE VEN

La reciente renuncia de Germán Martínez a la dirección nacional del IMSS y la carta de motivos que expuso, abordan, de manera directa, buena parte de la problemática que enfrentan las clínicas y hospitales del IMSS en todos sus niveles.

Hay una restricción de los recursos económicos, los cuales están siendo retenidos por la Secretaría de Hacienda justificándose en la “austeridad republicana”, cuando la situación ya era crítica en la institución.

Hay desabasto de muchos medicamentos; falta de suficientes especialistas, falta de equipamiento de las clínicas y hospitales, saturación y baja calidad de la consulta general, muchos vicios laborales acumulados a lo largo de décadas de corrupción en los niveles directivos e intermedios, instalaciones obsoletas que datan de hace 60 o más años, relajamiento en la disciplina de formación de los nuevos médicos especialistas, burocratismo y en general un sistema de asistencia deficiente y, por si algo faltara, un pasivo laboral que se come gran parte de los recursos económicos del IMSS, debido a los sueldos y prestaciones del personal de base.

La alta y media burocracia, como bien lo señaló en su renuncia, Germán Martínez, es designada por criterios políticos y burocráticos, “donde importa más el cargo que el encargo”.

Se puede percibir un gran relajamiento laboral en gran parte del personal de enfermería, médico y administrativo del IMSS. Los departamento de enseñanza y de control de los médicos residentes (RI, R2…) han ido relajando la disciplina, a tal grado que un residente de especialidad, a quienes se encarga la atención de los pacientes, puede estar realizando un tacto a una parturienta mientras, con su mano izquierda, manipula su teléfono celular, enviando whastapp o incluso observando videos.

Todos los médicos generales y de especialidad adquieren experiencias atendiendo a pacientes del IMSS. Si su formación académica fue deficiente y la disciplina laboral está relajada, su aprendizaje lo sufren los pacientes, en una deficiente atención, donde puede darse la cotidianidad de que “echando a perder se aprende”.

El aparato celular se utiliza indiscriminadamente en todas las áreas hospitalarias y mientras se realizan consultas, chequeos, procedimientos quirúrgicos menores, estudios; inclusive se permite su uso dentro de los quirófanos, para recibir llamadas, hacerlas y distraerse.

Este personal de residentes de especialidad o de residentes en general, son gente joven, la mayoría de ellos foráneos, lo que propicia, por el relajamiento en la disciplina institucional, que se establezcan entre el personal médico o de enfermería relaciones de coqueteo y pasen a relaciones sexuales, algo que repercute en las relaciones de carácter laboral.

Un médico especialista tiene una atención como empleado del IMSS y otra muy distinta en su consultorio privado, no sólo en la consulta y el cuidado del diagnóstico; no se puede hacer una generalización, pero sí afirmarlo sobre una gran parte de los médicos especialistas que laboran para el IMSS.

Debido en parte a la saturación en la cantidad de pacientes que se tienen que atender diariamente, a la falta de recursos tecnológicos y al sistema burocrático que ha ido empeorando en la institución, la calidad del servicio ha ido bajando cada vez más. En tan solo 20 minutos que dura en promedio la consulta, es muy difícil que se haga un buen diagnóstico de gran parte de los padecimientos.

Eduardo, un hombre de 60 años de edad, tuvo que esperar un año y medio para ser operado del corazón, después de haber sido diagnosticado de isquemia coronaria. Años después ha tenido que esperar hasta 9 meses para que se le coloque un marcapasos, después de tener un diagnóstico claro de un procedimiento que se debería realizar lo antes posible.

Durante el año y medio que esperó la operación de corazón, Eduardo llevó una calidad de vida muy pobre y estuvo sujeto a una angustia permanente, ya que el riesgo de sufrir un infarto en cualquier momento era muy alto. Tuvo que suspender durante todo ese tiempo su trabajo y limitar gran parte de sus actividades ordinarias.

En la segunda espera de 9 meses para que se le colocara el marcapasos, ya era un hombre de 70 años y volvió a repetirse la situación de llevar una calidad de vida muy pobre y vivir con la angustia de morir, debido a que su frecuencia cardiaca descendía hasta 30 pulsaciones por minuto, lo que le ponía en gran riesgo.

Cuando finalmente acudió a la cita programada para la colocación del marcapasos, el médico especialista se encontraba de vacaciones y lo tuvieron que reprogramar con otro especialista, lo que implicó una espera adicional de un mes.

Hasta ahora las únicas políticas que ha aplicado el nuevo gobierno central en el sector salud han sido las de paralizar la adquisición de medicamentos, lo que se explicaría inicialmente por la corrupción que imperaba, pero ya ha transcurrido más de medio año. La otra política es la de concentrar todo el gasto en un solo funcionario de la Secretaría de Hacienda, lo que va en contra de la propias disposiciones sobre las cuales debe operar el IMSS.

No hay un proyecto para el saneamiento y mejora de la eficiencia del IMSS, todo es improvisación y, aunque se le niegue, “austeridad republicana” en manos de tecnócratas cuyo principal criterio es ahorrar dinero para destinarlo a los programas clientelares que decide el presidente.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Lo más visto

Siguiente Noticia

Te podría interesar: