Narcos México. Ya conocemos el final

Narcos México. Ya conocemos el final

Daniel Herrera

Escritor y músico lagunero

Twitter: @puratolvanera

Nunca he entendido la obsesión por lo que ahora llamamos “spoilers” y que siempre conocimos como “contar el final”. Palabrita insufrible, siendo sinceros.

Internet está lleno de quienes cuentan el final de películas, series y libros y de otros, quienes odian a los primeros. El asunto es ridículo, porque los finales no son la razón principal de cualquier narrativa, y si así fuera, entonces no tiene caso comenzar ninguna historia.

Pero ahora, los artículos en la red alertan cuando van a develar alguna parte fundamental de la serie o la película de moda. Bien, pues yo no voy a avisar aquí si contaré algo importante de la serie Narcos México que subió a su plataforma Netflix hace unos días.

No lo haré porque, al final, ya sabemos lo que sucedió con esta historia de narcotráfico y corrupción; carajo, no sólo lo sabemos, lo seguimos viviendo.

Si alguien se ofende por lo que pueda escribir aquí, lo invito a preguntarle a Google para que sepa que las acciones contadas en Narcos ya las conocíamos, sólo que ahora han encontrado una forma atractiva de contarlas como si fuera la primera vez.

Aclarado lo anterior, puedo decir que Narcos México supera a todas las narconovelas por bastantes kilómetros, especialmente porque la producción es mucho más profesional y porque la historia está narrada con habilidad de escritor y no de periodista.

También hay un detalle que puede producir controversia entre muchos. A diferencia de otras telenovelas, la cuarta temporada de Narcos no se dedica a entronizar como héroes a los narcos, en todo caso, descubre la humanidad en algunos de ellos, pero sólo como herramienta para desarrollar el arco narrativo de cada uno y no como una manera de justificar sus acciones.

Por otro lado, los personajes que representan a la autoridad y que deciden, a pesar de todo, intentan trabajar lo más derecho posible, tampoco son santos inmaculados, tienen los defectos necesarios para crear una historia verosímil.

Narcos México cuenta el origen del narcotráfico como lo conocemos, el nacimiento a través del imperio que Miguel Ángel Félix Gallardo construyó durante los ochentas y su caída, en gran medida propiciada por la tortura y asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena.

Nada que no hayamos leído en periódicos, revistas y libros. Con una historia tan conocida, los “spoilers” se vuelven una tontería. El asunto es que los guionistas crearon una historia que cuenta de forma paralela el ascenso del capo Félix Gallardo y la dedicación obsesiva de Enrique Camarena por conseguir un mejor puesto dentro de la DEA combinado con el sentido de la responsabilidad como hombre respetuoso de la ley.

No tiene caso seguir contando aquí la historia, todos sabemos que Camarena murió gracias a la tortura que le infligieron y que los capos de esa época, excepto “El Azul”, pisaron o continúan en prisión.

En todo caso, se puede revisar la forma en que desarrollaron a los personajes en la serie.

El único que sale bien librado de la corrupción en donde nadan todos los representantes del gobierno y el sistema judicial mexicano es Camarena, interpretado por Michael Peña, quien tiene una carrera bastante sólida en Hollywood y sorprende a todos con un español perfecto.

Por el otro lado, Diego Luna interpreta a un mesurado casi hasta el aburrimiento, Félix Gallardo. Debo decir que el actor no lo hace mal, si consideramos que sólo sabe interpretarse a él mismo y, en esta ocasión, parece un contador enfurecido al que nunca le salen las cuentas. Al ver las fotos del verdadero capo, tal vez justo eso estaba buscando, una persona que es el jefe más importante pero que no lo parece. El chupatintas en realidad es el jefe de jefes.

Los personajes principales se completan con Tenoch Huerta interpretando a un enamoradizo y despiadado Caro Quintero y Joaquín Cossío, dando una clase magistral de actuación, en el papel de Don Neto Fonseca Carrillo.

Algunos asuntos más me gustarían apuntar. El primero tiene que ver con un discurso ideológico que aparece con mucha claridad en las primeras temporadas de la serie, cuando todo se ubica en Colombia y que casi desaparece en esta cuarta temporada. En México, los agentes estadounidenses no vienen a salvar a nadie, no son los grandes héroes, en todo caso, apenas intentan empuercarse lo menos posible y no lo logran.

No sé cómo lo tomará el público norteamericano, pero supongo que a ningún mexicano le sorprende la imbatible corrupción que permea todos los niveles de gobierno. Incluso creo que, en ciertos momentos, la serie se queda corta.

Algo más: esta temporada es mucho más violenta que las anteriores, los personajes se muestran descarnados cada vez que deben deshacerse de sus enemigos. Aventuro una razón, la participación del cineasta Amat Escalante como director de varios capítulos.

Y, por último, aunque la serie hace múltiples concesiones para que las historias suenen verosímiles y no tanto reales, hay una extraña sensación de que el mundo del narco mexicano está ahí, a la mano, listo para ser desmenuzado desde la seguridad que dan las pantallas. Nadie está a salvo en la vida real, pero aquí tomamos distancia y entendemos que los narcos son humanos, pero que no hay nada atractivo ni especial al tomar ese camino. Sin moralismos, Narcos, nos explica que todos somos daños colaterales pero que lo más importante de la vida está en otro lado.

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