El escenario electoral de 2024 no será un paseo para Morena

El escenario electoral de 2024 no será un paseo para Morena

Por: Gerardo Lozano

En este nuevo escenario de 2024, la primera lectura, que es la lectura oficial, el partido Morena, en lo que sería una elección de estado, arrasaría a la oposición, pero en una lectura más rigurosa, existen muchos factores que no estaban en el 2018, y el más importante de ellos es que AMLO no estará en la boleta

El escenario político-electoral de 2018 le dio todas las ventajas imaginables a Andrés Manuel López Obrador, lo que le permitió ganar con un poco más del 50% de los votos, algo excepcional para iniciar su gobierno con una mayoría aplastante sobre una oposición débil, desmoralizada y sin rumbo.

Todo se dio como por encargo en 2018. Enrique Peña Nieto pactó la elección, lanzando al peor candidato posible del PRI, no intervino en la elección y, por añadidura, atacó a Ricardo Anaya, candidato del PAN, quien había amenazado de meterlo a la cárcel en caso de ganar.

El PRI contaba con la mayoría de gobernadores en ese 2018, pero muchos se cruzaron de brazos y, más tarde, venderían, literalmente, las elecciones estatales a Morena a cambio de impunidad y de beneficios directos, con lo cual Morena pudo arrasar en la mayoría de los estados.

Los candidatos opositores de AMLO fueron de un muy bajo perfil. José Antonio Meade, del PRI, un tecnócrata gelatinoso, amorfo, sin atractivo alguno; Ricardo Anaya, del PAN, un político ambicioso, muy joven y con una historia persona incoherente y Jaime Rodríguez, “El Bronco”, un político independiente, pero torpe en su discurso y con grandes limitaciones. No había competencia ante la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, quien además se benefició de la pésima imagen pública de Enrique Peña Nieto.

Fotografía de archivo de la candidata presidencial Xóchitl Gálvez. EFE/ Mario Guzmán

UN 2024 CON ESCENARIO NUEVO

2024 parece tener un escenario completamente distinto. Tendremos un nuevo partido oficial, Morena, que depende en todo de la popularidad y la manipulación del propio presidente, en lo que es una versión recargada de lo que fuera la peor versión del PRI en los años setentas del siglo pasado, solo que con una sociedad mucho más abierta y crítica.

La candidata oficial, Claudia Sheinbaum, tendrá como jefe de campaña al propio AMLO; tendrá a su disposición todos los programas asistenciales gubernamentales y tendrá todo el dinero que haga falta, ya sea que este provenga de los 21 gobiernos estatales que controlan, del propio gobierno federal o de los grandes millonarios que han sido beneficiados en este sexenio, que no son pocos.

Pareciera un poder apabullante, invencible, y así lo promueven, pero hay varios aspectos que han cambiado.

En 2024 si habrá una candidata de oposición, Xóchitl Gálvez, competitiva, carismática y también pragmática, quien supera en capacidad y liderazgo natural a la candidata oficial, lo que es una diferencia importante.

El PRI ha sido reducido a dos gubernaturas, en una de las cuales, Durango, el gobernador Esteban Villegas está bajo sospecha de ser leal a los partidos que lo llevaron al cargo, pero en los treinta estados restantes la estructura priista, que sigue existiendo, estará bajo el mando directo de la dirigencia nacional y tiene la motivación de sentir la desgracia de lo que significa estar fuera del poder, y ser maltratada por los nuevos gobiernos morenistas. Harán todo cuanto puedan por volver a tener beneficios.

El PAN, a través de la candidatura de Xóchitl Gálvez, ha prendido la motivación de su clientela dura y tradicional, que estaba desmotivada y escéptica, pero también está prendiendo el entusiasmo de una amplia clase media que está abiertamente en contra del gobierno de López Obrador.

En una campaña electoral, obligadamente el partido que está en el poder tiene que asumir los costos de los errores y la ineficiencia del gobierno saliente. López Obrador tiene en su haber el acierto de una parte de los programas del bienestar y los frutos de un populismo que indudablemente penetra en sectores sociales amplios, pero fuera de esto tiene fuertes pasivos, a la cabeza de los cuales está la inseguridad, el desastre en el sistema de salud, el saldo en materia educativa y el cuestionamiento de sus principales obras, entre los más importantes.

Si la oposición garantiza no solo sostener sino mejorar los programas del bienestar y, al mismo tiempo, realiza una crítica eficaz sobre los errores y deficiencias del gobierno de López Obrador, puede encontrar una clientela muy amplia.

Como lo demuestran los datos del propio CONEVAL, los pobres entre los pobres no están siendo atendidos, mientras que 30 millones de mexicanos han quedado fuera de cualquier servicio de atención médica pública. Otro porcentaje importante sufre de carencias educativas y casi todo el país enfrenta problemas de seguridad.

