Si habrá guerra contra el crimen organizado

Si habrá guerra contra el crimen organizado

Por: Eduardo Rodríguez

Ya no se podrá jugar a la negación ni a la distracción, sino a la implementación de una estrategia nacional en contra del crimen organizado, con el involucramiento de todos los niveles gubernamentales

Claudia Sheinbaum insiste en que no habrá guerra contra el narcotráfico, tomando como referencia el gobierno de Felipe Calderón, el cual tiene una crónica que le pinta como un baño de sangre. El problema es que Claudia Sheinbaum sí tendrá que emprender una guerra contra el narcotráfico, bajo las presiones y exigencias del gobierno de Donald Trump.

La llamada “guerra contra el narcotráfico” tuvo, en principio, una gran exposición mediática de los hechos violentos, especialmente de actos de barbarie que eran realizados en los enfrentamientos de un cártel en contra de otro, o de masacres que se realizaban para “calentar las plazas”, y dirigir hacia ahí las acciones de las fuerzas armadas.

Parte de esta visión obsoleta es que los seis años del gobierno de Felipe Calderón fueron iguales, lo que es desmentido en cualquier cronología minuciosa y análisis de las estadísticas de homicidios dolosos. Al inicio es evidente que se inició con una estrategia deficiente, que no estaba soportada por un trabajo de inteligencia que orientaba eficazmente los operativos de las fuerzas armadas, pero eso fue cambiando gradualmente. En los dos últimos años el trabajo de inteligencia cambió notoriamente y, en consecuencia, la eficacia y la eficiencia de la lucha de las fuerzas armadas. El caso del desmantelamiento de Los Zetas puede considerarse como el más significativo.

El procesamiento de Gerardo García Luna, solicitado por AMLO, pone en entredicho a todo ese periodo de gobierno, al ser juzgado por nexos con el Cártel de Sinaloa, algo que se ha dado en casi todos los gobiernos, desde Carlos Salinas de Gortari, sólo que ningún funcionario civil o militar había sido procesado por ese motivo. Esto incluye al propio gobierno de AMLO, quien por cierto rescató al general Salvador Cienfuegos, Secretario de la Defensa Nacional con Enrique Peña Nieto, de un proceso similar por presiones del propio ejército y compromisos de carácter político.

Las estadísticas muestran que la política del gobierno de AMLO provocó un baño de sangre mucho mayor que el del periodo de Felipe Calderón, y son datos oficiales, proporcionados por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. 

En el sexenio de AMLO se dieron 199 mil 619 homicidios dolosos; en el de Enrique Peña Nieto 130 mil 626 y en el de Felipe Calderón Hinojosa 120 mil 063, pero a esto hay que agregar que en el gobierno de López Obrador se registraron 48 mil 870 personas desaparecidas, en contraste con el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, donde fueron 26 mil 121 personas desaparecidas, de acuerdo a la base de datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y NO Localizadas.

Existe otro elemento que se debe de considerar: las organizaciones del narcotráfico, denominadas algunas de ellas como cárteles u organizaciones del crimen organizado, se han expandido a casi todo tipo de actividades delictivas, como secuestro, tráfico y explotación sexual, tráfico de migrantes, secuestro, cobro de piso, tráfico de armas, entre las más importantes, lo que se traduce como una mayor penetración y daño a la sociedad civil en México y en otros países.

Además de la expansión de giros se ha dado también una expansión territorial, cubriendo gran parte de los 32 estados de la república y de los Estados Unidos de Norteamérica.

ALGO QUE NO SE PODRÁ ELUDIR

Aunque el gobierno de Claudia Sheinbaum sigue manejando un discurso de que no habrá guerra y en apariencia se desearía seguir con una política de omisión y brazos caídos, con los terribles costos que esto ha tenido, al heredar el periodo más sangriento en la historia del país desde el periodo revolucionario, en la práctica se avizora como ineludible la guerra contra el narcotráfico, pero hay muy diferentes formas de hacer la guerra al crimen organizado, y eso es algo en lo que debe estar enfocado el nuevo gobierno.

El periodo tanto de Felipe Calderón como los de Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador pueden ser, en un enfoque objetivo y fuera de facciones ideológicas y partidistas, materia de aprendizaje. Las estadísticas muestran que las cosas han ido cada vez peor, pues los números no pueden mentir, lo que obliga a trazar una política de análisis por parte de expertos en seguridad, ya sean los que dispone el gobierno de Claudia Sheinbaum, que son amplios, o apoyarse en la ayuda de los servicios norteamericanos, lo que es totalmente válido e inclusive necesario, sin que ello tenga nada que ver con asuntos de soberanía nacional.

Ya no se podrá jugar a la negación ni a la distracción, sino a la implementación de una estrategia nacional en contra del crimen organizado, con el involucramiento de todos los niveles gubernamentales.

Es lamentable que la presidenta de la república pierda tiempo y esfuerzos en tratar de descalificar al diario norteamericano The New York Times, sobre si en una cocina casera se puede o no producir fentanilo. Eso es totalmente intrascendente, después de haber incautado una tonelada de fentanilo y detenido a productores y traficantes de la misma, además de haber desmantelado decenas de laboratorios clandestinos.

El fentanilo está entrando por las aduanas mexicanas ya sea como producto terminado, la menor parte, o como precursores, la parte mayor. Eso ni se puede ocultar ni se puede negar porque está documentado, oficialmente, tanto por autoridades mexicanas como norteamericanas.

La guerra entre las facciones del cártel de Sinaloa lleva más de cien días y está cerca de los 700 asesinatos, más cientos de desaparecidos cuya cifra se está tratando de ocultar. La población del estado de Sinaloa vive en estado de terror. Eso, sencillamente, no puede seguir pasando, mientras miles de elementos de las fuerzas armadas, incluidas las fuerzas especiales, en buena medida son limitados a la condición de espectadores. 

Hay miedo aparente al uso de la fuerza legítima del estado cuando ya suman más de mil muertos, entre los ejecutados y los desaparecidos de forma violenta, pero esto tiene un límite y este parece haber llegado ya.

Es claro que los abrazos y también los no balazos ya se acabaron, como también se acabó la postura anodina de muchos gobernadores, por lo que urge definir la nueva estrategia, pero en palacio nacional parece haber titubeos en eso y en muchas otras cosas. 

Sería lamentable que la nueva estrategia se la tuvieran que imponer desde el exterior.

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