Markito y Alito: los dos mejores aliados de AMLO

Markito y Alito: los dos mejores aliados de AMLO

Por: Eduardo Rodríguez

Andrés Manuel López Obrador mandó destruir la reputación de Alejandro Moreno, “Alito”, el dirigente nacional del PRI, a través de la gobernadora de Campeche, Layla Sansores. No le costó mucho trabajo, pues el personaje es un duchado de trapacerías, de procacidades y de desparpajo en su lenguaje. El plus que no esperaba el hombre de Tabasco es que “Alito” se aferrara al puesto y se apoderara de la estructura del comité nacional priista. Eso ya era demasiado pedir; una joya de la perfidia si se le hubiera planeado así, pero las cosas salieron de esa manera afortunadísima.

Ya en la campaña de 2017, López Obrador había tenido la gran fortuna de enfrentarse al más mediocre candidato presidencial del PRI que haya existido: José Antonio Meade, un “político”, o más bien tecnócrata, tibio, socarrón, gelatinoso.

La fortuna de AMLO sería todavía mayor al tener como candidato panista a Ricardo Anaya, un muchacho con un aspecto que parecía cualquier cosa, menos un candidato a presidente de la república: pretencioso, incoherente y con cola que le pisaran.

Para la elección de 2024 la fortuna parece volver a sonreírle. Como dirigente nacional del PAN se encuentra Marko Cortés Mendoza, una gente de Ricardo Anaya, quien le había dado “el chaquetazo” a Gustavo Madero Muñoz.

Marko Cortés, más conocido en el medio como “Markito”, puede inspirar cualquier cosa, menos la figura del líder máximo del PAN, que es hoy, a nivel nacional, el partido más importante de oposición, el cual está tratando de sobrevivir a la brutal ofensiva de López Obrador y su partido de Estado: Morena.

Cortés tiene mala dicción, al grado que difícilmente hilvana tres frases seguidas sin perder la atención de su auditorio. Es desgarbado, con una pinta de cura joven de pueblo. Su rostro lampiño en ocasiones deja ver un mal rasurado, que está a la moda, y su cabeza prematuramente calva tiene un implante incipiente que empeora su pobre presencia. Si usamos el lenguaje de los años sesenta, es un “gutierritos”.

Pero no se trata de un concurso de hermosura masculina, sino de liderazgos políticos, y el caso es que no tiene el carisma, el carácter, la autoridad intelectual, la experiencia política o tan siquiera algo de frescura juvenil, lo que le podría dar algo de encanto.

Nació sin ángel, pero todo indica que vino a este mundo con suerte, pues apenas a los 28 años fue electo en su natal Michoacán como senador plurinominal. Luego trató de ser alcalde de Morelia, en una muy polémica elección, y terminó por perderla, pero nuevamente en 2015 lo hicieron diputado federal plurinominal y coordinador legislativo del PAN.

Engancha con un grupo de jóvenes políticos panistas, caracterizados no por su talento sino más bien por su ambición y su ausencia de una verdadera formación política, en este caso de centro-derecha.

Es muy probable que Ricardo Anaya lo haya apoyado con el fin de tener en la dirigencia nacional a alguien a modo, pero ya va para 5 años en el cargo, poco más que el periodo de Morena en la presidencia, pues comenzó desde noviembre de 2018.

Es algo increíble que dentro del PAN nacional se haya dado la indolencia, la flojera y la irresponsabilidad de no realizar una restructuración y un relanzamiento del partido después de la elección de 2017, donde obtienen el 25% de la votación, pero quedaron posicionados o más bien llamados a ser la fuerza opositora nacional frente al movimiento de López Obrador.

TARDE Y MAL VESTIDOS

Nada más penoso de un político profesional que no sepa leer los tiempos y que no acuda a la cita histórica que le está llamando. A López Obrador le ha ido tan bien porque ha tenido frente a él a la más desarticulada, mediocre y corrupta oposición que pueda existir en México.

Ha ganado gubernatura tras gubernatura corrompiendo gobernadores de todos los partidos, avasallando con un aparato gubernamental clientelar y una demagogia florida y ramplona, pero muy consistente, donde jamás ha fallado a la cita matutina para realizar su prédica.

Mientras él hace su trabajo de perfidia, propia no tanto de un mesías tropical sino más bien de un caudillo ladino, lleno de mañas, de simulación y bastante consciente del uso del poder con fines políticos, la oposición se la ha pasado en un letargo; tirada en la hamaca mientras se destruyen instituciones y se demuele nuestra incipiente democracia.

Unos cuantos grupos políticos estatales defienden su territorio y resisten la embestida del poderoso partido oficial. Solo quedan ya nueve estados en manos de la oposición, pero el año próximo habrá elecciones en varios de los más importantes.

La maquinaria oficial de la sucesión presidencial está en marcha, sin hacer el menor caso a la ley electoral y superando inclusive las formas arcaicas de la vieja presidencia imperial priista, mientras la oposición va tarde. Sus cúpulas pretenden decidir sin tomar en cuenta a la sociedad civil, en el cuarto oscuro de siempre y con quién sabe qué intereses y propósitos personales.

Huérfana de representación, esa sociedad civil, que es consciente del momento histórico que se vive, va de la incredulidad a la indignación, mientras la mayoría de los medios de comunicación saturan espacios con los pormenores de las campañas de las “corcholatas”, una pandilla sin escrúpulo alguno por la ley. Ninguna de ellas, a decir verdad, es una maravilla o un talento sobresaliente, pero están siguiendo el libreto presidencial de forma puntual, recorriendo todo el país, gastando el dinero público que les entra por debajo de la mesa y haciendo músculo aceitando sus estructuras en los estados.

Mientras tanto, “Markito” y “Alito” deciden en un cuarto oscuro, acompañados de un fantasma llamado PRD, en lo que parece el parto de los montes. 

Por el bien del país, habrá que esperar que ocurra algún milagro, de esos que suceden de vez en cuando en la historia, y aparezca, de alguna manera, un liderazgo decente que acaudille a la oposición, al mismo tiempo que la ambición, que tanto florece en el jardín del poder, desate alguna lucha interna al interior del grupo de López Obrador y se dé el zafarrancho al que tanto temen, como el que se les dio en la elección de Coahuila y generó, inclusive, la aparición de dos “corcholatas” más, de pacotilla, pero que ahí andan en medio del ritual de “el tapado” que destapará la voluntad presidencial.

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