Nora Coss y la invención de un juego

Nora Coss y la invención de un juego

Por Lucila Navarrete Turrent

Doctora en Estudios Latinoamericanos

Universidad Nacional Autónoma de México

Periodista e investigadora torreonense

Eliana, la “nubecita”, es para Nora una “heroína rebelde” que reincide con insistencia en sus ficciones: “una persona que reclama libertad, independencia y la consigue”. La “nubecita”, me dijo, es un “regreso al silencio” que desarma la demanda social “de estar en un clan que no le pertenece”.

Conocí a Nora Coss cuando estaba a escasos días de estrenar su pieza teatral El club de los diagnosticados. Me citó en un Starbucks de la Colonia del Valle en la Ciudad de México. Llegó tarde porque había recorrido la ciudad entre montaje y montaje. No pedimos nada de tomar; nos apresuramos a buscar un rincón alejando del bullicio para poder hablar sobre su experiencia como becaria en el Programa de Estimulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) del Estado de Coahuila. Tan pronto comenzamos a charlar, dos cosas me atrajeron especialmente de ella: su desinhibida frescura y sus ojos, pequeños y risueños, que iluminaban un tierno y aniñado rostro que contrastaba con el desenfado e informalidad de su vestimenta y extroversión. Tenía frente a mí a una dramaturga y narradora, cuya trayectoria comprendía casi las diez piezas. Una de sus compañeras de generación del PECDA me había hablado de ella. Recuerdo que me llamó especialmente la atención la procedencia de Nora: Sabinas, Coahuila.

Comenzó a decirme que tenía casi diez años escribiendo y montando obras de teatro en la Ciudad de México, que en Coahuila su obra no había sido reconocida. Alguna vez quiso llevar a escena uno de sus textos para el Festival Internacional de las Artes Julio Torri y no le abrieron las puertas. La experiencia del PECDA se aunaba al mal sabor de boca que le dejaba la ceguera de la sociedad coahuilense. Tal parece que vivía en carne propia el famoso refrán: “Nadie es profeta en su propia tierra”. Me dijo que al Estado no le importaban sus artistas, pero que además la gente no acostumbra a ver a los locales, pues le parecía más importante lo procedente del exterior: lo de Estados Unidos o la Ciudad de México. Algo así había declarado para este espacio. Exceso de trámites, retraso en los pagos, irresponsabilidad en tutores revisores de proyectos y malos tratos, fueron algunas de las experiencias que Nora señaló sobre su paso por el PECDA. Nuestro encuentro fue en noviembre del año pasado.

 

Una dramaturga consagrada

Unos meses después concluyó el proyecto que desarrolló durante la edición 2016-2017 del PECDA, Ali, el falso documental de una falsa lesbiana, y tuvo varias temporadas de Forever young, never alone y  El club de los diagnosticados. Comencé a percatarme de algo: el nombre de una dramaturga coahuilense aparecía con frecuencia en las carteleras del Foro Shakespeare, el Foro Luces de Bohemia, el Centro Cultural Bellescene. Tan sólo hace unas semanas El club… era una de las obras que despedía al emblemático Foro Shakespeare en la colonia Roma, antes de que éste fuera entregado a los intereses de la especulación inmobiliaria.

¿Alguna vez montaremos una obra suya en su casa, Coahuila, o discutiremos su Nubecita en las universidades laguneras y en los círculos de lectura?

En julio pasado la Secretaría de Cultura daba a conocer a los ganadores de los Premios Bellas Artes de Literatura 2018. El nombre de Nora Coss figuraba en la categoría “Juan Rulfo para Primera Novela 2018”. Nubecita era la obra premiada. La noticia me conmovió. Nora era fuego, era ternura, era juego y humor coahuilense. Supe que a mediados de octubre había viajado a Tlaxcala para recibir el reconocimiento. En las fotos de la prensa aparecía una Nora austera, como siempre; vestía una blusa blanca cruzada al frente; la rodeaban tres funcionarios de Cultura. Durante la ceremonia manifestó que el premio significaba el inicio de su carrera como narradora.

Entonces la busqué para que me contara cuál era su historia como escritora; qué había sucedido entre Sabinas, Monterrey y la Ciudad de México. Me concedió varias palabras que resumían su intensa y talentosa carrera.

Nora había crecido en el seno de una familia comerciante de clase media, sin biblioteca, ni librerías cercanas. Se inició en la literatura cuando de niña aprendió a recitar de memoria “A gloria” de Salvador Díaz Mirón, gracias a un volumen de poemas que casualmente estaba en su casa. “Nunca tuve ninguna referencia artística en la familia”, me confesó, “el Videocentro era lo más parecido a un centro cultural”. Cuando entró a la adolescencia, la separación de sus padres la llevó definitivamente a la escritura. Primero fueron los aforismos: en ellos “simplemente escribía lo que quería decirle al mundo o a mi padre que me había abandonado”, a los niños que le gustaban y a su familia; después continuó escribiendo cartas y ficciones autobiográficas.

 

Los estudios de mercado y la construcción de personajes literarios

Pero encarrilarse en las letras tuvo algunos percances. Cuando trasladó residencia a Monterrey para comenzar la Licenciatura en Mercadotecnia en el Tecnológico de Monterrey, estaba convencida de ingresar al taller de creación literaria. Se inscribió, pero no había lugar. “Tocaba la bella casualidad que estaban por abrir un taller de teatro”, en el que estuvo cuatro años y medio “incluyendo los veranos”. En ese espacio, dirigido por Alejandro Cantú, descubrió su vocación por las artes escénicas: actuar, dirigir y escribir dramaturgia. “A la par tenía el tercer piso de la biblioteca del Tec. Me fui estante por estante; leía lo que sea que estuviera ahí”. Apasionada de la lectura, el camino ella misma lo dictó. “No tuve ningún maestro que me dijera qué o cómo leer; sólo me tenía a mí y un montón de estantes llenos de libros”. Le apasionaba la actuación, pero dejó e hacerlo por su físico, “un complejo muy estúpido”, me dijo Nora. La escritura le permitió sublimar el cuerpo que limitaba a la actriz.

Su licenciatura en Mercadotecnia, para la que aún ejerce haciendo estudios cualitativos y cuantitativos de mercado, le ha permitido vivir y subsidiar su trabajo artístico, pero sobre todo estudiar la “psicología” de los consumidores, a quienes convierte en personajes de sus piezas teatrales. “Los estudios de mercado son básicamente como la clase 1 de Dramaturgia: ‘conoce a tu personaje’, lo que compra, por qué lo compra, cómo decide, cómo duda cuando compra, por qué duda”. Su oficio, me dijo, le ha ayudado “a poner los pies en la tierra y convivir con las personas en otro nivel más cotidiano”. La escritura dramática de Coss es fársica: devela el delirio de la rutinaria y aplastante modernidad que nos condiciona, interpela al espectador a través de una tergiversación irónica de la cotidianidad. En su método prima la ironía, pues la risa es su única manera de fugarse de la incomodidad que le representa la realidad.

 

Nubecita, Premio Bellas Artes de Primera Novela Juan Rulfo 2018

En paralelo a las obras dramáticas Y otros breves infiernos, Desarrollo teórico-matemático de un desamor, De jueves a martes, Sol de invierno y Aperturas, Nora ha cultivado la narrativa. Nubecita es su primera novela. La idea comenzó en el 2012 y “surgió por una obsesión: el silencio”. Se trataba de Eliana, la protagonista. Su cualidad residía, según me contó, en “el poder de aislarse del ruido del mundo y yo la seguí”. Se trata de una novela de aprendizaje, en la que la pérdida de la voz, por decirlo en términos simbólicos, conduce a un desdoblamiento, a un intento de situarse en la complejidad mental de su padre, su madre y su hermana, para eventualmente emanciparse: encontrar un lugar en el mundo y rehabilitar, entonces, su propia voz. Eliana, la “nubecita” es para Nora una “heroína rebelde” que reincide con insistencia en sus ficciones: “una persona que reclama libertad, independencia y la consigue”. La propia autora considera que la novela es “domestic noir”, un género en el que, a grandes rasgos, la indagación carece de lo detectivesco. La “Nubecita”, me dijo, es un “regreso al silencio” que desarma la demanda social “de estar en un clan que no le pertenece”.

Varias lecturas fueron decisivas para la escritura de la obra galardonada, entre ellas la obra completa de Guillermo Cabrera Infante, de quien Nora se nutrió ampliamente desde la dimensión de lo oral; el escritor norteamericano William Faulkner, el Vicente Leñero joven, José Donoso y El obsceno pájaro de la noche, así como la Biblia: “regresé específicamente al Libro de Job, el Evangelio de Mateo y el Libro de las Revelaciones”.  El Pedro Lemebel de “Tengo miedo, torero” y “Buenos días, tristeza” de Francoise Sagan también marcaron el proceso creativo.

Aún no hay fecha de publicación de la obra pues, según me comentó, está “en espera del dictamen en varias editoriales”.  Mientras tanto, Nora Coss sigue pasando desapercibida entre nosotros. ¿Alguna vez montaremos una obra suya en su casa, o discutiremos su Nubecita en las universidades laguneras y en los círculos de lectura?

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