Matamoros: una sociedad lastimada por la violencia y la corrupción

Matamoros: una sociedad lastimada por la violencia y la corrupción

Por: Álvaro González

Desde los años noventa Matamoros convivía con la violencia cotidiana, en un paisaje de pobreza y abandono, donde dos familias: los Villalobos y los Burciaga, se mataban con un rencor que se alimentaba con cada nuevo asesinato

Cada ciertos días del mes viajo a Saltillo por razones de trabajo; anteriormente lo hacía con más frecuencia, ahora de manera más esporádica. En esos viajes pasaba de regreso por Matamoros y comía en un restaurante que se llama “Los Alfredos”, ubicado en la salida a Saltillo, junto a la carretera, donde se disfrutaba un buen “puchero”. Me atendía muy amablemente el propietario, cuyo nombre nunca aprendí. Era un hombre sonriente, moreno, más bien bajo, sesentón, enjuto de cuerpo y correoso.

Ignorante en detalle de lo sucedía en la vida cotidiana de Matamoros en los años de la gran violencia, un día llegué y pregunté por el dueño y, para mi sorpresa, me dijeron que había muerto, o más bien lo habían matado, pero no de un tiro, sino de una manera sumamente cruel, después de haberlo torturado.

El motivo aparente, según pude recabar la versión posteriormente, es que sus victimarios lo consideraban como una gente de la organización criminal de Los Zetas, que dominaban “la plaza” de Matamoros, y todo había comenzado con el restaurante y su comida típica. Nunca volví al lugar: de pronto el “puchero” cobró otro sabor y la clientela del lugar había cambiado.

Desde los años noventa Matamoros convivía con la violencia cotidiana, en un paisaje de pobreza y abandono, donde dos familias: los Villalobos y los Burciaga, se mataban con un rencor que se alimentaba con cada nuevo asesinato.

Mientras esto sucedía un pequeño grupo de políticos priistas corruptos e ineptos se disputaban el poder en el municipio, que se concentra en la cabecera municipal y en el ejido El Coyote.

Había, y hay, todo un entramado en el que se cruzaban el gobierno municipal, los políticos priistas, los comisariados ejidales, el tráfico del agua de riego, el robo de algodón de luna, la delincuencia que no paraba de darle al gatillo y la miseria de la mayoría de la población rural y de las colonias destartaladas de la cabecera municipal y de Coyote, donde se movían, como peces en el agua, los políticos y cierto folklore local, donde es habitual darle con regocijo al alcohol y a la fiesta, haya o no haya dinero para la manutención familiar.

En medio de todo esto hay dos cosas que llaman la atención de este municipio: la capacidad para convivir con la delincuencia, como si se tratara de uno más de los vecinos del barrio, y la capacidad para soportar a ese grupo de políticos corruptos que les tienen sumidos en el más lamentable de los atrasos mientras ellos roban con descaro y ocupan, una y otra vez, los cargos públicos.

Hubo un tiempo, ciertamente, donde hubo prosperidad agrícola, pero el agua se comenzó a agotar y la propiedad fue cayendo en muy pocas manos. Sigue siendo la tierra de los mejores melones y sandías de la región, pero cada año, como una fatalidad, el melón vale al inicio de la temporada, pero termina con un precio poco menos que regalado.

LOS POLÍTICOS MÁS INEPTOS Y CORRUPTOS

No fue algo extraño que, en el periodo de la gran violencia, entre los años que fueron de 2006 a 2014 y todavía parte de 2016, Matamoros se convirtiera en la base de la organización criminal de Los Zetas, que invadió desde Tamaulipas a todo Coahuila en el periodo de Humberto Moreira, pero tuvo su escenario más terrible en La Laguna, por la guerra entre Los Zetas y los “chapitos” del Cártel de Sinaloa, que dominaban en la parte de Durango.

Mucha gente se involucró con la actividad criminal, entre ellos una buena parte de los políticos e inclusive de familias muy conocidas en el municipio.

De acuerdo a los reportes policiacos tanto de México como de los Estados Unidos, de ahí surgieron figuras como la de Juan Manuel Muñoz Luevano, “El Mono”, quien incluso operaba a nivel internacional desde España, donde fue capturado y extraditado a los Estados Unidos, donde enfrentó un juicio, pero antes de su detención Los Zetas ya habían sido casi desmantelados por los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña. “El Mono” ya solo visitaba Matamoros de manera ocasional para supervisar sus negocios, que eran manejados por la parentela.

Enfrentó un juicio, se convirtió en testigo colaborador del gobierno estadounidense, y regresó a México y a su Matamoros. Y desde ahí siguió  acrecentando lo que parece un emporio empresarial.

En el lado de los políticos, Raúl Onofre Contreras es algo así como el símbolo de la corrupción política y el atraso de Matamoros, Desde el 2006, año en el que se inicia como presidente municipal, hasta la fecha no se ha bajado de un cargo de “elección popular”, pues ha sido dos veces presidente municipal y nada menos que tres veces diputado local, además de funcionario estatal.

La última vez que fue presidente municipal los matamorenses parecían hartos y decidieron ensayar, por primera vez, con una político de Morena, Horacio Piña, hijo, pero aquello pareció una maldición que les persigue, pues este Horacio Piña resultó aún más ineficiente y corrupto que sus antecesores y dejó la administración pública hecha un desastre, lo cual parecía algo imposible de lograr.

Regresó nuevamente el PRI al poder, a través de un personaje mustio y de bajo perfil, llamado Miguel Ángel Ramírez, conocido como “El Charro”, quien haciendo honor al falso mote, pues jamás ha montado nada, ni a pelo ni en silla, ha sido un presidente municipal “charro”, que en la voz popular es un títere de otro personaje de la política local; un junior de pueblo llamado Juan Carlos Ayup, miembro de una conocida familia de comerciantes locales. Amigero, sí, fingidamente pueblerino, pero finalmente otro político priista típico de Matamoros, aficionado al dinero público, con negocios que alguien debería de revisar, muy actuado él bajo el mote de “cachorro de la revolución”, quien solo ha sido muy brevemente presidente municipal, pero que en el pasado periodo y en el actual se le supone el mandón de tan mediocres gobiernos.

Un recorrido por la periferia de Matamoros es el mejor testigo de lo que son capaces la corrupción y la descomposición social, cuando el poder está en manos de políticos corruptos y de la delincuencia organizada. La pobreza alcanza niveles lastimosos, insultantes.     

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