Por: Eduardo Rodríguez
Tanto en el sector público como privado, la mayoría de los maestros trabaja por horas o por asignatura, así que carece de prestaciones sociales, que se reservan para maestros de media planta o de tiempo completo
El de maestro universitario es uno de los empleos peor pagados en México, pese a que se trata de uno de los oficios más exigentes y de mayor valor social. El salario promedio mensual es de apenas 8 mil 502 pesos; un 7% por encima de la media nacional, pero muy por debajo de la media internacional para países del mismo nivel económico al de México. Hay mejores salarios en algunas universidades públicas y privadas, pero son para una minoría que tiene estudios de doctorado, distinciones de emérito o una experiencia de décadas.
Tanto en el sector público como privado, la mayoría de los maestros trabaja por horas o por asignatura, así que carece de prestaciones sociales, que se reservan para maestros de media planta o de tiempo completo.
DATA México registra un salario promedio más alto, ubicándolo en los 10 mil 500 pesos mensuales, pero no deja de ser un salario muy bajo para una profesión tan exigente.
En ciudades como Torreón, la Universidad Iberoamericana tiene un salario base por hora que ronda los 200 pesos, pero puede variar ligeramente de acuerdo al grado académico y los años de experiencia del docente.
Las asignaturas se imparten por semestres, dos de cinco meses al año, y una frecuencia de dos horas por semana cada materia.
Aunque Torreón es una ciudad de tamaño mediano, la distancia a la que se ubica el campus de la Universidad Iberoamericana está proporcionalmente distante, y puede implicar un gasto en gasolina de 50 hasta 100 pesos. Se requiere impartir más de una materia a la vez, de otra forma el pago, que ya es bajo, se reduce significativamente.
La universidad Iberoamericana tiene un costo de 54 mil 720 pesos semestrales, en cinco pagos de 10 mil 944 pesos con una carga de 16 horas inscritas. Si la carga sube a 19 horas inscritas el costo sube a 64 mil 980 pesos semestrales, en cinco pagos de 12 mil 900 pesos.
Como se puede observar, el costo de las colegiaturas no corresponde a la paga que reciben los maestros.
En teoría es una universidad católica, propiedad de la orden de los jesuitas, pero en la práctica es una universidad laica.

El ITESM, campus laguna, es considerado como la élite de la educación privada, y por lo menos lo es en sus costos. En promedio un semestre en el nivel de licenciatura tiene un costo de 170 mil 892 pesos, pero hay que considerar gastos adicionales como el seguro estudiantil y el seguro de gastos médicos, que son obligatorios.
El pago base por hora en asignatura va de 280 a 300 pesos, pero puede variar si el grado académico del maestro es de maestría o doctorado, además de la experiencia que se tenga en el oficio docente.
Tomando en cuenta el costo de las colegiaturas de los alumnos, es proporcionalmente más mal pagado que la Universidad Iberoamericana, pues en otros campus en promedio el pago por hora-asignatura ronda los 400 pesos.
TRABAJO PESADO; SALARIOS DE HAMBRE
Se pudiera pensar que la universidad pública, que absorbe presupuestos enormes, aunque también tiene hasta 30 mil alumnos, como es el caso de la UAdeC, tienen mejores salarios para los maestros de asignatura, que son el mayor porcentaje de su planta docente, pero no: el pago base por hora-asignatura está sobre los 100 pesos, variando un poco si hay estudios de maestría o doctorado y, con el nuevo campus ubicado en la carretera Torreón-Matamoros, el costo de gasolina por el traslado es importante.
En universidades privadas como la Universidad Autónoma de La Laguna, el pago base por hora-asignatura ronda los 110 pesos y se incrementa un promedio de 20 pesos si el docente tiene estudios de maestría o de doctorado.
Esta universidad trabaja por módulos de cinco semanas; dos materias a la vez, dos horas diarias cada una. Los maestros son contratados por módulos y reciben su pago al final del mismo. El módulo suele ser de 40 horas.
El costo de la colegiatura mensual es de 5 mil 700 pesos, con 10 mensualidades por año, pero hay variaciones dependiendo de la carrera, que van de los 57 mil a los 65 mil pesos anuales.

¿POR QUÉ IMPARTIR CLASES?
Cuestionado al respecto, Manuel B, quien durante ya casi 15 años ha impartido clases en universidades como la Iberoamericana y la UAL, comenta que él, en lo personal, tiene dos motivos para hacerlo: la impartición del conocimiento, que lo considera como una vocación, y la necesidad, ya que lo que gana le sirve de complemento al resto de sus ingresos, que no siempre son fijos.
Pero aun sintiendo la vocación por el oficio, reconoce que las generaciones de alumnos son cada vez más difíciles al llevar a cabo el proceso enseñanza-aprendizaje.
-¿Cuál es la diferencia? Se le cuestiona.
– Tenemos alumnos más inmaduros, más apáticos y más insolentes. No quiere decir que todos los alumnos compartan estas características, pero sí un porcentaje cada vez más alto. Tenemos muchachos que se comprometen menos con la profesión que están estudiando, buscan el mínimo esfuerzo y ven la figura del maestro con mucho menos respeto que antes. Yo solo tengo 15 años de experiencia en la docencia, pero en este periodo de tiempo noto muchos cambios. Si los comparo con mi generación los cambios son mucho mayores.
Juan Antonio, quien es un ejecutivo jubilado de 67 años de edad, la docencia es un gusto que le permite emplear parte del mucho tiempo del que dispone. No lo hace por dinero, sino por un servicio social, es ingeniero civil de profesión, en lo que trabajó toda su vida profesional.
Al ser cuestionado sobre su experiencia en el aula, sin titubear responde:
-No se si solo sea el caso de la UAdeC, porque no tengo otra referencia, pero el nivel académico es muy bajo. Tengo alumnos de tercer y cuarto grado, que ya están próximos a graduarse, y me doy cuenta que traen muy fuertes carencias, algunas cosas son básicas, y eso es preocupante. Yo me gradué del Politécnico Nacional y el nivel era otra cosa, incluso tomando en cuenta que hay muchos cambios y muchos avances. Al principio yo era medio “barco”, porque quería llevar las cosas de una forma muy amable, pero ahora, por el bien de ello, me pase a maestro de mano dura. Y se los digo bien clarito: conmigo el que no estudia no pasa, aunque vaya en cuarto y esté por graduarse, algunos se ponen rebeldes, pero yo batallé con obreros toda mi vida y las canas que traigo no son de adorno. Me respetan, muchas veces vamos a empujones, pero ahí vamos, lo que me pagan me lo gasto en gasolina y en el café (risas).







