Los primorenos de Coahuila (segundo capítulo) – Shamir Fernández, soberbia y traición, ¿a cambio de qué?

Los primorenos de Coahuila (segundo capítulo) – Shamir Fernández, soberbia y traición, ¿a cambio de qué?

Por: Eduardo Rodríguez

En medio de lo más álgido de una contienda, de pronto el compañero de a lado, con el que has convivido por 20 años, con el que has comido, bebido, corrido la farra, viajado y compartido de todo, se pasa al bando contrario, habiendo estado sentado en tu misma mesa apenas unos días antes.

¿Cómo reaccionas ante algo así? José Antonio Gutiérrez Jardón, quien lo tenía al lado, sólo encontró una explicación: soberbia, como causal, y traición, como acto moral, pero la mayoría de quienes lo conocen desde que ingresó al PRI le agregan a la soberbia otro pecado también capital: la avaricia, o si se le quiere llamar de otro modo: la ambición desmedida de aquel a quien le urge ganar más cuando ha recibido a puños los beneficios de pertenecer a un partido político.

De pelo engominado y relamido hacía atrás, barba de candado afilada y siempre acicalado y perfumado, Shamir Fernández Hernández, de 46 años (1976), dice que militó en el PRI durante 25 años, lo que significa que no conoce otro modo de vida más que el de la política, y todo cuanto es y cuanto tiene lo recibió gracias a su condición de priista.

Todavía más: su vida privada giraba en torno a sus amistades y relaciones dentro del PRI. A Ricardo Mejía Berdeja, a cuya precampaña se ha sumado, si acaso debe de haberlo conocido muy superficialmente hace casi dos décadas, pues entre ambos median 10 años de edad, así que son de generación completamente distinta.

En este año y en el próximo, la clase priista de Coahuila espera que se den no una sino varias disidencias, inclusive hay un listado de quienes potencialmente pudieran sumarse al partido oficial Morena, pero todo indica que el caso de Shamir Fernández tomó por sorpresa al medio.

Hay dos políticos con los cuales, en particular, Shamir Fernández tenía una deuda de gratitud, y, en consecuencia, de fidelidad: Eduardo Olmos Castro y Miguel Riquelme Solís, actuales presidente del Congreso del Estado y gobernador de la entidad, respectivamente.

Eduardo Olmos le confió un cargo que es muy preciado dentro del medio de la política: el de director de Desarrollo Social, debido a que este permite establecer toda una red de relaciones con la clientela de base del partido, pero además lo apoyó para que fuera por segunda vez diputado local.

Miguel Riquelme Solís lo hizo presidente del Comité Municipal del PRI en Torreón, confiándole el manejo de toda la estructura del partido, para después hacerlo por tercera ocasión diputado local y por primera vez diputado federal, el cargo que ocupa actualmente y en el que estará hasta el 2024.

En su paso por las legislaturas, y pensando a futuro en su beneficio profesional, Shamir Fernández recibió un fiat notarial, lo que le permitió instalar una notaría pública ubicada frente al Colegio Americano, en el oriente de Torreón.

Desde su posición política benefició a parte de su parentela, colocándola en la nómina municipal, algunos de ellos en posiciones de dirección.

LA SOBERBIA Y LA AVARICIA

Indudablemente Shamir Fernández es un hombre vanidoso, pero vanidosos hay por costales. La apreciación de Gutiérrez Jardón de considerarlo como soberbio, es decir que practica el máximo pecado capital, el pecado del diablo, de sentirse el más hermoso y dotado de los ángeles, tiene mucho sentido, y coincide con algunos allegados que afirman que está obsesionado con ser presidente municipal de Torreón y que consideró, en su momento, una ofensa que una persona de las características y trayectoria política de Román Alberto Cepeda González fuera preferido para el cargo.

Pero a la soberbia había que añadir la avaricia pues, siendo un político durante casi toda su vida adulta, es un sujeto sumamente pragmático y ese pragmatismo ordinariamente está relacionado con cosas concretas. Él cree tener los méritos para más, como el ser presidente municipal de Torreón, pero desea el cargo por el poder que implica, aunque, en su caso, pesa el dinero que puede hacer en el mismo, dado que aspira riquezas y lujos en grande.

Con la experiencia y las relaciones que ha acumulado le puede ser muy útil electoralmente a Morena, específicamente en la tarea de tratar de sustraerle al PRI todos los liderazgos posibles en los medios populares, por medio del dinero y de los programas clientelares que maneja el gobierno federal, pero falta ver si los morenistas aceptan que un político priista les diga lo que tienen que hacer y ocupe los espacios que ellos aspiran a ocupar.

Si su obsesión es la presidencia municipal de Torreón, no es nada difícil imaginar lo que debió de negociar con la dirigencia de Morena para el 2024, cuando se presente la elección por la alcaldía.

La historia de que se salió del PRI porque está en contra de las decisiones de la dirigencia nacional y de las corruptelas y canonjías que se están dando con Alejandro “Alito” Moreno y Rubén Moreira parece un cuento, si se toma en cuenta la formación y el pensamiento real de Shamir Fernández, quien inclusive tiene deudas políticas con Rubén Moreira.

Se fue simplemente porque cree que le conviene para seguir trepando en su carrera política. Morena es un instrumento, porque está en el poder, como lo es para quienes se han sumado al partido oficial y han traicionado a un partido del que se han servido a puños, como es el caso de este político lagunero.

Comentando al respecto, Miguel Riquelme sólo expresó: “todos los cargos que ha tenido se los debe el partido, que Dios lo ayude”, lo que es un gesto bastante caballeroso, que debe haber calado mucho más en la conciencia de Shamir Fernández, a quien se encontrarán como enemigo en la elección del próximo junio de 2023.

Y AMLO predicando que “amor con amor se paga”.

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