Por: Eduardo Rodríguez
La familia está ya en su tercera generación, pero nadie parece estar interesado en firme en la actividad política; por lo menos nadie que pueda suceder a la primera y segunda generación. Esto parece ser el ocaso de un clan político que marcó la historia de Gómez Palacio y de la comarca lagunera de Durango
El de la familia Herrera Araluce es todo un caso dentro de la política y la sociedad regional, al grado de que resulta imposible explicar la vida política y social de La Laguna de Durango, especialmente de Gómez Palacio, sin la presencia de este clan familiar, poderoso tanto en lo económico como en lo político; apreciado por algunos y temido por muchos otros.
Hasta su fallecimiento, todo giraba en torno al patriarca de la familia: Carlos Herrera Araluce, quien ejerció como caudillo político y jefe de todo un clan, que tenía su mano lo mismo sobre grandes negocios privados que sobre la vida política regional.
El hombre, quien se inició en los negocios desde una posición muy modesta, se convirtió, con el paso de los años, en un mito regional, y los mitos suelen estar alimentados tanto de realidades como de fantasías y, dentro del imaginario colectivo, su figura estaba formada de ambas cosas.
Era un hombre de baja estatura, delgado, con el pelo peinado cuidadosamente con goma hacia atrás, bigote meticulosamente recortado, orejas muy grandes y ojos un tanto agrisados, de mirada penetrante.
Sabía halagar, tratar con cortesía a quien deseaba y hacer sentir una personalidad carismática, pero también sabía el arte de intimidar e imponerse como un hombre de poder. Nada sucedía en su familia sin su aprobación y sin su conocimiento.
Como ya se dijo, se volvió un mito, y como tal se contaban de él muchas historias, una buena parte de las cuales eran invenciones, pero algo cierto es que era un hombre temido, y no solo por sus enemigos, que los tuvo, y poderosos, sino por muchas otras personas de los medios político y empresarial.
Tuvo tres hijos: Leticia, Ernesto y Carlos Manuel, el segundo fallecido prematuramente a los 60 años en fechas recientes.
Entró a la política allá en los años setentas del siglo pasado, con el gobernador Héctor Mayagoitia Domínguez (1974-1979), quien era su amigo, lo que le permitió ser, por primera vez, presidente municipal de Gómez Palacio en 1974, e iniciar una carrera política en busca de la gubernatura del estado, pero los siguientes años no le serían favorables.

En las dos décadas siguientes las cosas no se le dieron muy bien en la política, a diferencia de los negocios, donde no paró de crecer.
Los grupos políticos de la ciudad de Durango no estaban, ni están, dispuestos a ceder la gubernatura, pero además algunos gobernadores le fueron directamente adversos, es decir fueron sus enemigos.
De 1992 a 1998 Maximiliano Silerio Esparza no sólo le impidió estar en la política, sino que inclusive le prohibió incursionar en el negocio editorial, obligándolo a limitarse a sus actividades empresariales.
Pero justo en 1998 gana la gubernatura Ángel Sergio Guerrero Mier (1998-2004), con quien mantiene una estrecha amistad y sociedad política, que le permite convertirse por segunda vez en presidente municipal de Gómez Palacio en ese mismo año de 1998. Su proyecto inmediato era el viejo sueño de convertirse en gobernador.
De sus tres hijos, Carlos Herrera decide que sea su hija Leticia quien incursione en la política, así que ella es su sucesora en la presidencia municipal al terminar su mandato en 2001.
Estaba en su mejor momento político y fue por la gubernatura en 2003, pero, como se mencionó anteriormente, estando a un paso de lograr la candidatura, algo pasó en los círculos del poder federal que se lo impidió y el elegido fue Ismael Hernández Deras, en una decisión que quedó oculta en las penumbras de los pasillos del poder.
Él lo consideró como la peor traición recibida en su vida política y decidió retirarse, para dejar su lugar a su hija Leticia, quien emprende una carrera pública más articulada e ininterrumpida.
