Morena es propiedad de AMLO y sus hijos

Morena es propiedad de AMLO y sus hijos

Por: Gerardo Lozano

Morena es el partido de los López y hasta ahora las cosas parecieran ser muy exitosas, pero el escenario a partir de 2025 es otro muy diferente al que se vivió en el sexenio de AMLO

La lectura sobre el haber colocado a Andrés López Beltrán, “Andy”, como Secretario de Organización del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, es que este tiene aspiraciones presidenciales para las elecciones de 2030, pero hay un propósito más inmediato y tangible: Morena es propiedad de AMLO y, en consecuencia, de sus hijos, por lo que están asumiendo su control.

“Andy” López está en el partido para manejarlo, con las instrucciones de su padre, y eso es lo que ya ha comenzado a realizar.

Ninguno de los partidos “nacionales” como Morena es más resultado de la creación personal de un político. AMLO lo ideó, lo constituyó como asociación civil y posteriormente como partido político, hace apenas un poco más de una década. Lo pensó originalmente como un movimiento, más que como una organización estructurada como partido, pero a raíz de su triunfo en las elecciones presidenciales de 2018, y solo entonces, se ha trabajado en dar una estructura orgánica, que aún hoy tiene muchas deficiencias y desorden, como se puede observar en Coahuila y en la mayoría de los estados.

Para formar Morena, AMLO destripó al PRD, llevándose toda la militancia que pudo y solo algunos cuadros, pues recelaba del resto y estaba en contra de sus principales líderes, quienes manejaban cada uno de ellos sus respectivas tribus y canonjías.

Después de la derrota en la elección presidencial de 2012, que le provocó inclusive graves problemas de salud, AMLO se recuperó mentalmente e inició su campaña para la elección de 2018, con Morena ya constituido como partido. Hasta hoy no está claro cómo es que financió lo que él denomina el movimiento. Las finanzas del nuevo partido en el periodo que va de 2014 a 2018 son oscuras.

Para manejar el movimiento AMLO se rodeó de un círculo relativamente reducido de políticos, intelectuales y activistas de izquierda radical y moderada, a quienes impuso la lealtad por encima de todas las cosas, inclusive la misma capacidad y hasta la honestidad. A la fecha es un círculo cerrado, con muchas características de secta, que le rinde a él un culto que muchas veces llega a lo mesiánico y al fanatismo.

Ya en el poder, AMLO puso por encima de todas las cosas el propósito de ampliar su movimiento a nivel nacional, aprovechando el peor momento histórico que atravesaban, y atraviesan, el PAN y el PRI. El propósito era desmantelar al PRI y acotar al PAN, para lo cual empleó una serie de procedimientos de un absoluto pragmatismo.

Lo primero fue el lanzamiento de una serie de programas de asistencia social, que reparten dinero en efectivo a una gran parte de la población de todos los niveles socio-económicos, neutralizando todos los programas de dádivas empleados tradicionalmente por el PRI y los demás partidos políticos, desde los gobiernos municipales y estatales, intensificándolos en los periodos electorales.

La otra medida fue abrir las puertas de Morena a todos los disidentes de los demás partidos, sin importar sus antecedentes ni su historial, para lo cual se empleó la seducción de la impunidad, pues la mayoría de los políticos, y en particular los gobernadores, tenían antecedentes de corrupción. Pasarse a Morena les garantizaba impunidad, pero además podían ser recompensados con embajadas u otros cargos públicos al término de sus gobiernos, a cambio de abrirle las puertas a los candidatos de Morena y seguir la política de brazos caídos en relación a su partido.

Morena se apoderó así, en tan solo seis años, de 22 gubernaturas y de cientos de presidencias municipales, además del control del poder legislativo y el sometimiento del poder judicial.

Una obra de devastación impresionante, que ha terminado con la desaparición del PRD; el desmantelamiento del PRI y la notoria reducción del territorio de influencia panista. 

EL PODER POR TIEMPO INDEFINIDO

Surge así, con la celeridad de una explosión volcánica, un nuevo poderoso partido de estado que trae de vuelta gran parte de lo que fue el PRI más poderoso del siglo pasado: autoritario, imperial y con clientelas populares cautivas desde la estructura misma del estado, de hecho, un partido de estado, para tratar de mantener el poder por tiempo indefinido.

