La eliminación de las guarderias y las abuelas como niñeras

La eliminación de las guarderias y las abuelas como niñeras

Por: Agencias/Redacción

En febrero de 2019, hace justo tres años, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador publicó en el Diario Oficial de la Federación la decisión de suprimir el subsidio a 9,532 guarderías que dependían de la Sedesol, hoy Secretaría del Bienestar, agravando el problema de la falta de guarderías en el país, y ampliando el problema social de convertir a las abuelas en niñeras, poniendo a millones de ellas en una situación sumamente injusta.

Argumentando, como en muchos otros temas, que había corrupción en el subsidio a las guarderías, AMLO, en lugar de corregir el problema, si realmente existía, tomó la que parece una de las decisiones más erráticas de su gobierno, quitando el subsidio de 950 pesos por cada niño inscrito (1,900 para niños con discapacidad), para destinar ese dinero, por medio de transferencias directas de efectivo, a las familias, a razón de 1,600 pesos bimestrales por niño y 3,600 pesos bimestrales en el caso de niños con discapacidad.

Al recibir ese dinero, las familias quedaban en libertad de usarlos como quisieran, ya sea en contratar los servicios de una guardería privada o en pagar ese dinero a una tía, hermana o abuela que se hiciera cargo del niño mientras la madre y el padre cubren una jornada laboral.

Carlos Urzúa, entonces el Secretario de Hacienda, emitió la disparatada declaración de que inclusive ese dinero “podían dárselo a las abuelas, que seguramente cuidarían mejor de los niños”, una declaración que AMLO, quien entonces no era todavía abuelo, trató de matizar, pero no hizo sino reconfirmar el absurdo e irresponsable comentario de su colaborador.

En 2018, según datos oficiales de la propia SEDESOL, había 321,726 madres beneficiadas con las guarderías que subsidiaba, pero tan solo diez meses después el número de madres no afiliadas al IMSS o al ISSSTE, esto es sin seguridad social, había descendido a sólo 169,742 madres beneficiadas.

¿Qué pasó con el resto de las 151,984 madres que tuvieron que dejar de usar una guardería? O, más específicamente, ¿qué pasó con los 151,984 niños que dejaron de ir a una guardería mientras sus padres trabajan? No existe ninguna información sobre dónde están siendo cuidados.

En 2017 esa red de guarderías subsidiadas por la SEDESOL cubría el 24% de la demanda nacional de estancias infantiles, con un servicio que tenían una calidad algo menor a las guarderías del IMSS, que tienen mayores recursos y personal, pero cubría una función socialmente indispensable. Desde el 2008 habían superado a la demanda que cubre el IMSS.

Y es que penosamente un 56.5% de las mujeres económicamente activas en México no tienen acceso a la seguridad social, de acuerdo a cifras oficiales emitidas por el INEGI, actualizadas a 2020.

El actual gobierno tomó por la vía fácil: en lugar de fortalecer una red de guarderías o estancias infantiles, en beneficio de las madres trabajadoras sin seguridad social, simplemente tomó parte de los 2 mil millones de pesos que se empleaban anteriormente, creando un programa de transferencias de dinero en efectivo; dinero que, todo indica, no se emplea para lo que se da, pero eso no importa porque es mucho más cómodo simplemente depositar dinero.

¿Qué sucedió con las 9,532 guarderías que había hasta 2018? Gran parte de ellas (se ha evitado hacer un censo para proporcionar información precisa) tuvo que cerrar, pues además de la eliminación del subsidio en febrero de 2019, en marzo de 2020 se ordenó el cierre de las guarderías hasta por un año debido al COVID-19, lo que terminó de golpear la economía de las que habían logrado sobrevivir, reduciendo aún más su número.

LOS NIÑOS, LAS MADRES Y LAS ABUELAS

En una sociedad y cultura donde los hombres suelen colaborar muy poco en la crianza de los hijos pequeños y en los quehaceres domésticos, el problema recayó sobre las madres, la mayoría de las cuales recurre a algún familiar y, en muchos de los casos, a las abuelas, cuando estas ya no tienen la capacidad física para volver a hacerse cargo de niños de 4 meses hasta 3 o 6 años de edad.

Poco más de la mitad de los niños que no pueden ser cuidados por los padres ­-debido a que trabajan- son encargados a las abuelas, en buena medida porque los servicios de las guarderías del IMSS y las estancias infantiles de la Sedesol no tienen la capacidad para hacerlo.

Son 3.7 millones de niños entre 0 y 6 años los que no pueden ser cuidados por sus padres, de acuerdo con la cifra más reciente de la Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social 2013, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

De este universo de niños, las abuelas se encargan de cuidar a casi 1.9 millones. Otras personas, ya sea parientes o personal doméstico, están a cargo de 1.2 millones de pequeños mientras que a guarderías públicas asisten 420 mil y sólo 155 mil son llevados a guarderías privadas.

“Una de las mayores dificultades que enfrentan las mujeres en edad de trabajar para acceder al mercado laboral es la conciliación de la vida familiar y laboral”, informa el INEGI en los resultados de la encuesta.

Aunque los principales responsables del cuidado de los hijos son las madres y los padres, ellos deben contar con las condiciones para poder hacerlo y el Estado debe proporcionar las herramientas para que los menores reciban la atención adecuada y los padres puedan desempeñarse en el mercado laboral.

“Para el Banco Mundial una manera de hacer frente a estas obligaciones se encuentra en la forma de políticas públicas tales como los subsidios para el cuidado infantil o servicios públicos de cuidado infantil que pueden ser prestados directamente por el Estado o a través del sector privado, posiblemente con subsidios y reglamentación públicos”, indica el estudio “Horas Hábiles, corresponsabilidad en la vida laboral y personal”, elaborado por el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

LO QUE HAY, ESCASO

Las opciones que ofrece el gobierno a los padres trabajadores no son muchas.

Las guarderías del IMSS -que hay de dos tipos: las que administra el instituto y las subrogadas- tienen la limitante de que sólo pueden acceder a ellas las mamás derechohabientes o los papás viudos o divorciados con la patria potestad del menor.

Sin embargo, la oferta es muy limitada y de hecho va a la baja.

En 2010 había 1,459 guardería y en 2015 1,386, es decir una reducción del 5%. También decreció el número de niños inscrito en 1.2% al pasar de 199,232 en 2010 a 196,709 en 2015.

La otra alternativa pública para el cuidado de los niños eran las estancias infantiles de Sedesol, que son guarderías administradas por particulares y se rigen con un contrato de prestación de servicios, pero les fue retirado el subsidio gubernamental.

LAS ABUELAS COMO NIÑERAS

Al final de cuentas, si los papás no pueden dejar a sus hijos en una guardería del gobierno, tienen que encontrar una solución y generalmente es una mujer la que ayuda en ello; es la abuela en la mayoría de los casos, aunque también hay hermanas y tías que lo hacen.

“Esta situación refleja que, en la gran mayoría de los casos, aun cuando la madre se ha incorporado al mundo del trabajo remunerado, permanece y se recrea el estereotipo de que las mujeres son las principales responsables de los cuidados. En estos casos, la responsabilidad de los cuidados se transfiere a otros integrantes del núcleo familiar que también son mujeres”, señala GIRE.

Y aunque en muchos casos las abuelas no ponen “peros” para adoptar el papel de cuidar a los niños, en realidad se trata de mujeres adultas mayores que han cumplido ya con un ciclo de vida laboral, ya sea remunerado o no remunerado, de crianza de hijos y tiene que responsabilizarse de cuidar, alimentar e incluso entretener a los menores.

“El retiro laboral y la vejez, más que ser una etapa de descanso y esparcimiento (ya que no se tienen las responsabilidades del trabajo y de la crianza de los hijos), es una fase de mucha actividad, trabajo y responsabilidades domésticas: siguen siendo proveedores económicos y de cuidados”, resume la doctora en Antropología del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Selvia Larralde Corona, en su tesis “El impacto de la jubilación, trabajadores del IMSS y sus familias en la Ciudad de México”.

La poca oferta de servicios de guarderías en México hace que la responsabilidad de los cuidados de los niños recaiga en las abuelas, incluso después de que cumplen los cinco años de edad, pues tienen que ir por ellos a la escuela y hacerse cargo durante la tarde mientras sus padres terminan su jornada laboral.

“Esta actividad se da en una etapa de la vida en la que sus capacidades físicas y de salud no son las mismas que las de una persona joven; en muchos casos ellas debieran ser receptoras de cuidados”, indica el GIRE.

Además, se trata de una actividad por la que las abuelas no cobran. La encuesta del INEGI establece que menos de 10% de las abuelas recibe un pago por cuidar a los nietos.

Casi 1.2 millones de niños entre 0 y 6 años son cuidados por otras personas, en muchos casos por parientes, pero otro porcentaje importante se trata de una labor que hace una trabajadora doméstica.

Estas trabajadoras del hogar se encuentran en condiciones laborales precarias y en una situación de discriminación y violaciones a sus derechos humanos, ya que no tienen contrato ni prestaciones, además de que generalmente su jornada laboral excede las ocho horas.

Además, es una actividad mal pagada. Según el INEGI, en 2013 311,500 personas recibieron un pago por cuidar a los hijos de otro, pero en el 90% de los casos fue de un salario mínimo, o menos (2,400 pesos al mes) por esa labor y sólo el 1.5% ganó más de 4,800 pesos.

En lugar de mejorar, el problema ha empeorado sensiblemente en el actual gobierno, ante lo que parece una incapacidad para visualizar y atender de manera eficiente y eficaz los problemas sociales, en este caso el de las madres trabajadoras sin acceso a seguridad social y el de las abuelas que tienen que asumir un rol de trabajo cuando ellas deberían estar descansando de una muy larga vida laboral, además de estar recibiendo cuidados, no dándolos.

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