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¿Quién pagará el dinero que regala el gobierno de AMLO?

Análisis Político y Social / Especiales / Slider / 30 enero, 2024

Por: Marcela Valles

Cuando termine este sexenio, dentro de apenas siete meses, la deuda pública de México habrá aumentado en 5 billones de pesos, que tendrán que ser pagados por todos los mexicanos que realizan una actividad productiva.

No existe seductor más grande que el dinero; tampoco existe forma más eficaz de comprar voluntades que “regalar” dinero.

Seguramente ha escuchado más de una vez esa lagrimosa canción llamada “No llores por mi Argentina”, que es como el himno oficial del populismo peronista argentino.

La canción está dedicada a Evita Perón, esposa de Juan Domingo Perón, el padre del “justicialismo” o si se le quiere llamar “populismo” argentino, a partir de su llegada al poder a mediados de los años cuarenta del siglo pasado, en plena segunda guerra mundial, cuando Argentina era considerada como una de las naciones más ricas del mundo.

Entre Evita, que había sido una mediocre actriz, una resentida social y una extraordinaria manipuladora radiofónica, y Juan Domingo Perón, se encargaron de establecer el peronismo y de convertir a Argentina en un pobre país subdesarrollado, que hoy solo tiene en abundancia lo arrogante, de aquello que fue y pudo ser.

Esta Evita era una populista a lo grande, según refiere textualmente en su obra “Redentores, ideas y poder en América Latina” Enrique Krauze (página 307), “En la navidad de 1947 regaló 5 millones de juguetes; año con año repartió decenas de miles de zapatos, pantalones, vestidos, ollas, productos comestibles, biberones, muñecas, pelotas, triciclos; las máquinas de coser y las dentaduras postizas eran su obsesión; los primeros seis meses de 1951, la fundación que encabezaba donó 25,000 casas y tres millones de paquetes de medicinas, bicicletas y muebles. Llegó al grado de incendiar algunas ‘villas miseria’ -casas de madera donde se hacinaban los pobres- y construirles casas nuevas que ellos a menudo maltrataban y ella, personalmente, volvía a ordenar reconstruirlas. ¡Ustedes tienen el derecho de pedir!, exclamaba a sus extasiados beneficiarios, mientras multiplicaba no solo los panes gratuitos sino una obra social tan alucinante como tangible y no pocas veces eficaz: ciudades de estudiantes, ciudades infantiles (especie de pre Disneylandia), institutos policlínicos, pensiones para ancianos, hospitales móviles en tren. ¿Quién pagaba la cuenta? No Eva misma, sino las reservas argentinas acumuladas en décadas, los propios obreros con sus donaciones ‘voluntarias’ y, por supuesto, la posteridad endeudada, empobrecida, devorada por la inflación.

La fuente de Krauze es la excelente biografía de Evita Perón escrita por Alicia Dujovne Ortiz, de la cual el historiador mexicano sólo hace algunas de las más importantes referencias.

Ya por su cuenta, Krauze comenta: “El peronismo fue seguramente el primer régimen populista de América Latina. Lo caracterizaron al menos tres rasgos: movilización vertical de las masas, tendencia a privilegiar la demanda social por encima de la energía productiva de la nación (con desastrosas consecuencias económicas) y, sobre todo, el culto al líder, al caudillo…El peronismo fue un programa vertical de distribución, alentado por la propaganda oficial y el resentimiento social. Distorsionó en cientos de miles de personas el sentido mismo de la responsabilidad económica. Inoculó una mentalidad becaria”.

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Regalando de esa manera y haciendo obras sociales de toda naturaleza, además ayudada por su muerte prematura, Evita no podía ser sino una “santa” para la posteridad, pues además Juan Domingo Perón se encargaría de dejar tal herencia política de un populismo de izquierda y de derecha que se prolonga hasta nuestros días, en un país argentino que inexplicablemente es una economía pobre y subdesarrollada, teniendo recursos naturales extraordinarios y grandes ventajas étnicas y culturales.

Como podrá concluirse, Andrés Manuel López Obrador no es sino un aprendiz de brujo, comparado con los fundadores del populismo en América; un aprendiz de brujo que sin embargo hace su tarea en un país y en un tiempo mucho más complicado, además teniendo la vecindad de la potencia mundial capitalista, de la cual, dolorosamente, somos el traspatio, en el sentido económico, no en los otros.

