Por: Eduardo Rodríguez
Si es discutible que Antonio Attolini tenga razón en muchas de las denuncias que emprende, donde su cliente principal es el actual gobierno municipal, en el caso de José Ganem parece que ha atinado, y prueba de ello es que Ganem ha tenido que ser removido del cargo de una fea manera
Con gran frecuencia protagónico, histriónico y con un discurso poco serio, el diputado morenista Antonio Attolini Murra ha realizado una gran obra de caridad, al ayudar a poner fuera del gobierno municipal a José Ganem, un político impresentable a quien, en una mala decisión, habían colocado como Secretario del Ayuntamiento, un cargo que tuvo que dejar, pues desde su inicio mismo tuvo un desempeño inaceptable.
Hoy, dolido, desplazado, José Ganem pide derecho de réplica en los medios de comunicación para cuestionar a Antonio Attolini Murra, que si de algo disfruta es de la polémica.
Ganem se queja de que ha sido atacado no solo él sino también su familia, pero eso es parte de un problema muy desagradable en la política: el nepotismo; la colocación de parientes en cargos públicos sin más mérito que ese: ser parientes y beneficiarse de la nómina y de las canonjías que suelen ir de la mano con muchos puestos gubernamentales.
Todo nepotismo es injustificado, lo mismo si se hace a través de los hijos, los hermanos, los padres o la esposa, pero en el caso de las esposas se torna especialmente desagradable, porque cualquier crítica, cuestionamiento o denuncia en torno a la esposa suele tomarse como algo personal.
José Ganem, que tiene mucho trapo sucio de donde jalar en asuntos de negocios con instancias públicas, tuvo a bien colocar a su esposa Martha Rodríguez como directora del Tribunal Municipal de Torreón, un cargo muy delicado por su naturaleza misma, donde está sujeta a la crítica y a cometer errores que pueden trascender a la opinión pública, pero el caso es que está en el cargo por la principal razón de ser esposa de José Ganem.
Si es discutible que Antonio Attolini tenga razón en muchas de las denuncias que emprende, donde su cliente principal es el actual gobierno municipal, en el caso de José Ganem parece que ha atinado, y prueba de ello es que Ganem ha tenido que ser removido del cargo de una fea manera, por lo que se entiende que esté cabreado, pero argumentos en su defensa tiene pocos, como también son muy pocos quienes saldrán en su defensa, por no decir nadie.
Pero si se trata de caminar sobre un piso parejo, habrá que reconocer que, en el caso del partido Morena, del cual es diputado y animador Antonio Attolini, hay casos igual de desagradables, en los cuales se mete a las esposas en la política y eso se presta a situaciones muy incómodas, no solo para los propios políticos sino para los periodistas y observadores de la cosa pública.
Shamir Fernández, expriista hasta el 2022 y excandidato a la presidencia municipal de Torreón por Morena, ha metido a la política a su esposa: Pily de Aguinaga, a quien lanzó como candidata a diputada local, sin tener ninguna experiencia previa en asuntos partidistas y mucho menos electorales, pero sí muchas ganas de protagonismo.

En su campaña por la diputación se dio un incidente muy desagradable de violencia entre lideresas de colonias, un ambiente que siempre ha sido bastante rudo, dadas las características del ambiente popular y lo caldeado que estaban los ánimos. Pily de Aguinaga estaba en medio del mitote, que fue exclusivamente entre mujeres y se dijo agredida físicamente, algo que nunca fue debidamente probado, pero que utilizó en algunos medios, donde, por alguna razón, tiene la puerta más que abierta.
El incidente fue penoso, pero principalmente incómodo, por tratarse de la esposa de Shamir Fernández, quien fue hecha candidata por artes del nepotismo, pasando por encima de militantes que tienen muchos más méritos dentro de Morena.
La pregunta obligada de todo el medio político comarcano era ¿Qué necesidad de traer a la esposa en medio de escándalos y situaciones penosas? Pero eso es parte del costo del nepotismo.
Hay otros casos donde son las esposas, que están en la política, quienes atraen al esposo o pareja a un cargo público, como sucede con la senadora de Morena, Cecilia Guadiana, quien estableció romance con Américo Villarreal, hijo del gobernador morenista de Tamaulipas del mismo nombre, a quien le buscaron el cargo de Delegado de los Programas del Bienestar en Coahuila, sin ser del estado, y con el propósito principal de estar junto a su ahora pareja.
Américo Villarreal es un junior, que se comporta como tal. Ha recibido señalamientos fuertes, como la denuncia documentada de tener el hábito de viajar muy frecuentemente en vuelos privados, que son carísimos. La denuncia pública, que estaba detalladísima, no mereció nunca ni tan siquiera una explicación, mucho menos una comprobación, de dónde saca semejantes cantidades de dinero para rentar cotidianamente aviones particulares.
Cecilia Guadiana se está apoyando en el cargo de Américo Villarreal, es decir en los programas del bienestar que maneja, para buscar la gubernatura del estado, lo que no es algo correcto, por el lado que se le quiera ver.
Hay otro caso que llama bastante la atención, porque se ha constituido como una de las camarillas más estratégicas del morenismo en Coahuila.
Cintia Cuevas Sánchez, diputada federal, quien controla los llamados Coordinadores Operativos Territoriales, COTS, del partido, pero junto con su esposo: Fernando Hernández y, al mismo tiempo, han logrado colocar a Nancy Cuevas Sánchez como la Secretaria de Finanzas de Morena a nivel estatal, lo que les da el control sobre el dinero y sobre la estructura territorial del partido.
Sin hacer tanto ruido han conformado una bonita familia política de color moreno, con un poder decisivo sobre los procesos electorales que están por venir, en los que se renovarán en Coahuila las diputaciones locales que integran el Congreso.
Si alguien se confronta con Fernando Hernández; se confronta con Cintia Cuevas y con su hermana Nancy, algo que debe de ser bastante incómodo.
Tal vez el problema de José Ganem sea el nepotismo, pero también sus errores personales y los antecedentes familiares que arrastra, lo que le ha hecho un cliente bastante a modo del diputado Antonio Attolini, quien le ha dado con la misma alegría con que se apalea una piñata.







