Ricardo Mejia contra los Moreira: todo personal

Ricardo Mejia contra los Moreira: todo personal

Por: Gerardo Lozano

Para el ciudadano común el sótano de la política, donde realmente se deciden las cosas y se generan los rencores y los conflictos personales, es un espacio cerrado, prohibido. Esto ocurre con la verdadera historia del rencor de Ricardo Mejía Berdeja hacia los hermanos Humberto y Rubén Moreira, más concretamente hacia el primero, porque Rubén Moreira llega a la gubernatura cuando hacía ya seis años que Ricardo Mejía Berdeja se había ido del estado.

No se trata de una pugna político-electoral entre Morena y el PRI; tampoco entre dos propuestas políticas para Coahuila, no; el asunto es, como dice la canción de Armando Manzanero, todo personal.

Como en política los amigos suelen ser de mentiras, pero los enemigos son de verdad, esta historia de rencor se remonta al 2005, hace ya 17 años; muchos en apariencia, pero pocos tratándose de este sentimiento humano tan insano.

En el 2005 Ricardo Mejía se convierte en uno de los principales operadores políticos de Raúl Sifuentes Guerrero, entonces Secretario General de Gobierno, y se enfrentan a Humberto Moreira en una pugna bastante ruda por la candidatura del PRI al gobierno de Coahuila.

Gana Humberto Moreira y se presenta a la elección constitucional, donde arrasa y se convierte así en gobernador electo.

Ricardo Mejía queda entonces en una situación completamente precaria como político y como profesionista, pues aunque se graduó como abogado, no conocía, ni conoce, más oficio que el público. Tragando el sapo del orgullo y arrastrando la dignidad, en lo que es una posición incomodísima, Ricardo se acercó a la gente de Humberto Moreira para pedir trabajo, pero como las había hecho de todos los tamaños y colores, Humberto Moreira dio indicaciones de que a Mejía Berdeja nada, y nada significaba que al menos en los siguientes seis años no podía pisar la nómina gubernamental, mucho menos aspirar a cargo alguno en Coahuila.

Caído en desgracia, Ricardo Mejía se tuvo que ir de Coahuila, sin más en la mochila que el rencor.

Venía de visita a Torreón por asuntos personales, pero incluso a nivel familiar las pasó mal, y se dedicó a correr la legua en la Ciudad de México, primero, y posteriormente en el estado de Guerrero, donde, habrá que reconocerle el mérito, rehízo su carrera política como miembro de Movimiento Ciudadano y, como muchísimos otros, supo oler los tiempos y se sumó a Morena en 2018 y de ahí al cargo que ahora tiene como subsecretario de seguridad pública.

LA IDEA DE INSPIRAR MIEDO

Esta trama de rencor personal explica en parte la publicidad que está manejando Mejía Berdeja, por lo menos los anuncios espectaculares que ha colocado en Torreón.

En todos los espectaculares aparece de riguroso traje y rostro adusto, pero en una parte de ellos se maneja el claroscuro, de tal manera que una parte de la figura aparece en cierta penumbra, lo que es muy poco usual en una publicidad de propaganda política, donde dominan los colores claros y la iluminación, además de los rostros sonrientes o al menos lo más amables posibles.

En otros espectaculares aparece como quien está en un pedestal y ve hacia abajo. En ambos casos el mensaje corporal es de cierta intimidación y de arrogancia, demasiado adustos. En otros más aparece con la leyenda de “¡Ya llegó el que va a…!” Lo que se puede interpretar obviamente que si ya llegó es porque estaba ausente del estado, lo que no parece nada positivo como publicidad y la frase abierta de “el que va a…” puede tener también interpretaciones poco favorables.

Si se ve el resto de la publicidad, el mensaje que parece enviarse es el de que ya llegó para hacer justicia y para poner a temblar a quienes defraudaron a Coahuila, en referencia a la megadeuda que heredaron los gobiernos de Humberto Moreira y su interino Jorge Torres López.

Hasta ahora todo el discurso se ha centrado en esos dos temas: la corrupción de los Moreira y la búsqueda de la alternancia, debido a que Coahuila es uno de dos estados en los que hasta ahora siempre ha gobernado el PRI.