Varias minorías, que suelen ser muy activas en un proceso electoral, no han sido atendidas o inclusive maltratadas por el actual gobierno, como el movimiento feminista, las familias de los desaparecidos, las víctimas directas del crimen organizado, las familias de los migrantes, el gremio intelectual y artístico y hasta una buena parte del gremio de los deportistas.

Buena parte de los multimillonarios nunca arriesgan nada y esperan siempre negociar en forma individual con el poder, como ha sucedido, pero la otra parte del empresariado, que es mayoría, no simpatiza con el gobierno de López Obrador y parece estar en el ánimo de asumir una postura activa en el proceso de 2024.

Queda la duda de quién será el tercer candidato, que podría surgir del partido Movimiento Ciudadano, pero, cuando el proceso formal aún no ha comenzado, este partido de oposición ya se partió y, más de la mitad, se ha pronunciado por ir en compañía del bloque opositor, mientras que su dirigente nacional y apoderado de la membresía, Dante Delgado, insiste en ir en solitario, algo que ha sido alentado por AMLO, pues sería una oportunidad de tratar de dividir el voto opositor.

El único activo presidenciable que le queda a Movimiento Ciudadano es Samuel García, el gobernador de Nuevo León, un muchacho de 35 años que está apenas en la etapa inicial de su gobierno, pero que tiene a un lado al clan empresarial más importante e independiente fuera de la capital del país, a quienes, obligadamente, debe escuchar su opinión, pero además en Nuevo León la oposición conserva una presencia fuerte, pues Samuel García ganó con un estrecho margen, en buena medida gracias a las artes de su esposa, quien es una importante “influencer” en el área metropolitana de Monterrey. Si la mayoría del congreso estatal, que pertenece a la oposición, no le da su voto, Samuel García no puede ser candidato, a menos que renuncie a la gubernatura, lo que sería un error enorme, lo mismo que una imperdonable irresponsabilidad.

En este nuevo escenario de 2024, la primera lectura, que es la lectura oficial, el partido Morena, en lo que sería una elección de estado, arrasaría a la oposición, pero en una lectura más rigurosa, existen muchos factores que no estaban en el 2018, y el más importante de ellos es que AMLO no estará en la boleta.

Falta considerar, como un elemento más, el “fuego amigo” que se puede desatar al interior de Morena. Marcelo Ebrard, quien amenazó con provocar una ruptura al interior de Morena y generó grandes expectativas, tuvo, como dice el dicho: arranque de jaca andaluza y parada de burro manchego. Fue una gran decepción para quienes le siguieron como precandidato, pero finalmente representa una facción que está inconforme con la candidatura de Claudia Sheinbaum. Lo mismo le pasa a Adán Augusto López, pero este no encabeza una corriente al interior del partido oficial.

El excanciller mexicano Marcelo Ebrard habla durante el cierre de gira política, el 27 de agosto de 2023, en La Arena de Ciudad de México (México). EFE/Mario Guzmán

UNA ELECCIÓN HISTÓRICA

La de 2024 será la elección más grande que se haya realizado en México, pues se renueva la presidencia de la república, el senado, la cámara de diputados, 9 gubernaturas, 31 congresos estatales y gobiernos municipales en 30 estados. Se elegirán nada menos que 20,260 cargos públicos, con un padrón electoral nacional que está ya en los 98 millones de votantes.

Esta diversificación del proceso electoral hará que la contienda se dé, literalmente, municipio a municipio, estado a estado, y eso puede ser ventajoso para los partidos de la oposición, dado que Morena tiene ya saldos en contra en varios estados que gobierna a nivel estatal, como puede ser Michoacán, Guerrero, Sonora, solo por citar algunos de ellos.

¿Podrá el actual INE manejar adecuadamente una elección de esa magnitud? Hay algunas reservas sobre la capacidad del INE, después de la salida de Lorenzo Córdova. De entrada, el Instituto permitió la realización ilegal de precampañas electorales medio año antes de lo establecido por la ley, y ese es un muy mal antecedente, pues debió parar a todos los partidos y obligarlos a apegarse a la ley, pero Andrés Manuel López Obrador ha hecho lo que ha querido, ante un INE tibio.

El problema más grande para el INE es que en 2024 estaremos ante una elección de estado, mucho más agresiva de las elecciones presidenciales que vivimos en el periodo de la presidencia imperial priista. Para Andrés Manuel López Obrador es absolutamente inaceptable una posible derrota, que jamás reconocería, pero todavía más: tenía pensado arrasar con la oposición, a tal grado, que el próximo gobierno terminará de concretar un gobierno autoritario, sin contrapesos, sin una oposición fuerte, para concentrar todo el poder en la presidencia, subordinando al poder legislativo y judicial, además de controlar la abrumadora mayoría de las gubernaturas.

Todo indica, por lo menos desde el escenario de hoy, que va haber oposición y esta puede alcanzar proporciones muy importantes. 2024 puede estar muy lejos de ser un mero paseo electoral para el partido en el poder y los planes de transexenales de AMLO, manejando el posible gobierno de Claudia Sheinbaum.

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