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La política se hace con dinero

Análisis Político y Social / Especiales / 31 marzo, 2024

Por: Álvaro González

Ya en los años setentas del siglo pasado, Carlos Hank González, prominente político y acaudalado empresario, expresaba con gran cinismo que “un político pobre era un pobre político”.

Hace años, ya bastantes, le escuche a Carlos Herrera Araluce, empresario y político muy conocido en la región lagunera, de la cual era cacique en la parte de Durango, una frase que suena bastante cruda, pero que tiene mucho, tal vez demasiado de cierto: “Mire, me dijo, al menos en México la política se hace con dinero, a menos que usted sea Gandhi, lo demás son puros cuentos”.

¿De verdad sin dinero no se puede hacer política en este país? Penosamente todo indica que este viejo cacique, ya fallecido, sabía, con mucha experiencia, lo que estaba diciendo. Ya en los años setentas del siglo pasado, Carlos Hank González, prominente político y acaudalado empresario, expresaba con gran cinismo que “un político pobre era un pobre político”.

¿Pero en qué se sustentan semejantes afirmaciones?

Veamos un poco las estadísticas de pobreza y riqueza en México. De acuerdo al INEGI, un 56.6% de la población pertenece a la clase baja; un 42.2% a la clase media y tan solo un 1.2% a la clase alta.

De lo anterior hay que hacer una consideración: de la clase media un 14% pertenece a la clase media baja; a familias que tienen un ingreso promedio de 12 mil 300 pesos mensuales, por lo que apenas están por encima de la línea de pobreza.

Lo anterior significa que un 70.6% de la población mexicana es pobre o apenas está un poco por encima de la pobreza, tomando en cuenta a aquellos que viven contando los pesos y centavos para cubrir sus gastos indispensables cada quincena.

Solo alrededor de 36.5 millones de mexicanos se pueden considerar de clase media y media alta, mientras que los ricos, con 1.2%, apenas suman, a nivel nacional, un millón y medio, así que, en términos electorales, en votos concretos, los ricos cuentan muy poco al momento de una campaña electoral.

Las estructuras de los partidos   

En teoría, para evitar que los ricos metan mano en las elecciones y los mafiosos hagan lo mismo, el INE les proporciona a los partidos políticos un presupuesto y, también teóricamente, se los fiscaliza, de tal manera que no pueden gastar ni un peso más.

Y este dinero, que proviene del erario público y pagamos todos, no es cualquier cosa, porque además hay que sumarle lo que nos cuesta todo el aparato electoral que implementa el INE, a nivel de los estados y a nivel nacional, como será el caso de este 2024.

El gasto total para los partidos en 2024 será de 10,444 millones de pesos, de los cuales 6,609 millones de pesos son para actividades ordinarias y 3,304 millones de pesos para las campañas electorales.

Puede ver el cuadro anexo sobre lo que se le entregará a cada partido, comparado con lo que se les entregó en el 2018. El presupuesto creció más del doble, según se puede apreciar, pero el problema es que lo que viene del INE, que debería ser lo único, es solo una de las fuentes de ingreso para los partidos, quienes tienen un ingreso “negro” enorme por parte de los gobiernos que controlan, de empresarios y, cosa más delicada, de fuentes que están relacionadas con actividades ilícitas, es decir mafiosas.

¿Cómo operan entonces las campañas electorales? Cada partido, desde el más grande al más chico, forman estructuras o redes clientelares, como se quiera llamar. Estas estructuras pueden ser muy extensas y complejas y tienen como objetivo atraer y mantener una clientela electoral.

Estas estructuras o redes clientelares operan en los sectores populares y de clase media baja y aún media, en las zonas urbanas y en las rurales. Es la base de los partidos en México y no se alimenta de discursos, ni de ideales, ni de buenas voluntades, ni de espíritu cívico, mucho menos de demagogia, aunque esta venga del presidente o del señor obispo. Se alimentan de dádivas concretas; de despensas, de tinacos, bultos de cemento, pintura, impermeabilizantes, cobijas, sillas de ruedas, programas gubernamentales asistenciales y, en el día cero, es decir el día de la elección, con dinero en efectivo.

No significa que el 100% de los votos se obtienen de esa manera, porque entre la clase media y media alta tales estructuras clientelares, manejadas territorialmente, colonia a colonia, cuadra a cuadra, por “lideresas” y “líderes” (predominan las “lideresas”), no funcionan así y se debe ganar el voto a través de los medios de comunicación y del trabajo directo de campaña de los candidatos, pero la mayoría de los votos sí son controlados por tales estructuras, solo tome como referencia las estadísticas de clase baja y media baja proporcionados más arriba.

