El Bodegón julio 2019 – Coahuila y Durango: ya vámonos repartiendo

El Bodegón julio 2019 – Coahuila y Durango: ya vámonos repartiendo

Coahuila: un rompecabezas

Como en el juego de la lotería: “corre y se va”, en este caso el juego impredecible de la política. Estamos en julio y los políticos, que suelen sudar calenturas hasta en el invierno, ya están en movimiento pensando en la elección de diputados locales que se llevará a cabo en 2020, donde todos, o sea, el PRI, el PAN y Morena, quieren llevarse la mayoría de las diputaciones para pasar a controlar el Congreso del Estado, que hoy se reparten el PAN y el PRI con sus respectivos aliados, y Morena está en calidad de mero espectador.

Para el PRI es vital buscar una mayoría en el próximo congreso, ya sea por si solo o junto con alguno de sus aliados, porque esto le permite al gobernador Miguel Riquelme Solís poder seguir gobernando, con una gran cantidad de problemas, como los que sobrelleva ahora, pero finalmente gobernando.

El PAN pretende la mayoría de los diputados no porque esté muy preocupado por el sufrido pueblo de Coahuila, sino porque quiere hacerle la vida imposible al gobierno estatal y a los gobiernos municipales priistas, entre ellos al de la capital, Saltillo, lo que no ha podido hacer hasta ahora porque no tiene los suficientes diputados, aunque tiene una cantidad bastante considerable.

Por su parte, Morena quiere hacer lo que ha hecho ya en muchos estados: apoderarse del control del Congreso estatal para volverse un poder paralelo en Coahuila y hacer los amarres necesarios para ir en busca de la gubernatura, lo mismo que pretende el PAN.

Circunstancialmente, nadie parece tenerla fácil. Para comenzar la historieta de los apuros, el PAN y Morena tienen fuertes divisiones internas, más Morena que el PAN, por lo que van a tener que tratar de arreglar sus asuntos internos antes de lograr ponerse de acuerdo, primero para designar candidatos y después para sacarlos adelante.

Sin AMLO en las boletas electorales Morena no es la aplanadora que fue en la elección presidencial, como quedó demostrado en junio pasado en las elecciones para alcaldes en Durango, donde de 39 municipios apenas lograron sacar dos: uno pequeño y perdido en la serranía y otro importante pero con un margen cerrado, no arrollando. Al PAN le fue mucho mejor de lo que se esperaba, pero porque el gobierno estatal es panista y además controlan la capital, lo que les permitió ganar en la misma y en cerca de la mitad de los municipios pequeños.

Hasta la última elección, en Coahuila la disputa fue entre el PRI y el PAN, con el plus muy grande de que el PRI mantiene la gubernatura y la capital del estado, algo más o menos similar a lo que sucede en Durango con el PAN.

El PAN tiene como bastiones principales Torreón y Monclova-Frontera, además de su alianza con la UDC en el norte, donde Morena va a tratar de incrementar su presencia, pues el único municipio de tenerse en cuenta que gobiernan es Piedras Negras, con problemas por la política migratoria de la Cuarta Transformación y el sátrapa de Donald Trump.

 


EL REPARTO DEL PASTEL

Si pasa lo que en Durango, la elección del año entrante se podría repartir en dos bloques grandes para el PRI y el PAN y uno menor para Morena, pero ya se sabe que esto de los pronósticos futuristas en política es uno de los caminos más cortos al ridículo.

Ni el brujo mayor de Catemaco da una a la hora de hacer pronósticos en los tiempos que corren, donde de verdad se requiere magia para atinarle quiénes serán los ganadores y quiénes los perdedores.

El comportamiento del electorado es toda una adivinanza. Vea si no el caso del vecino municipio de Gómez Palacio, donde el PRI dio por perdida la elección desde el inicio y Morena se ufanaba de que podía poner a quien quisiera como candidato y arrasaba.

En la parte final de la campaña el PRI se encontró con la sorpresa de que tenía posibilidades de ganar, pero no había invertido los recursos suficientes para hacerlo; a su vez Morena se encontró con que podía perder y sufrió cuando vio los primeros resultados, aunque al final haya ganado con un cerrado margen.

El electorado, decepcionado con las opciones electorales que le ofrecían o con lo que esperaba, se ausentó de las urnas y sólo acudió a depositar su voto un 34% del padrón, en lo que es el récord de abstencionismo en una elección municipal de Gómez Palacio.

¿Y si el año que entra el electorado coahuilense se encuentra igual de decepcionado y no acude a votar en regiones como La Laguna? La idea no es nada descabellada. El PAN hoy sólo mantiene su clientela dura porque ha perdido mucho de sus simpatizantes espontáneos, mientras que en Matamoros, Francisco I. Madero y San Pedro el nivel de aprobación de los nuevos gobiernos está de la media hacia abajo. En Matamoros están viviendo un gobierno sin pies ni cabeza y en Francisco I. Madero y San Pedro hay apatía, decepción, por lo menos si hacemos las cuentas sobre los meses que han transcurrido del año.

Por otros rumbos, el PRI parece estar bien posicionado en Saltillo capital y sus alrededores, lo que le puede dar bastantes votos.

Finalmente podría suceder que nadie se lleve una mayoría en la elección de los diputados del Congreso del Estado y las cosas sigan más o menos como están, lo que no estaría nada mal para el gobierno de Miguel Riquelme Solís, que hasta ahora ha podido sacar adelante sus principales asuntos sin tener que enfrentarse a un congreso beligerante y en plan de guerra, o al servicio del poder central, que sería más o menos la misma cosa.

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