Por: Rodrigo Tejeda
Su militancia política transcurre en las aulas, en las tertulias, en los libros, en los eventos partidistas, pero sin ninguna represión ni censura. Una militancia en todo caso bastante cómoda y poco riesgosa.
Los analistas políticos que han seguido la vida política de Claudia Sheinbaum afirman que es izquierdista, inclusive más que el propio Andrés Manuel López Obrador, quien de origen y formación es un expriista del periodo del populismo de los años setenta.
¿Pero de dónde el izquierdismo de Claudia Sheinbaum, de quién incluso algunos la ubican como creyente del comunismo, una ideología radical que hace décadas está de salida, aún en sociedades como Rusia y la misma China?
Claudia Sheinbaum afirma haber tenido una militancia de izquierda en la UNAM, pero cuando el movimiento del 1968 tenía apenas 5 años de edad; era una niña que ni tan siquiera había entrado a la escuela primaria. Ingresa a la UNAM 13 años después, en los inicios del periodo de Miguel de la Madrid Hurtado como presidente, y se beneficia, ella y Carlos Imaz, quien sería su esposo, del generoso sistema de becas que brindaba entonces el estado, lo que les convierte a ambos en doctores en grado académico y, en consecuencia, parte de una élite universitaria muy bien remunerada y con grandes privilegios.
Claudia Sheinbaum estuvo en la Universidad de California Berkeley y Carlos Imaz en la exclusiva universidad de Stanford, también en California. Todo ello por cuenta del erario público.
Su militancia política transcurre en las aulas, en las tertulias, en los libros, en los eventos partidistas, pero sin ninguna represión ni censura. Una militancia en todo caso bastante cómoda y poco riesgosa.
Antes de esto Claudia Sheinbaum debió recibir la enseñanzas de su padre, Carlos Sheinbaum Yoselevitz, un próspero ingeniero químico y empresario de productos para la industria de la curtiduría de pieles, quien, junto con su esposa, ambos de familias judías sefarditas, tenían alrededor de 35 años cuando el movimiento de 1968, del cual se registra en las entrevistas que fueron participantes, pero no se dice en qué ni cómo fue que se dio esto, pues a esa edad él ya era empresario, aunque si está registrado que estuvo afiliado en su juventud al Partido Comunista Mexicano, una pequeña e inofensiva organización que fue reprimida por el estado, pero no es el caso de Carlos Sheinbaum, pues no ocupó cargos directivos ni tuvo una militancia destacada.
En su periodo estudiantil Claudia Sheinbaum si tiene una afiliación izquierdista, pero bajo la influencia de Carlos Imaz, quien tampoco estuvo en el movimiento de 1968, pero sí es uno de los fundadores del PRD. El matrimonio se da en 1987, justo un año antes de las elecciones de 1988, las que el PRD le gana al PRI y se da la gran “caída del sistema”.
Quienes tuvieron oportunidad de tratarlos como pareja, que es el caso del gran filósofo español Fernando Savater, cuya opinión es muy significativa, han comentado en entrevista que quien llevaba la voz y las relaciones era Carlos Imaz: extrovertido, carismático y con don de gentes, en contraste con Claudia Sheinbaum, quien era una muchacha acartonada, con mucha afectación y escasa gentileza, para decirlo de un modo más amable al que empleó Savater.
Quien pone en la política a Claudia Sheinbaum es entonces Carlos Imaz, su marido, quien aun cuando se vio envuelto en los escándalos de los “videograbados” de 2004 y estuvo bajo proceso judicial, siguió siendo su pareja hasta 2016, cuando se da el divorcio un poco antes de las elecciones de 2018, cuando ella es designada candidata para el gobierno de la ciudad de México por Andrés Manuel López Obrador.
Se desconoce el por qué se da la separación; si fue por razones de orden personal o por razones de carácter político, pues él es, hasta la fecha, miembro del movimiento morenista.

CON TALANTE AUTORITARIO
Lo cierto es que Claudia Sheinbaum cree en el socialismo y aún en algunos aspectos del comunismo, ya sea por influencia paterna, ya sea por la influencia de Imaz, por la de López Obrador o por cuenta propia, y el hecho de que sea una izquierdista que ha desarrollado toda su carrera de manera bastante cómoda y tutelada, no significa que su ideología no influya en sus decisiones políticas y en su visión del estado mexicano.
El haber aceptado el tutelaje de Andrés Manuel López Obrador está muy en consonancia con su trayectoria política, pues siempre ha carecido de los dotes políticos y de una plataforma propia que le permitieran sostener, por sus medios, una carrera política, pero el tutelaje de Andrés Manuel López Obrador se ha venido complicado por una serie de circunstancias exteriores, principalmente por el gobierno de Donald Trump, y por los costos de los errores y la corrupción muy temprana del movimiento de la llamada 4T.
Aún así, Claudia Sheinbaum ha cumplido, en lo importante, con el proyecto autoritario y populista del morenismo, consumando golpes contundentes en contra de la incipiente democracia mexicana, enfilándose hacia un modelo autoritario que busca realizar más reformas, pero, principalmente, perpetuarse en el poder. Ha ampliado inclusive el sistema clientelar de dádivas del bienestar, a costa de incrementar todavía más la deuda pública que llevó casi al doble López Obrador.

Sheinbaum ha mantenido inalteradas las relaciones con los pocos gobiernos izquierdistas que quedan en Latinoamérica, incrementando inclusive la entrega de petróleo a la dictadura cubana, en niveles que casi triplican lo que les entregaba López Obrador.
La complicidad hacia las dictaduras izquierdistas alcanzó un punto climático con la entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado, la líder opositora venezolana que venció a Nicolas Maduro en las pasadas elecciones.
Corina Machado ha alcanzado niveles épicos, de una valentía heroica, siendo mujer y enfrentando a una dictadura feroz y criminal. Independientemente de que no se comulgue con su ideología, que es por lo demás muy respetable, es una mezquindad no hacerle un reconocimiento, como el gran personaje que es.
Pues Claudia Sheinbaum ha evitado mostrar públicamente sus respetos a la nueva Nobel de la Paz, haciendo un silencio que le da el apoyo implícito a la dictadura de Nicolas Maduro, lo que no es solo poco generoso y solidario hacia una mujer como Corina Machado, sino mezquino y reflejo de hasta qué grado están enraizadas las creencias autoritarias y antidemocráticas de la presidenta, lo que debe de ser preocupante.
Mientras María Corina Machado sigue luchando desde la clandestinidad, por el riesgo que corre su vida, Claudia Sheinbaum llegó a la presidencia de la república de la mano de López Obrador, con un récord histórico de votos, que costó cerca de dos billones de pesos en 2024, para sostener un aparato clientelar gigantesco, que hoy le cuesta al país un billón de pesos anuales, y tiende a incrementarse.
La popularidad de la presidenta supera el 70% en las encuestas ¿Pero qué sería de esa popularidad si se suspendieran todos los programas del bienestar que entregan dinero en efectivo a la población? En la elección del pasado primero de junio, para desmantelar el poder judicial, solo pudieron “acarrear” a las urnas, con todo y acordeones, apenas al 10% del padrón electoral.
Nicolas Maduro, quien ya solo se sostiene con las armas del ejército y la policía, también muestra encuestas con una aprobación apabullante y llena plazas públicas con “acarreados” para hacer llamados de defensa a la patria. Desde el poder todo eso es posible, pero en México el morenismo le sigue dando su apoyo, sin guardar siquiera las apariencias.