Pongamos ejemplos

Un partido, digamos el PRI, quien es en buena medida el inventor de todo esto, tiene dirigencias municipales, que controlan comités seccionales, que a su vez controlan los “liderazgos” en cada colonia o ejido, tienen que alimentarlos de manera permanente, no solo en los periodos de campaña que marca la ley electoral, sino todo el año, año con año. Eso cuesta mucho dinero; muchos millones de pesos, por lo que un partido que está en el poder tiene enormes ventajas sobre uno que no lo está, aunque si no lo está, como ya se refirió, puede recurrir a las fuentes de financiamiento oscuras, que pueden ser muy grandes.

Pongamos un ejemplo concreto. Luis Fernando Salazar Fernández, trató, en el pasado proceso electoral de 2021, ser candidato de Morena a la presidencia municipal de Torreón. Para lograrlo comenzó, con más de un año de anticipación, a crear su propia estructura clientelar, para lo cual contrató a todo un equipo de gente que trabajaba, a tiempo completo, en las colonias populares y de clase media baja del municipio.

Gastó una millonada de dinero, pero se desconoce de dónde la sacó, porque no estaba recibiendo dinero oficial para semejante operativo. Se ha filtrado que tenía patrocinio de algunos empresarios, pero en concreto nunca se supo quiénes.

Como si lo persiguiera un mal augurio, ya cuando había logrado la candidatura de Morena y, en consecuencia había gastado en una campaña publicitaria, y en esa estructura que estuvo manteniendo y le salió carísima, el INE le tumbó dicha candidatura precisamente por no poder acreditar los gastos de precampaña (se le había pasado la mano), por lo que no le quedó más que poner a su propio padre de candidato: Luis Fernando de la Asunción Salazar Woolfoik, quien la debió aceptar por compasión fraterna, pero la campaña estaba irremediablemente perdida.

¿Y la estructura que tantos millones le costó? Conservó parte de ella, para seguir buscando cargos en un futuro inmediato y al resto los mandó a su casa. Hoy es candidato a senador de la república y sigue gastando, solo que ahora se cuida mucho más.

Morena, que está en el poder y controla ya 21 gubernaturas, ha creado el aparato clientelar más grande en la historia de México.

Como partido, Morena deja mucho que desear en su organización y estructura interna, en parte debido a lo reciente de su formación; en parte a su vertiginoso crecimiento y en gran medida al caudillismo de su fundador: Andrés Manuel López Obrador, quien no tolera la formación de liderazgos fuertes que no estén dentro de su reducidísimo círculo íntimo.

Pero para compensar las deficiencias en su estructura y la división interna que existe por tantas facciones, el propio AMLO ha creado, desde el gobierno, una gigantesca red clientelar a través de 15 programas del bienestar, que beneficia a decenas de millones de personas, la mayoría de ellos pobres y gente de clase media baja.

Estos programas se han convertido en la base clientelar de Morena, por medio de los cuales, con dinero en efectivo, se compran las preferencias electorales, a lo cual hay que agregar la operación político-electoral que realizan los 21 gobernadores que ahora controla, lo que crea una plataforma enorme, aplastante. Pero, también para el partido oficial, hay otros datos.

En México solo vota aproximadamente la mitad del padrón electoral. En ocasiones especiales el índice de votación sube a un 55%, pero muy difícilmente a más.

De ese 50% del padrón cerca del 65% son votantes de un nivel socio-económico bajo y un 35% de clase media, porque la clase media vota más y, por lo menos en las próximas elecciones de junio 2, las preferencias electorales de la clase media están en contra del desempeño de AMLO y, en consecuencia, de sus candidatos. Todo ese voto es espontáneo, sin prebendas de por medio.

Otro dato es que los programas de bienestar no resuelven la vida económica de las familias. Ayudan, sí, pero no la resuelven. Hoy, por hacer una referencia, el principal ingreso que llega a las familias en México son las remesas de los inmigrantes, que pueden estar sobre los 60 mil millones de dólares anuales, más que todos los programas del bienestar, y todos los migrantes han salido por falta de oportunidades en su país y no le deben nada a ningún político, incluido AMLO.

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Redacción




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