El tema que espera Mejía Berdeja, y en general Morena, que le resulte más redituable es vender la idea de que los hermanos Moreira tienen 18 años en el poder y estos han sido de corrupción, porque el tema de la alternancia tiene que fincarse en una argumentación y, más específicamente, en los gobiernos actuales, donde ya no han estado los Moreira.

El asunto de los Moreira es un tema que hay que desdoblar y verlo desde una perspectiva real, lo que es muy difícil, porque, al menos en la región lagunera tienen una imagen pública muy mala y un nivel de rechazo igual o peor.

Ricardo Mejía es tres años mayor que Miguel Riquelme Solís, y ambos formaron parte de aquella camarilla denominada “la burbuja”, así que son un grupo político anterior a la llegada de Humberto Moreira al poder y todos, absolutamente, tuvieron que atravesar el periodo de los dos Moreira. Si lo hubieran aceptado en 2005, Ricardo hubiera seguido su carrera política dentro del PRI, y no estaría hoy en Morena y con problemas de arraigo.

El tema de los Moreira se trata realmente de un periodo político muy complicado y, en la parte de la megadeuda, terrible, pero Mejía Berdeja o quien sea el candidato de Morena a la gubernatura, sabe perfectamente que el tema puede ser muy útil como propaganda, pero como gobierno no hay mayor cosa que hacer; es algo que ya intentó Miguel Riquelme Solís y tuvo que recorrer todo su periodo de gobierno con ello, pero además con los enormes recortes que le hizo a Coahuila el gobierno federal.

Indebidamente la deuda fue legalizada por Rubén Moreira, pero además ha sido renegociada hasta en cuatro ocasiones. El grupo de bancos que son los tenedores de esa deuda la tienen ya legalmente amarrada con todos los candados posibles.

Cuando inicie el próximo gobierno ya habrán transcurrido legalmente 12 años desde el gobierno interino de Jorge Torres, quien ya fue juzgado en Estados Unidos, con una condena por cierto ridícula, en tanto que ir legalmente sobre Humberto Moreira es, lamentablemente, poco menos que imposible, y ésa es la cruda realidad, lo demás es propaganda política para el consumo de quien no tenga conocimiento de causa. Como abogado que es Ricardo Mejía lo sabe.

Humberto Moreira, más ahora que se ha sumado a Morena en la campaña del estado de Hidalgo, es un político que ya se le escapó a la justicia mexicana, pues si no fuera así, el gobierno de López Obrador ya hubiera hecho algo al respecto, pero lo ha evitado por motivos tanto legales como políticos.

A Rubén Moreira sí lo tienen, como dicen los rancheros, todavía a tiro de piedra, pero tampoco va a suceder nada con él, pues de querer actuar también ya lo hubieran hecho.

Si el candidato del PRI y la muy probable alianza con el PAN y el PRD, es Manolo Jiménez, estaríamos hablando de una generación política completamente diferente, a la que Ricardo Mejía le lleva 17 años de edad. Jiménez pertenece a una generación que estaba en la universidad cuando Mejía Berdeja se fue, por lo tanto es un político que no tiene nada que ver con ninguno de los dos hermanos Moreira, pues fue alcalde de Saltillo ya en el periodo de Miguel Riquelme.

Por cierto, es una generación de jóvenes y los sondeos de opinión confiables, que son muy pocos, indican que todos los partidos, incluido Morena, están urgidos de políticos que tengan aceptación entre la gente joven, que está entre los 18 y los 30 años de edad.

Todos los candidatos a la gubernatura que hagan campaña en 2023 tendrán que buscar el voto joven, porque la mayor parte de la clientela de todos los partidos está en promedio arriba de los 40 años y, en el caso de Morena, tienen demasiada clientela dura con 60 o más años.

Si realmente Ricardo Mejía Berdeja es designado candidato de Morena, le vendría bien desprenderse de esos rencores personales que trae arrastrando desde hace 17 años, y ponerse en un modo más amable y diversificado, con un discurso que abarque la problemática real y actual de Coahuila, además de quitarle a su imagen todo ese acartonamiento. Con el tema de los Moreira y de la alternancia no le alcanza, ni a él ni a cualquier otro candidato.

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