Editorial abril 2019

El alcalde no escucha

La vejez era sinónimo de sabiduría entre los griegos y otras culturas occidentales de la antigüedad, por ello el consejo de ancianos mandaba, pero actualmente las cosas han cambiado, y mucho, todo depende de cómo se envejezca.

Hay quienes envejecen bien, tanto en su persona en general como en su oficio. De ahí el adagio de “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

¿Cuál es el caso de Jorge Zermeño Infante como político? Lo que vemos todos los días es que, como político, Jorge Zermeño ha envejecido mal, ahora que recién ha cumplido los 70 años en febrero pasado.

Siempre tuvo ese dejo algo amargo, pero ahora se ha vuelto un político con necedad y arrogancia, lo que ha acentuado el hecho de que nunca fue un hombre brillante, aunque sí con bastante suerte en la política.

Esa necedad y arrogancia, aunadas a su avanzada edad, lo han hecho un hombre que no escucha; que se monta en el enojo ante la crítica o ante los señalamientos más legítimos, tanto por parte de los ciudadanos como de los diversos organismos de la sociedad civil, de aquellos que le llevaron al poder con la expectativa de que encabezaría un cambio.

Como él no se equivoca y no tiene consejo qué recibir, ni defecto alguno, solapa la ineficiencia y, lo que es peor, la corrupción de todo su equipo de trabajo, no importa lo que hagan y no importan las evidencias.

Como él es diferente a los demás políticos, nadie le puede cuestionar y si alguien le dice, por ejemplo, que su primer año fue pobre en obras, lejos de reconocerlo, descalifica, ataca y, literalmente, muestra que no le importa quién diga y cómo lo diga.

En el caso de la desaparecida Dirección de Desarrollo Económico, donde había comprobada ineptitud y corrupción, le da otro buen cargo al ex director inepto y corrupto, descalifica la denuncia de corrupción de la nueva directora que él mismo designo y desaparece la dependencia, todo por no aceptar, con humildad, que las cosas están mal y lo están en un área especialmente crítica.

Los organismos empresariales tienen que intervenir para tratar de hacerle entrar en razón, y sólo lo acepta a medias y a regañadientes, desde esa postura pesada de autosuficiencia y con la infaltable referencia a su desempeño de hace 20 años; desempeño que fue, en términos objetivos, más bien mediocre.

El nivel de aprobación ciudadana es ya un tobogán de bajada, pero Jorge Zermeño no escucha a nadie y protege a su pobre equipo de colaboradores. Imagine nada más que su Director General de Asuntos Administrativos apenas terminó los estudios de nivel primaria. ¿Con qué recursos profesionales administra José Antonio Loera López?

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