Jorge Luis Morán y otras historias retorcidas de abogados laguneros

Jorge Luis Morán y otras historias retorcidas de abogados laguneros

Por: Álvaro González

Jorge Luis Morán es un político, no un abogado, mucho menos distinguido, y como político es uno de los personajes más turbios de su generación

Hace cosa de 40 años, allá por 1985, Jesús Sotomayor Garza, era el coordinador de la Unidad Torreón de la UAdeC y comandaba a una horda de porros, tan salvajes que hicieron época. Su principal acto de barbarie fue la toma del edificio de la rectoría universitaria en Saltillo, la cual destrozaron, a tal grado que boquetearon, por la parte trasera, la caja de seguridad, que debería tener al menos dos metros de alto y uno y medio metros de ancho.

Cuando finalmente abandonaron el edificio, aquello era un desastre espantoso, del cual Revista de Coahuila guarda una colección de fotografías, en lo que llamamos el cajón de las infamias.

El secretario del rector Jaime Ortiz Cárdenas, era un abogado recién graduado, llamado Jorge Luis Morán, quien formaba parte del grupo político contrario al de Jesús Sotomayor Garza, lo que significaba que eran enemigos acérrimos y lo siguieron siendo por muchos años, décadas, aunque cada quien tomó caminos diferentes, incluidos los integrantes de aquella horda salvaje de porros, entre los cuales uno fue nada menos que jefe policiaco en Torreón.

El pasado 12 de julio, día del abogado en México, el presidente del colegio de abogados local, quien es nada menos que Jesús Sotomayor Garza, le hizo la entrega de un reconocimiento como abogado distinguido a Jorge Luis Morán, quien lo recibió de manos de Sotomayor Garza y del propio Miguel Mery Ayub, magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Coahuila.

Jorge Luis Morán es un político, no un abogado, mucho menos distinguido, y como político es uno de los personajes más turbios de su generación. 

Después de haber traicionado a quienes sostuvieron su ya larga carrera política, hoy milita en Morena, donde se ha convertido en un personaje de segunda fila. Dada su turbiedad, no son pocos los que opinan que es realmente un infiltrado.

Por lo menos en México la carrera de abogado goza, en general, de muy mala fama, haciendo sus muy honrosas excepciones, que las hay, pero la abogacía es una de las profesiones que más se ha corrompido, a la par del sistema judicial mexicano. 

Además de la corrupción, el nivel profesional de gran parte de los egresados de abogacía suele ser bajo, en la que es la peor de las combinaciones.

Pero en Torreón, como en el resto del país opera hoy toda una subcultura de la simulación y la impostura. 

Tenemos personajes “distinguidos” con el clóset lleno de basura y turbiedades. Tenemos cronistas e historiadores que no tienen la más mínima formación profesional en historia, pero en su momento algún político les hizo el favor, o se lo hicieron ellos mismos a base de saliva.

Tenemos muchos, muchos políticos que dicen que son abogados, pero jamás han litigado y lo que conocen de derecho lo utilizan para burlar las leyes y saquear el erario público u ostentar posiciones de poder. 

Tenemos, cada sexenio, una nueva camada de notarios públicos, tantos que el número de notarías parece tratar de competir con el número de sucursales de las tiendas Oxxo, pero muchos de ellos son políticos, que no saben nada de la profesión del notariado, aunque tengan oficinas de lujo. Lo que sí saben es como utilizar el notariado para realizar trapacerías y fraudes con el fíat que les fue regalado.

Los principales cargos dentro del poder judicial están soportados políticamente, no en base a profesionales que hayan realizado una brillante carrera como jurisconsultos. Eso es lo primero que debe de aprender un abogado que se inicia como litigante

Hoy, Jorge Luis Morán Delgado es un “distinguido” abogado, porque en la retorcida mente de algún político de filiación priista, donde hizo toda su carrera política el falso homenajeado, decidió que hay que “tender puentes” con Morena, no vaya a ser la de malas que en la próxima elección las cosas se pongan feas, y no haya conocidos y “abogados distinguidos” con los cuales platicar.

Contar ahora la turbia historia política de Jorge Luis Morán es algo fatigoso, por lo retorcida, oscura y larga, por ahora basta decir que designarlo como “abogado distinguido” es un disparate, por el lado que se le quiera ver, y es un ejemplo acabadísimo de la simulación y el mundo de mentiras que ciertos personajes tratan de crear, olvidando que una de las funciones principales del oficio periodístico es preservar la memoria colectiva del conveniente y falso olvido. Es una de las grandes ventajas de contar en Torreón con hemerotecas que tienen más de 100 años y son casi tan viejas y memoriosas como la ciudad misma. 

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