Ella se convierte en diputada federal, todo por el PRI, de 2006 a 2009.
En mayo de 2007 se presenta un acontecimiento que marcó la última parte de su vida. Un comando del cártel de Los Zetas, que se apoderarían de Coahuila y enfrentaban una lucha mortal con el cártel de Sinaloa, atenta contra su vida en una emboscada organizada en la ciudad de Torreón, donde es herido de bala él y su esposa, quien le acompañaba en el vehículo.
Ya en esas fechas Carlos Herrera era un hombre de edad, tenía 71 años.
Al menos por los próximos cinco años toda la familia Herrera vivió bajo la amenaza de Los Zetas, que era considerado como el más sanguinario de los cárteles mexicanos, posteriormente desarticulado.
Políticamente las cosas se le vuelven a complicar en los años siguientes, cuando asume la gubernatura Jorge Herrera Caldera (2010-2016), quien se convierte en su enemigo, a tal grado, que la propia Leticia Herrera declaró públicamente que el gobernador había precipitado la muerte de su padre, quien fallece en 2016, a los 80 años de edad, y con él parece terminar toda una época, justo cuando el PRI se encuentra, a nivel nacional, en aparente proceso de extinción.
Pero Leticia sigue adelante en su carrera política. De 2010 a 2012 es diputada local; de 2010 a 2016 senadora de la república; de 2016 a 2018 es por segunda vez presidenta municipal de Gómez Palacio, pero entonces irrumpe Morena y, por primera vez en su historia, el PRI pierde la presidencia municipal de Gómez Palacio a manos de Marina Vitela, quien había sido protegida de Jorge Herrera Caldera.
En 2021 vuelve a aparecer Leticia Herrera para ganar, por tercera vez, la presidencia municipal de Gómez Palacio, que ocupa desde el 2022.

UN GIRO EN LA POLÍTICA NACIONAL
Gómez Palacio parece ser un municipio que vive en un vaivén político interminable. Todas las ocasiones en que un miembro de la familia Herrera llega al poder municipal, afirma que han dejado “en ruinas” al municipio; que hay un abandono de la ciudad; un desastre en la administración pública, desfalcos y en general un desorden y ellos, por supuesto, lo van a arreglar y dejar la ciudad hecha un lujo, lo que por supuesto no sucede.
Cuando llega Morena en 2018 se pensaba que esta dinámica cambiaría, pero lejos de eso al parecer empeoró, porque vuelve a ganar Leticia Herrera, quien tiene hoy 64 años de edad, y en apariencia su energía política se ha agotado. Se habla de que tiene problemas de salud, que hay cansancio de la función pública, que asiste muy poco al despacho municipal e inclusive no se presenta en ceremonias públicas obligadas.
Todo indica que efectivamente hay un agotamiento político y personal en Leticia Herrera, quien a la muerte de su padre se quedó como el brazo político de la familia, pero ya sin el apoyo de su hermano Ernesto, quien falleció de manera repentina.
En realidad desde la muerte del patriarca las cosas ya no han sido las mismas, pero la muerte de Ernesto Herrera han sido otra pérdida muy importante para el clan familiar, por lo que Leticia ha perdido apoyos que le eran aparentemente indispensables; por algunos problemas de salud que padece o porque ha perdido los filtros que moderaban su carácter.
Como su padre, buscó la gubernatura del estado pero también se le negó, lo que debe de haber influido en su interés por tener un buen desempeño en la función pública.
La familia está ya en su tercera generación, pero nadie parece estar interesado en firme en la actividad política; por lo menos nadie que pueda suceder a la primera y segunda generación. Esto parece ser el ocaso de un clan político que marcó la historia de Gómez Palacio y de la comarca lagunera de Durango.
Si todas las tendencias lo confirman, Morena volverá a ganar las elecciones municipales y ahora, a diferencia de la primera vez, parece traer consigo intenciones de revancha, aunque la candidata (Betzabé Martínez Arango) es una persona muy joven, que es muy probable que sea ajena a revanchas políticas y rencores viejos.







