La nación bajo el capricho de un hombre

La nación bajo el capricho de un hombre

EDITORIAL

Entramos hace apenas 18 años a un proceso de transición democrática, y ha bastado que un solo hombre; un líder populista, maestro de la mentira y de la manipulación, llegara al poder en el 2018 para que se hiciera patente que venimos de un viejo régimen autoritario, imperial, y no tenemos el nivel de cultura necesario para impulsar una verdadera democracia

El nivel de indiferencia, de falta de conocimiento y educación cívica de la mayor parte de la sociedad mexicana es asombroso, desalentador, mientras que la mezquindad y el servilismo de una secta de políticos agrupados bajo eso que se llama la 4T es indignante, canalla. 

Entramos hace apenas 18 años a un proceso de transición democrática, y ha bastado que un solo hombre; un líder populista, maestro de la mentira y de la manipulación, llegara al poder en el 2018 para que se hiciera patente que venimos de un viejo régimen autoritario, imperial, y no tenemos el nivel de cultura necesario para impulsar una verdadera democracia.

Es penoso decirlo, digamos que es hasta doloroso, pero en solo seis años hemos permitido que Andrés Manuel López Obrador se apoderara de la nación y haga cuanto le viene en gana con las instituciones fundamentales de la república, además de destruir instituciones intermedias esenciales, todo ello sin construir absolutamente nada en su lugar. 

Un hombre que decide el destino de la nación a capricho de su ideología, de sus manías, rencores y vanidades, pero es aplaudido por la vergonzosa razón de que regala dinero, que es el erario público, para lo cual ha contraído enorme deuda y dejará las finanzas del estado en deplorables condiciones.

Poseído de la enfermedad del poder, en sus últimos días de ejercicio presidencial, consuma sus venganzas por encima de todas las voces y de todas las instancias que piden prudencia, pero lo que reciben es soberbia y una mente que ya no vive en la realidad y no le importan las consecuencias de sus actos.

En medio de esta vorágine quienes deberían tener cordura, valor civil y responsabilidad, se rinden ante el caudillo, en una fiesta decadente, inmoral, porque ellos se beneficiarán del poder cuando, a partir de este mismo mes de octubre, haya que pagar los costos, porque no existe exceso que no cobre sus costos, y con proporciones mayores.

Da pena decirlo, pero solo bastarán unos meses para que esas consecuencias nos alcancen, y, como siempre, los que menos tienen y los que medio tienen suelen ser los primeros en pagar los excesos y locuras del poder. Los ingenuos también pagan, y caro.

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