Para manejar el partido a su salida del poder, AMLO ha optado por darle la tarea al segundo de sus hijos, un muchacho un tanto oscuro que, al igual que sus otros dos hermanos, ha vivido a la sombra de su padre, realizando tareas partidistas. Lo poco que se conoce de él, pues siempre ha cuidado mantenerse lejos de los medios y las redes sociales, es el de una persona reservada, recelosa, disciplinada y muy ligada a los suyos. Se le desconocen dotes de liderazgo, de una preparación intelectual sólida, inclusive no hay constancia de sus habilidades como organizador pues, como se dijo antes, se ha dedicado a tareas y encomiendas que le asignaba su padre. Nunca ha tenido un cargo público, de ninguna naturaleza.

La dirigente nacional formal, Luisa María Alcalde, es una muchacha que se inició como modelo de la imagen de Morena y, gracias a que su madre, Berta Lujan Uranga, es miembro del círculo íntimo de AMLO, la designaron como precoz Secretaria del Trabajo y Previsión Social, en cuyo cargo la asesoraba su padre, que es laborista. Pasó luego a ser también muy precoz Secretaria de Gobernación, donde cumplió cabalmente la consigna de AMLO: fidelidad y vocación de florero, lo cual repetirá con bastante entusiasmo. Como Secretaria de Gobernación no tuvo mayor escrúpulo para afirmar, ante el pleno de la Cámara de Diputados, que AMLO era “el mejor presidente de la historia de México”.

Aún cuando tienen todo el poder, en Morena parecen tener tres tareas: cuidar que la presidenta en funciones, Claudia Sheinbaum, no se desvíe de los propósitos de AMLO, para lo cual le niegan el control del partido, obligándola, por lo menos, a negociar toda candidatura.

Otra tarea es darle una estructura más sólida al partido, consolidando a nivel nacional los llamados Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, que no son sino comités seccionales, solo que más ideologizados.

La idea es que Morena se apoye en los programas del bienestar, pero no dependa totalmente de ellos, incrementando la ideologización de la clientela, que hoy son ciudadanos espontáneos en su mayoría, motivados por el dinero en efectivo que reciben cada dos meses, o cada mes, pero una gran parte de ellos carece de afinidad ideológica. Se trata de convertir la simpatía por AMLO, que ya se fue formalmente del poder, por una identificación ideológica, lo cual no va a ser fácil.

La otra tarea inmediata más importante es controlar las candidaturas de Morena en los procesos electorales que se darán durante el sexenio, donde cientos de presidencias municipales y algunas gubernaturas que controla se renovarán y podría haber sorpresas. 

En las encuestas más recientes, varios gobernadores de Morena aparecen entre los peor evaluados a nivel nacional, como es el caso de Sinaloa, Tamaulipas, Guerrero, Nayarit y Chiapas, por citar solo algunos de ellos.

EL FANTASMA DEL PRD

Al ser una mezcolanza de políticos venidos de todos los partidos, pero ahora bajo una supuesta formación de izquierda, por Morena se pasea el fantasma del PRD: la formación de tribus y facciones, que ahora no tendrán un caudillo que las aglutine. Todos los políticos que se convirtieron en morenistas lo hicieron por canonjías; por trepar al árbol del poder, y no por candor o nobles convicciones. 

Por añadidura, la izquierda mexicana tiene históricamente una tendencia tribal, aldeana, por la cual cada quien quiere formar su camarilla y emprenderla por su cuenta. “Andy” López Beltrán no parece tener la capacidad de liderazgo para mantener la unidad interna, tampoco Luisa María Alcalde e incluso Claudia Sheinbaum, que siendo la presidenta no tiene el control del partido, como lo tenía directamente Andrés Manuel López Obrador.

La llamada 4T inicia su segundo gobierno federal y la máxima de que el poder desgasta ya se siente. Los excesos y errores del gobierno de AMLO tendrán que ser asumidos desde este 2025, que puede ser un año sumamente difícil.

Morena es el partido de los López y hasta ahora las cosas parecieran ser muy exitosas, pero el escenario a partir de 2025 es otro muy diferente al que se vivió en el sexenio de AMLO, que concluyó con un año de enormes derroches para ganar todo en las elecciones del 2024, pero ahora hay que asumir los costos.

Comentarios de Facebook
Facebook
Twitter
LinkedIn

Te podría interesar: