Por: Eugenia Rodríguez
AMLO no padece en apariencia la enfermedad de dinero; la avaricia, porque no la necesita, pero su delirio es el poder, por lo que no es nada extraño que haya caído en lo que denominamos como la enfermedad del poder
Cuando el demonio trató de tentar a Cristo, agotado por el ayuno y la intemperie del desierto, no le ofreció dinero, ni placeres: le ofreció todos los reinos de este mundo, es decir le ofreció el poder político, como su máxima tentación posible.
El pasaje bíblico no hace sino ratificar la que ha sido la máxima tentación para el hombre de todos los tiempos: tener el poder para probar que se siente ser, de alguna forma, una deidad, pues inclusive los romanos y los egipcios hacían de emperadores y faraones formalmente dioses, de ese tamaño era la soberbia que inspiraba el poder absoluto.
AMLO no padece en apariencia la enfermedad de dinero; la avaricia, porque no la necesita, pero su delirio es el poder, por lo que no es nada extraño que haya caído en lo que denominamos como la enfermedad del poder; la idea de que eres absoluto, infalible, y de ahí todas sus manifestaciones, como la megalomanía, la inmortalidad (pasar a la historia), el absolutismo ¡Si yo digo que se hace, se hace! ¡Si yo digo que se puede, se puede!
Tenemos así a la encarnación suprema del mesías; al representante del pueblo y de la voluntad de la nación, acumulando poder de un modo compulsivo.
Pero este mesías es realmente un excelente demagogo; un artista de la mentira y de la manipulación; un “grillo” experimentado y astuto a base de buscar el poder toda su vida y alcanzarlo ya viejo; un sujeto carismático, con buena presencia física y un aire de señor venerable, que es parte de su actuación, pero de muy mediocre formación profesional, con fuertes limitaciones y muchos rencores y cuentas por cobrar. Tendrá también sus virtudes, indudablemente, pero hoy no nos vamos a poner a escudriñarlas, sino a contar algunos de sus caprichos; de sus despropósitos como resultado de la enfermedad del poder.

LA FARMACIA MÁS GRANDE DEL MUNDO
En medio de la reunión con una parte del gabinete, entre ellos los infaltables militares y los encargados del sector de salud, surge el tema del desabasto de medicamentos, provocado por políticas erráticas y necias al inicio de su gobierno y, de pronto, él dice tener la solución del gran problema. Su mente se ilumina como un gran resplandor: hagamos la farmacia más grande que exista, con todos los medicamentos del mundo, para surtir todas las recetas que hacen falta.
Viene un gran silencio, los funcionarios se quedan impávidos. El silencio se va disipando y el más servil de los funcionarios le dice que es una idea extraordinaria, que cuándo desea que se inicie y quién se encargará de la farmacia más grande del mundo.
Como son el agua bendita del sexenio, que cura todo mal existente, el encargo es para un general ¿Un general de farmacéutico? Si, un general.
Ahí, sobre las rodillas, sin sacar siquiera permisos ni hacer los trámites obligados para una farmacia, se decide iniciar todo. Se deciden gastar inicialmente 2,700 millones de pesos, pero al final se llevaban gastados 3,614 millones de pesos, pero el dinero es lo de menos, porque todo lo grandote es grandioso.
Por obviedad, la farmaciotota ha resultado un fracasotote, pero ningún funcionario del sector salud quiere abordar el tema. Al cambio de gobierno no se sabe que se hará con esta locura.
3,049 BANCOS PARA EL PUEBLO
Hay 25 millones de mexicanos cobrando dinero cada dos meses o cada mes por algún programa del bienestar, algo que nunca antes había sucedido, lo que propicia que, en una reunión de trabajo con sus funcionarios de Hacienda y de la Secretaría del Bienestar, el presidente sugiera la idea de que el gobierno debe tener sus propios bancos, porque él, de convicción, detesta a la banca comercial, pues inclusive no tiene personalmente ningún tipo de cuenta y no usa ningún tipo de tarjeta, solo trae 200 pesos en la cartera, para lo que se ofrezca.
Plantea entonces la idea de crear al menos 2,750 sucursales del nuevo Banco del Bienestar, para que el pueblo pueda cobrar su dinero sin costo y realizar otro tipo de operaciones, aún en los lugares más remotos e inaccesibles del país. Al final del sexenio hay operando 3,049 Bancos del Bienestar, ubicados en 1,963 localidades.
¿Pero de donde sacar el dinero para semejante red de bancos populares? No hay más que de los bancos oficiales, de la banca de desarrollo. Se toman así 21 mil 100 millones de pesos de NAFIN, Banobras, Bancomext y Banjército entre el 2019 y el 2022, no importa que la banca para el desarrollo se quede sin dinero.
Tampoco importa que en México haya 11,892 sucursales bancarias y operen, con números actualizados a 2023, al menos 65,525 cajeros automáticos, que cubren todo el país, donde se pueden hacer todos los cobros de los programas del bienestar, que en el caso de la pensión a los adultos mayores tiene un costo de 40 pesos.
Se corre la voz oficial de que cobrar en la banca comercial es inseguro; hay que ir a los Bancos del Bienestar, hacer “colas” de hasta 200 personas, ir de madrugada y asolearse inclementemente por cinco o más horas para cobrar, con la tarjeta respectiva, la pensión o la beca.
Pero además de la banca comercial hay decenas de miles de establecimientos comerciales donde se podría hacer el cobro, pero eso no importa, el presidente tiene la idea de que la mayoría de los mexicanos vive en medio de la selva y necesita tener cerca un Banco del Bienestar.
Para construir las 2,750 sucursales que tienen un local nuevo se recurrió a la misma agua bendita del gobierno de la 4T: el ejército.
Mi abuelo, que es adulto mayor, cada dos meses cobra sus 6 mil pesos en la sucursal de Banco Azteca que está muy cerca de su casa, paga 40 pesos y lo más que se ha tardado en cobrar son 20 minutos desde que está en el programa.
En la próxima entrega abordaremos las 145 universidades “Benito Juárez” y una línea aérea sin aviones para el ejército.







