Las cámaras empresariales: un papel deplorable por los intereses creados

Las cámaras empresariales: un papel deplorable por los intereses creados

Por: Eugenia Rodríguez

La casi totalidad de los organismos empresariales se han mantenidos callados o con la voz baja, protegiendo los intereses de unos cuantos, no del grueso de sus afiliados

Cuando la pandemia del Covid-19 golpeó como terremoto a todas la micro y pequeñas empresas, y en general a todo el sector empresarial mexicano, el gobierno de AMLO se mantuvo de brazos cruzados: no dio un solo apoyo, aun consciente de que la micro y la pequeña empresa son las principales generadoras de empleo a nivel nacional.

En general la política del actual gobierno obradorista no cree en la libre empresa, aunque esta sea la base de la riqueza nacional; cree en el estado y en las empresas paraestatales, a las cuales ha apoyado de manera decidida, aún si éstas son altamente deficitarias y algunas, como PEMEX, se han convertido en una amenaza para las finanzas públicas nacionales, debido a una deuda que supera ya los 100 mil millones de dólares.

Ante una política populista; ante el intento de vuelta a la injerencia desmedida del estado en la economía y ante las políticas desmesuradas de gasto público, la casi totalidad de los organismos empresariales se han mantenidos callados o con la voz baja, protegiendo los intereses de unos cuantos, no del grueso de sus afiliados, inclusive tratándose de cámaras que, se supone, representan a sectores específicos de la economía, como el comercio, el transporte, la agricultura, el turismo, la construcción, solo por mencionar algunas.

Pero no solo son pasivos ante el gobierno central, sino también ante los gobiernos estatales y los municipales.

Pongamos por ejemplo la CANACOTO, Cámara Nacional del Comercio de Torreón. Un negocio modesto, de apenas uno o dos empleados, tiene que pagar a la CANACOTO 1,500 pesos anuales por cuota de afiliación, más 100 pesos por un servicio llamado SIEM, que se supone es un servicio de información económica que nadie sabe dónde está o para qué sirve.

¿Qué se recibe a cambio de los 1,500 pesos anuales?, sobre los cuales no hay por cierto rendición de cuentas; cursos de capacitación, o más bien charlas, con cupo limitado y sobre diversos temas que pueden ser o no de interés.

El problema es que eso no es lo que verdaderamente le importa a los comerciantes, desde el más modesto hasta los grandes comercios. La CANACOTO debió alzar la voz y alzarla fuerte durante los años de la pandemia, exigiendo apoyos gubernamentales. Debe, y no lo hace, representar al gremio ante los gobiernos municipales, sobre decisiones y programas que son de interés.

Si ponemos un ejemplo podemos citar el caso del llamado Centro Histórico, un cuento de nunca acabar, donde no se avanza gobierno tras gobierno, cuando todos los ciudadanos tienen que pagar una cuota anual indexada, indebidamente, al impuesto predial de cada año. ¿Dónde está un proyecto a corto, mediano y largo plazo sobre ese sector de la ciudad? ¿Dónde está la voz de la CANACOTO que deja solos a los comerciantes del Paseo Morelos en sus demandas frente al gobierno municipal?

Este año la llamada licencia de funcionamiento municipal fue condicionada al pago del impuesto predial, bajo la amenaza de cerrar los negocios si el arrendatario no pagaba el predial y el comerciante no podía obtener dicha licencia. La CANACOTO no dijo nada.

Lo que sí hacen los dirigentes de la CANACOTO es usar sus cargos para buscar, y obtener, cargos públicos.

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