Así que ¿De donde sale el dinero que regala López Obrador? Cuando termine este sexenio, dentro de apenas siete meses, la deuda pública de México habrá aumentado en 5 billones de pesos, que tendrán que ser pagados por todos los mexicanos que realizan una actividad productiva.

Para obtener dinero y poder “regalarlo”, López Obrador ha exprimido las finanzas públicas no solo del gobierno federal sino de casi todos los estados del país. Ha puesto a pan y agua a muchas instituciones, deteriorando el sistema educativo, el de salud, el de ciencia y tecnología y la infraestructura en general, pero todo eso no bastó: hubo que recurrir al endeudamiento para poder “regalar” todo el dinero posible, dejando un desequilibrio riesgoso entre los ingresos reales de la federación y el gasto que se realiza, comprometiendo al próximo gobierno, para poder él “pasar a la historia” y dejar como sucesora a una presidenta que pretenderá manipular a su antojo.

El problema es que, si queda Claudia Sheinbaum y sigue con las mismas políticas, la economía del país estará metida en serios problemas, cuando hoy somos al menos cinco veces más ricos que Argentina, aunque seguimos teniendo fuertes desequilibrios y problemas estructurales, algunos de los cuales se han agudizado con López Obrador, como educación, salud y seguridad, nada menos.

Cada peso y cada obra suntuaria que “regala” el actual gobierno hay que pagarlos, y por supuesto que no lo pagará AMLO sino quienes trabajamos y pagamos impuestos, por lo pronto ya debemos 5 billones de pesos más a lo que debíamos en 2018.


El lado negro de evita

A manera de curiosidad histórica, “Santa” Evita Perón, o Evita Duarte, su apellido original, es un personaje atrozmente contradictorio, pues paralelamente a su labor de “hada madrina” de los descamisados argentinos, era, como frustrada actriz de cine, una fanática de la moda.

En su obra “Eva Perón, la biografía”, Alicia Dujovne Ortiz consigna, puntualmente, que afirmaba públicamente: “A los pobres les gusta verme linda, no quieren que los proteja una vieja mal vestida. Ellos sueñan conmigo y yo no puedo decepcionarlos”.

“Las joyas la enloquecían, continúa Dujovne Ortiz, o, más bien, la nutrían y tranquilizaban, pero no desdeñaba el dinero contante y sonante. Al morir poseía 1,200 plaquetas de oro y plata, tres lingotes de platino, 756 objetos de platería y orfebrería, 144 broches de marfil, una esmeralda de 48 quilates, 1,653 brillantes, 120 pulseras y 100 relojes de oro, collares y broches de platino, otras piedras preciosas, además de acciones e inmuebles, todo valuado en decenas de millones de dólares”, y dólares de mediados del siglo pasado.

No solo era el “hada madrina de los argentinos”, “la dama de la esperanza”, la “buena samaritana”, sino una mujer con una ambición enfermiza de poder y, adivine usted ¿Cuál era su máxima pretensión después de alcanzar la gloria y la veneración de los argentinos? “Yo lo que quiero es pasar a la historia”, afirmaba sin modestia alguna.

Enferma de cáncer de útero, sabiéndose moribunda, pensó en alcanzar la inmortalidad y ordenó que, como reina egipcia, la embalsamaran a su muerte, la que ocurrió a los 33 años de edad, el 26 de junio de 1952. A su funeral acudieron medio millón de personas, que le lanzaron 1.5 millones de rosas amarillas.

Macabramente, su momia estuvo errante por décadas, enterrada y desenterrada varias veces, hasta que alcanzó el reposo final en el Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, en 1976, curiosamente el mismo año en que fue compuesta esa lagrimosa canción de “No llores por mi Argentina”, cuya letra fue compuesta por Tim Rice y la música por Andrew Lloyd Webber, norteamericanos los dos, teniendo a su mejor intérprete en Nacha Guevara, cantante argentina, que es muy probablemente la versión que usted ha escuchado.

¿Junto a Evita y Juan Domingo Perón nuestro actual señor presidente no parece más que un aprendiz de brujo tratándose de populismo? Lo que no evita que se haya tomado prestada la aspiración máxima de Evita: “Yo lo que quiero es pasar a la historia…”.

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