Toda la estructura de Morena para Claudia

Toda la estructura de Morena para Claudia

Por: Álvaro González

Cuando el viejo y desvencijado PRI muera, nadie lo va a extrañar, pues en su lugar ha surgido un partido que puede ser hegemónico y que ha heredado todas sus prácticas viciosas, sólo que en una versión recargada.

Es el medio día en la Plaza de Armas de Torreón. Los 33 o 34 grados centígrados parecen benignos si se les compara a los 44 grados de hace sólo unos días, pero la humedad se siente fuerte.

En la esquina de las calles Cepeda y Morelos se ha instalado el templete: un cuadrado de 10 metros por lado, revestido de tela negra y con un arreglo floral costoso en todo su derredor, muy “femenino”.

Se instalaron también dos toldos de casi una cuadra de largos cada uno, sobre la Cepeda, más dos grandes tendidos de sillas sobre la calle Morelos, a ambos lados del templete, formando una cruz. Se estima que pueden llegar un poco más de mil personas, pero al final serán menos.

No se ha escatimado en gasto alguno. Una torre de sonido, templetes para la grabación audiovisual del acto, toldos, sillas, regalos, acarreo de asistentes desde las diferentes ciudades y ejidos de la Comarca.

Un poco antes de las doce del día, hora en que está anunciado el encuentro con la “corcholata” preferida, Claudia Sheinbaum, comienza a llegar gente, ya sea por su propio medio o transportada en camiones especialmente rentados para el propósito.

Para amenizar el evento mientras llega la precandidata presidencial, un maestro de ceremonias se dedica a chacotear, gritar y hacer bromas de doble sentido.

“¡Ya no se anden operando! ¡Ya ven que ahora se operan todo! ¡Yo tengo a una tía que con una operación le quitaron veinte kilos! ¡Sí, veinte kilos!; ¡le cortaron las dos patas porque tiene diabetes y ahora le dio un bajón! ¿Pues cómo no le iba a dar un bajón si se quedó sin patas? ¡Bajó como medio metro! ¡Ay, me vi muy mamón, verdad!”

Nadie ríe, las malas bromas incomodan. Quienes van llegando se hacen de una silla y van buscando acomodo. Son ya las 12:30 y aquello se ve que va para largo.

Comienza entonces el reparto de regalos. Llegan grandes cajas repletas de cachuchas estampadas, camisetas con leyendas, bolsas para mandado con la imagen de la precandidata. Como es tradición, se hace la rebatinga; mujeres y hombres se lanzan sobre las cajas y los artículos: son cientos de gorras guindas con la leyenda “AMLO A CLAUDIA”, camisetas con diferentes estampados, bolsas y banderines, muchos banderines, cientos. En esto, como en todo lo demás, se ve que lo que menos falta es dinero.

“NOS MANDARON DE LA PRESIDENCIA”

Una de la tarde, el sol ya cala y comienza a haber cierto fastidio, por más que el bromista pegue de gritos y no pare de decir vulgaridades.

Tres mujeres jóvenes y muy sonrientes en la primera fila llevan una cartulina con la leyenda “#Saltillo #MujerValiente”.

RdC: ¿De dónde vienen?

MM: Somos de la presidencia municipal de Madero.

RdC: ¿Y el trabajo? Es miércoles.

MM: Nomás se quedaron pocos; a todos los demás nos trajeron a Torreón, aquí al evento.

RdC: Pero en la cartulina dicen que son de Saltillo.

MM: (Risas) ¡No!, la cartulina nos la dieron. A otros les dieron cartulinas de otras partes.

RdC: ¿Las trajeron en camión?

MM: Sí, y nos van a regresar en el mismo camión, pero ya se está haciendo tarde.

RdC: ¿Y la comida?

MM: Pues nos dijeron “por la comida no se preocupen”, pues nosotros venimos.

Un hombre de edad mediana empuja la silla de ruedas de un anciano que está amputado de una de sus piernas. Está en busca de una sombra porque quien resulta ser su papá no se siente bien.

Cuestionado, afirma que es maestro de la Sección 38. Comenta que su padre, quien se empeñó en acompañarlo, es también maestro jubilado y además recibe su Pensión del Bienestar.

RdC: ¿Por qué vienen?, ¿no le hace daño a tu papá tanto calor?

H: Nos pidieron del sindicato que viniéramos y él quería venir porque está muy agradecido con su pensión que le dan cada dos meses, pero venimos porque Claudia es la buena y pues hay que apoyar.

Tres muchachas muy jóvenes, sentadas en la tercera fila de sillas de la calle Morelos, se ven ya algo agobiadas por el sol y se tapan la cabeza con unos volantes. Afirman que vienen del ejido Florencia, de Francisco I. Madero; son estudiantes de bachillerato técnico y les acaban de dar la Beca del Bienestar. Les dijeron que tenían que asistir al evento y las han traído en camión, junto con más estudiantes. Terminando las vuelven a llevar al ejido.


PREPARANDO LA ENCUESTA

El calor aumenta y al público le reparten botellas de agua purificada, que se acaban casi de inmediato.

A las primeras filas del toldo del lado sur, en la calle Cepeda, se acerca un hombre joven con camisa roja a cuadros, gorra y un sujetador de hojas en la mano. 

Él, junto con todo un grupo que se desplaza dentro de las carpas, comienza a pedir datos personales. En hojas con formato impreso anota nombre, sexo, edad, municipio y teléfono celular. Enseguida le coloca a quien entrevista una pequeña calcamonía circular en color amarillo, con una R al centro, que significa “registrado”. Vienen de la Ciudad de México y tienen esa función: preparar la “encuesta” que llevará a cabo Morena, por medio de la cual se seleccionará al candidato presidencial.

Desde las doce se puede observar la presencia de un numeroso equipo de apoyo para la organización del evento. Aparecen los infaltables “servidores de la nación”, con sus característicos chalecos guindas, dando instrucciones a diestra y siniestra. Hay otro equipo de comunicación que se encarga de grabar todo el evento desde dos plataformas montadas exprofeso y de difundir el material a nivel nacional, para lo cual están muy bien equipados.

Otros grupos de apoyo se encargan del sonido, las sillas, el reparto de agua, el acomodo de la gente y todo aquello que haga falta.

Muy discreto, el equipo de seguridad transita disperso entre el tumulto de gente, con ropa de civiles, pero inconfundibles por estar observando su entorno de forma compulsiva y desplazándose discretamente en derredor del templete.

Ya cerca de la una y media el calor agobia, cansa, y el ánimo de los asistentes es bajo, por más que el maestro de ceremonias se esfuerza en su verborrea, que se ha prolongado por casi hora y media. Finalmente grita: ¡ya está aquí Claudia! ¡Viene entrando por el lado de la Matamoros! ¡Vamos a gritar, a darle el recibimiento!

“SOY LA ÚNICA MUJER…”

La comitiva recorre el pasillo central de la carpa del lado norte, repartiendo saludos, hasta alcanzar el estrado.

En medio de aplausos y gritos de una parte de la concurrencia, Claudia Sheinbaum sube al estrado y levanta la mano como saludo. Considerando la altura del tacón de yute de sus zapatos, es una mujer de estatura menuda, de cuerpo y brazos muy delgados, aparentemente sin maquillaje en su rostro. Viste una blusa oaxaqueña bordada con motivos indígenas y un pantalón negro. Su aspecto físico puede resumirse como adusto, sin color.

Detrás de ella sube muy dificultosamente al estrado Armando Guadiana, el excandidato a gobernador, quien parece apenas poder cargar con su alma, mientras arrastra los pies. Le sigue un séquito de caras conocidas del morenismo de Coahuila, más bien pocas.

Abre el evento la hija de Armando Guadiana, Cecilia Guadiana, una muchacha muy joven, con vaqueros, zapatos rojos y sombrero. En la mano izquierda lleva un puño de papeles, mientras toma el micrófono para iniciar. Completamente inexperta en el arte oratorio y en el manejo público de la palabra, aplasta, más que levantar, el ánimo de los asistentes, pero es la hija del jefe del partido, de quien se encarga de que se paguen las cuentas.

Finalmente, Claudia Sheinbaum toma el micrófono. Antes de que ella misma lo diga, es más que evidente que fue maestra y habla como maestra, como quien se dirige a un grupo de escolapios que requieren explicaciones y ser tratados como menores.

“Estoy aquí, con ustedes, para promover la cuarta transformación. ¿Y saben por qué me decidí a participar? ¡Porque soy la única mujer!” De inmediato, un grupo de maestros, todos con camisa blanca y miembros de la Sección 35, colocados junto al estrado, comienzan a gritar “¡Presidenta! ¡Presidenta! ¡Presidenta!”

“Yo soy la única mujer, pero ustedes saben quién es el gran dirigente de la cuarta transformación, el mejor presidente de la historia moderna de México”. De inmediato surge el grito obligado: “¡Es un honor, estar con Obrador! ¡Es un honor, estar con Obrador!”.

Pero enseguida vuelve a salir la maestra que lleva dentro. “Nosotros representamos lo que se llama el humanismo mexicano, la cuarta transformación, y ustedes saben cuáles son nuestros tres principios. ¡Claro que se los saben! Vamos a decirlos: el primero, por el bien de todos…” 

“¡Primero los pobres!” gritan algunos de los más próximos. “Y el segundo…”.

“Somos la cuarta transformación. Pero ¿cuáles fueron las otras tres transformaciones, ustedes lo saben?” Y pone a recitar a los maestros, que forman una gran parte de la concurrencia, otra vez: ¡La independencia, la reforma, la revolución!..”.

“Queremos la continuidad, porque luego nuestros enemigos dicen que no hemos tenido logros, pero claro que hemos tenido logros como nunca antes en los últimos 36 años”. Enseguida parece trasladarse a una de las conferencias “mañaneras” de AMLO y enumera las becas del bienestar, algunos programas también del bienestar, el aumento a los salarios mínimos y remata con el Tren Maya y diez parques industriales que se construirán en el istmo de Tehuantepec.

“Pero, ¿qué quiere el bloque opositor?, que yo le llamaría el bloque cínico opositor; pues que vuelvan los privilegios, que se quite la pensión de los adultos mayores, que regrese la reforma educativa…”

Enseguida trata de imitar la perfidia de AMLO y cuenta un mal chiste: “Se imaginan quiénes van a integrar el bloque opositor, vamos a tener a Felipe Calderón como constructor de la paz, a Fox encargado de la democracia, a Creel en las artes y la cultura, a Claudio X. González como coordinador. ¡Ah, y a Alito en las finanzas!”.

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