El coronavirus desnudó al IMSS

El coronavirus desnudó al IMSS

Por: Eugenia Rodríguez

La crisis de la pandemia está teniendo muchas consecuencias sanitarias, económicas y también políticas en México.

Sanitariamente el COVID-19 vino a desnudar toda la ineficiencia y las carencias del IMSS, el principal sistema hospitalario y de asistencia social del país; un modelo que en su momento fue ejemplo para toda la América Latina y que hoy debería ser, en consecuencia, uno de los sistemas más modernos y eficientes a nivel internacional.

Lo que hemos visto es un sistema hospitalario con serios problemas de ineficiencia en sus servicios, mal equipado y mal administrado, lo que es producto de décadas de descuido.

Hemos visto también a un gobierno lopezobradorista pequeño ante la primera crisis real que se le presenta. Hay improvisación en la toma de decisiones, falta de capacidad ejecutiva, confusión provocada por razones ideológicas en un área tan delicada como la salud, al confundir la austeridad con el retiro irresponsable de recursos financieros; el ataque a lo que ya hay sin la capacidad de crear algo nuevo.

Puestos bajo riesgo y presión, el personal médico y de enfermería se ha manifestado públicamente para exigir el equipo y los materiales más indispensables para trabajar, porque ahora el costo no es ya para la salud del derechohabiente por el mal servicio, sino la propia seguridad y la falta de recursos para enfrentar a un virus que puede ser mortal, y de hecho ya lo ha sido, como lo demuestra el caso de Monclova con la muerte de varios médicos, entre ellos un subdirector y un director de clínica.

Todo un año, el de 2019, no dejó como resultado un mejor IMSS, sino un IMSS más confuso y con menos recursos técnicos y financieros. La demagogia mostró que nunca ha dejado ningún beneficio concreto. El sistema de salud del país pasa por uno de sus peores momentos, lo que contrasta con un discurso oficial que no tiene más recurso que el estar repartiendo culpas sobre el pasado y que, lejos de construir, ha destruido sistemas como el Seguro Popular sustituyéndolo con nada.

La población, después de tantos años de malos servicios médicos y de mal trato del personal, se siente agraviada y además con una baja credibilidad hacia el IMSS, mientras que el propio personal del IMSS siente que lo están mandando a enfrentar una pandemia sumamente peligrosa sin recursos, exponiéndolo y, con gran frecuencia, ejerciendo sobre él presión e incluso amenazas de tipo laboral, “por órdenes de arriba”.

La mejor inversión gubernamental en salud parece simple: invertir en modernizar, dar mayor eficiencia y ampliar el sistema de salud que ya existe, pero hasta ahora lo único que ha hecho es algo que se le da con bastante facilidad: poner todo bajo sospecha, paralizar los recursos económicos por una austeridad miope y paralizar las instituciones por una toma de decisiones centralista e incompetente, no en las manos de profesionales de la salud, sino de funcionarios inexpertos e improvisados.

A las prisas, improvisando todo, comprando insumos en el último momento y poniendo bajo presión al personal médicos y de apoyo, sólo evidencian más la desnudez del propio IMSS y de un gobierno al que ya se puede calificar de ineficiente.

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