Por: Rodrigo Tejeda
La amenaza de imponer aranceles a todos los productos que exporta México a los Estados Unidos ha generado el espanto sobre la economía mexicana, que caería en una grave recesión, la cual condicionaría severamente todo el gobierno de Claudia Sheinbaum
La plataforma de Netflix está ofreciendo en la televisión de paga una miniserie espléndida sobre El Gatopardo, basada en la obra clásica de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, cuya frase central es bien conocida: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”, o si se quiere decir de otro modo: “Cambiemos todo para que las cosas sigan siendo igual”.
La serie es muy buena, se la recomendamos, porque parece estar leyendo, en muchos aspectos, el periodo político por el que pasa México.
Un efecto inesperado de la perversidad, egocentrismo y disfuncionalidad de Donald Trump es el de estar desnudando a la llamada 4T, que se estaba vendiendo como un movimiento de transformación popular en México, por el cual todo cambiaría en el corrupto y vicioso sistema político del país.
Cuando la 4T iba triunfal por su “segundo piso”, de pronto todo pareció regresar a los ya remotos tiempos del peor priismo de los años setentas del siglo pasado, es decir, como en El Gatopardo, supuestamente todo ha cambiado para que todo vuelva a ser igual, o peor, que en el viejo régimen autoritario de la presidencia imperial o, como la bautizó Mario Vargas Llosa: la dictadura perfecta.
En El Gatopardo, Giuseppe Garibaldi, un personaje real muy importante en la Italia del siglo XIX, emprende un movimiento revolucionario nacionalista con sus camisas rojas, para que todo cambie, pero al final las cosas cambian para seguir igual.

El segundo gobierno de la 4T, que dirige Claudia Sheinbaum, está hoy defendiendo con desesperación y angustia la máxima joya del neoliberalismo mexicano: el T-MEC, anteriormente denominado TLC, que fuera concretado, hace ya 30 años, por Carlos Salinas de Gortari, la gran bestia negra del neoliberalismo y, según los delirios de AMLO, el jefe de la mafia en el poder.
La amenaza de imponer aranceles a todos los productos que exporta México a los Estados Unidos ha generado el espanto sobre la economía mexicana, que caería en una grave recesión, la cual condicionaría severamente todo el gobierno de Claudia Sheinbaum, con una caída grave de la inversión, el empleo, la fuga de capitales extranjeros y nacionales y, como consecuencia, el desplome de la recaudación fiscal, en un gobierno que heredó de AMLO un serio déficit fiscal y un fuerte endeudamiento público.
A la hora de la verdad, ha resultado que la economía mexicana está cimentada en un férreo sistema neoliberal, al que Donald Trump ha venido a sacudir de manera peligrosa.
¿No era el neoliberalismo una aberración que debería ser desechada por parte del gobierno populista de AMLO y su secta, que ha heredado la presidencia a una política que es, por lo menos en teoría, una radical de izquierda?
Si ya en el cierre del gobierno de AMLO todo apuntaba fielmente al gatopardismo, ahora el nuevo gobierno se defiende desesperado para que en la economía todo siga igual; para que no se mueva una sola hoja del árbol de la máxima obra de los neoliberales, lo que demuestra que el desorden y la devastación de instituciones que realizó el gobierno anterior, y continúa el gobierno de Sheinbaum, no es un verdadero cambio socio-político de México, sino incluso un retroceso.
La demagogia y las mentiras siguen, pero en este caso la turbulencia que ha generado el nuevo gobierno norteamericano está mostrando desnuda a la 4T.
Claudia Sheinbaum se ha mostrado callada, estoica, no porque sea una gran estratega, sino porque no le queda de otra. La cruda realidad es que estamos a merced de los caprichos y berrinches de Donald Trump, pero también a la voluntad del grupo de halcones de ultraderecha que le acompaña en el poder, frente a los cuales México no tiene recursos, ni siquiera diplomáticos, viendo la mediocridad del canciller Ramón De la Fuente y de otros ministros.

Los poderes fácticos que pueden contener a Donald Trump, y que de hecho han contenido la imposición de aranceles, son los poderes fácticos internos de los Estados Unidos, como los mercados, que ya se pusieron nerviosos, los consorcios empresariales, entre otros.
La sola amenaza de los aranceles, que genera una grave incertidumbre, tiene paralizada la inversión nacional y extranjera. Con un escenario así ninguna corporación empresarial puede realizar inversiones, pues si de algo dependen estas es de una razonable certidumbre en los mercados.
México no puede contraatacar con aranceles o imponer medidas punitivas contra los Estados Unidos, porque eso empeoraría aún más las cosas, como la inflación, que solo recientemente se está tratando de controlar.
Sobre la mesa de imposiciones, que no de negociaciones, el trumpismo ha colocado exigencias concretas: detener el fentanilo, desmantelar a los cárteles del narcotráfico; desmantelar la narcopolítica, tanto la histórica como la de Morena, el detener la expansión china y bloquear la migración tanto de mexicanos como de extranjeros provenientes de países del sur.
Si Claudia Sheinbaum no se pone a trabajar vendrán medidas de represión y acciones unilaterales. Ese es el lamentable escenario.
El recurso de exaltar y manipular el nacionalismo, sacándole provecho político para beneficiar la popularidad de la presidenta es una frivolidad, porque, aunque todo mundo detesta a Donald Trump, nadie quiere que este desmantele la parte más moderna de la economía del país y nos mande a una recesión, con consecuencias imprevisibles.
Porque le conviene, Sheinbaum quiere mezclar el problema de los cárteles de la droga con el de la imposición de aranceles, con el discurso de que debemos defender la soberanía del país, cuando todo mundo desea que alguien haga algo efectivo, y contundente, con esas organizaciones, que no solo son terroristas, sino que han traspasado todos los límites del horror, con la complacencia gubernamental.
LOS EMPRESARIOS, AHORA SÍ PREOCUPADOS
Mientras el gobierno de AMLO, y después el de Claudia Sheinbaum, desmantelan las instituciones democráticas del país, el gran capital no solo ha volteado hacia otro lado, sino que ha continuado haciendo excelentes negocios al cobijo de la 4T.
En buena parte por su alineación con el nuevo régimen, se ha rechazado cualquier reforma fiscal, por más necesaria que esta sea para las finanzas públicas.
Empresarios como Carlos Slim tienen derecho de piso en Palacio Nacional. Su fortuna ha aumentado con el gobierno de la 4T y estaban felices vendiendo cada vez más teléfonos celulares chinos, que les reportan aún mayores ganancias, pero hoy el gran capital mexicano está espantado por lo que puede pasar con el gobierno de Donald Trump.
Para los grandes empresarios la democracia no es motivo de preocupación, pero sí lo que le suceda a sus negocios y a los mercados. La demagogia populista de AMLO y su devastación no tenían la mayor importancia, pero que se toque el verdadero acomodo del sistema neoliberal es motivo de preocupación y de una enorme incertidumbre. Están incluso dispuestos a sumarse al discurso pseudonacionalista, porque el narco, en el fondo, le inyecta a los mercados muchos, muchos miles de millones de dólares.
Que todo cambie para que de fondo todo siga igual, pues siempre hay modo de hacer arreglos y negocios con el poder, y el poder hoy está en manos de la 4T, solo que esta se ha vuelto de pronto muy vulnerable y esto podría empeorar todavía más.







