Por: Gerardo Lozano
Por pura soberbia y autoritarismo la reforma tiene que estar lista para ser aprobada en dos meses, cuando algo de semejante calado requiere de años, por lo menos los seis años que comprende un gobierno sexenal como el nuestro
Si usted cree que lo de la reforma judicial no tiene importancia, o que se trata de un asunto político que le es ajeno, está en un error, y un error grave, pues estamos en un país con un sistema de administración de justicia deficiente (90% de los delitos que se cometen se quedan sin castigo), pero la reforma que pretende realizar Andrés Manuel López Obrador puede crear un caos y un deterioro aún peor, como lo demuestra el caso de Bolivia, donde se llevó a cabo, no hace mucho, una reforma similar.
El tema del poder judicial es complejo y requiere inclusive de conocimiento especializado para entenderlo y proponer cambios, pero el pasado lunes 8 de julio, en su conferencia de “la mañanera”, López Obrador ha hecho un comentario que eriza la piel, por la enorme irresponsabilidad e ignorancia que manifiesta.
Tal vez nunca suceda que usted tenga que estar frente a un juez como víctima o como acusado de cometer un delito, del tipo que sea, yo he estado tres veces en esa situación y, en dos de los casos, aquello fue desastroso, con daños económicos severos, pero conozco mucha gente que ha tenido daños mucho más delicados que el dinero, como el ir a la cárcel y pasar por el infierno carcelario, que es cosa de lo más común en México.
Pero vayamos al comentario de López Obrador, y ya usted haga sus propias conclusiones del mismo. El presidente saliente afirmó que, en su iniciativa de ley de reforma del poder judicial que mandó al Congreso, se le “olvido” incluir que los jueces y magistrados tengan al menos cinco años de experiencia, “aunque yo estoy en contra”, añadió.
Enseguida agregó que los muchachos se gradúan (de licenciados en derecho), con mucho entusiasmo de aplicar la ley, con muchos ideales, y luego, a medida que pasan los años, “van perdiendo la mística” y “ya aprendieron otras cosas que no se necesitan”, de lo que se deduce que los recién graduados sean ideales para convertirse en jueces y magistrados.

Por si faltara algo, hizo una pregunta concluyente ¿Qué es muy compleja la aplicación de la justicia?
Actualmente, para ser juez se requieren al menos 10 años de experiencia, y aún así los problemas de desempeño no son raros.
Al margen de que esta reforma judicial tiene fines claramente políticos y es una evidente venganza personal, por lo que la 4T pretende el control del poder judicial y la desaparición de la separación de poderes, que es esencial para tener una democracia, los dichos de López Obrador muestran la ligereza, irresponsabilidad e ignorancia con que se ha emprendido esta reforma, y las consecuencias que se avecinan.
De entrada, lo dicho muestra a un presidente que es completamente ignorante de cómo es que funciona el poder judicial, al cual detesta por oponerse a su autoritarismo, como es ignorante de la mayor parte de los temas que trata y, lo que es grave, que decide sin consultarlo antes con expertos en la materia. Para eso existe todo un gabinete y una nómina de asesores, que por cierto es bastante amplia.
En esa prepotencia ignorante él decide que los jueces y magistrados se elijan por voto popular, y esto se lo impondrá, a rajatabla, a la nueva presidenta Claudia Sheinbaum, quien fue incapaz de asumir postura y realizar una reforma de poder judicial con tiempo, con sumo cuidado, con un consenso muy amplio de por medio y sin el disparate de la elección popular, pero en la sumisión llevará las consecuencias, de esto y de muchas otras decisiones que se está dejando imponer por su caudillo.

LA APLICACIÓN DE LA LEY
¿Qué es muy compleja la impartición de justicia? Claro que lo es. Existen pocas cosas tan delicadas como impartir justicia. Un error y se puede arruinar la vida de una persona, cometer graves injusticias o por lo menos causar graves daños, algunos de ellos irreparables.
Y hay un hecho aún más delicado: entre más pobre seas, más vulnerable se es a una mala impartición de la justicia, lo que hará que lo que López Obrador llama “el pueblo” quede en una condición aún más precaria, pues quien tiene recursos puede procurarse una mucho mejor defensa, al contratar mejores abogados y por un tiempo más largo, para apelar, si es necesario ante diferentes instancias.
López Obrador, con esta reforma judicial, se consuma como lo que fue a lo largo de todo su sexenio: un destructor de instituciones, incompetente para construir nada mejor en su lugar, pues él, como un rey, sabe de todo y lo decide todo, sin medir consecuencia alguna de sus actos.
Por pura soberbia y autoritarismo la reforma tiene que estar lista para ser aprobada en dos meses, cuando algo de semejante calado requiere de años, por lo menos los seis años que comprende un gobierno sexenal como el nuestro, pero la corte de lacayos es incapaz de hacer siquiera una insinuación de prudencia y de sentido común.
En teoría Claudia Sheinbaum tiene el poder de parar esta barbaridad que se pretende, pero apenas lo insinuó tímidamente, al día siguiente había dado pasó atrás, y hoy elogia la elección popular de los jueces, cuando hasta el INE, que se ha vuelto tan tibio y permisivo, le tiene que decir que es incorrecta su apreciación sobre el costo que tendría un supuesto proceso de elección de todos los jueces, magistrados y ministros del poder federal.
Para cerrar, una analogía. En 2013 López Obrador sufrió un grave infarto al miocardio y estaba en inminente riesgo de muerte, él mismo se ha encargado de contarlo con detalle, al grado de decir que el dolor era tal que pensó que fallecería, pues ya no aguantaba más. Con premura su familia lo llevó a un hospital privado de lujo, no al área de urgencias de una clínica del IMSS o del ISSSTE, donde muy probablemente hubiera fallecido. Fue intervenido por experimentados y expertos especialistas en cardiología, lo que le permitió salvar la vida, aunque quedó afectado de una angina de pecho inestable y de alto riesgo, lo que es públicamente conocido.
¿Se imagina si la muy delicada operación de urgencia la realiza un R1, como se llama en el IMSS a los pasantes de alguna especialidad de medicina? Un pasante como mucha mística, mucho entusiasmo y mucha disposición de aplicar la medicina, pero sin experiencia en cirugía cardiovascular, sin toda la asistencia de un equipo técnico y de otros especialistas en instalaciones privadas de primera.
La voluntad, manifiesta, de López Obrador es que tengamos a recién graduados en leyes como jueces y magistrados del poder judicial federal, pero además que sean electos por “el pueblo”, pues “se nos pasó”, como dijo, poner en la reforma que deben tener experiencia, aunque sea mínima, algo sobre lo que está en contra, según lo afirmó categórico.
Si usted no está preocupado por esta irresponsable reforma tal vez debería estarlo, al menos que no piense, a lo largo de su vida, tener un problema de carácter judicial, aún teniendo dinero, pues ni esto le salvaría de un mal juez, cuyo principal mérito será lograr el ser electo por “el pueblo”.
Solo imaginarse semejantes elecciones mueve al absurdo, pero, al menos hasta ahora, hay mucha indiferencia hacia esa reforma, que nos puede dejar un desastre en la administración de justicia.
Los que están felices deben ser los criminales, pues aún sin reforma tienen ya la mano metida en el poder judicial federal (sus delitos suelen ser de orden federal, la mayoría), con la reforma se pueden meter a donde quieran, inclusive tener sus jueces y magistrados de confianza.







