Por: Laura Lucía Romero Mireles/Redacción
En los entornos laborales se ve una mayor tasa de incidencia del síndrome de burnout, con fatiga crónica e insomnio, entre otros, porque no se permite que haya un tiempo adecuado de descanso y recuperación: Diego Coronel, de la Facultad de Medicina
Pedro comienza su día en apariencia como una persona normal, pero realmente de la hora en que se levanta a la hora en que toma su desayuno, recorre todo un ritual de revisión de su cuerpo: revisa su vista viendo letras a distancia de frascos o libros; revisa sus genitales mientras se baña; checa sus axilas que no tengan protuberancias o bultos extraños antes de aplicarse el desodorante; revisa que sus pies no estén inflamados antes de ponerse los calcetines.
Esto en un día ordinario, pero cada cierto tiempo experimenta ansiedad y puede orientarla hacia cualquier parte de su cuerpo, tomando como referencia una anomalía imaginaria. Entonces experimenta cuadros de verdadera angustia, como checar su pulso hasta en 10 ocasiones consecutivas.
Pedro sufre de TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo, un problema de salud que es bastante frecuente y que va a la par con manifestaciones de hipocondría, ansiedad intensa, lo que le provoca alteraciones físicas, como problemas gastrointestinales, sudoración, aumento de la frecuencia cardiaca, falta de concentración para poder desempeñar su trabajo y dificultades en sus relaciones interpersonales, en especial con su esposa, quien le manifiesta estar harta de sus “locuras” y cansada de soportarlas.
Pedro acudió a consulta con un reconocido psiquiatra en la ciudad de Torreón, quien le recetó cuatro medicamentos diferentes, que le representaron un costo de 3 mil 800 pesos, más la consulta, que fue de mil pesos y se repitió en tres ocasiones. Dejó de experimentar TOC, pero se encontraba permanentemente sedado, sin poder concentrarse en su trabajo, que gira en torno a los sistemas computacionales.
Suspendió los medicamentos y acudió a una terapeuta por casi dos años, pagando una consulta semanal de 700 pesos, lo que era un problema para su economía, pues además debe de tomar un tranquilizante a dosis bajas (bromazepan), que tiene un costo de mil 300 pesos en las farmacias comerciales.
Para poder mitigar la intensidad de su trastorno, que ha disminuido considerablemente al realizar todo un cambio en su estilo de vida y seguir la terapia, tuvo que invertir durante dos años 5 mil pesos mensuales, un costo muy considerable que no le está permitido a la mayoría de las personas. Ahora solo acude al terapeuta en periodos de crisis.
El TOC es un trastorno que padece el 3% de la población del país, lo que equivale a más de 3 millones de personas, pero la mayoría no tiene la oportunidad de atenderse, debido a que los padecimientos psíquicos no son atendidos por el sistema de salud pública, pues en el cuadro de medicamentos tienen un inventario secundario y no son recetados por médicos especialistas, pero psicoterapeutas no hay para atender a la población derechohabiente, aunque la propia Secretaría de Salud establece que en México un 19.3% de la población padece ansiedad severa, la que es responsable de muchos padecimientos físicos, o al menos es uno de los factores más importantes, así como desórdenes del comportamiento que influyen en las relaciones de pareja, la vida familiar, la convivencia social y el desempeño laboral.
Los dos padecimientos crónicos degenerativos más importantes que hay en el país: la diabetes mellitus y la hipertensión, tienen como uno de sus factores más importantes la ansiedad
Los precios de los medicamentos psicotrópicos son inusualmente altos en México, solo se venden con receta de un médico especialista, pese a que hay sales que tienen hasta cinco décadas en el mercado, y el plazo máximo de exclusividad de una patente es de solo 20 años, como máximo. Pero no solo el precio es sumamente alto: los psicotrópicos están estigmatizados y muchas veces son vendidos como si se tratara de drogas ilícitas.

LA DEPRESIÓN Y LA ANSIEDAD
Los dos principales trastornos de salud mental que afectan a la población de México y el mundo son el depresivo y de ansiedad.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 280 millones de personas sufren depresión alrededor del planeta y en nuestro país, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), aproximadamente 35 millones han experimentado algún episodio depresivo.
En tanto, los trastornos de ansiedad afectaron a 301 millones de personas (2019) según el mismo organismo internacional. La primera Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (2021) del INEGI reporta que el 19.3 % de la población adulta tiene síntomas de ansiedad severa, mientras otro 31.3 % revela ansiedad mínima o en algún grado.
En la misma encuesta referida, se detectó que al menos 3.6 millones de mexicanos padecen de depresión, con una prevalencia de hasta tres veces más alta entre las mujeres, especialmente de quienes están entre los 40 y los 58 años de edad. Solo un porcentaje muy pequeño de población con este trastorno es atendida por un médico especialista.
Diego Coronel Manzo, del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, explica que al igual que otros males mentales graves, como la esquizofrenia o los trastornos bipolar u obsesivo compulsivo, que tienen prevalencia menor, los antes mencionados pueden afectar la funcionalidad del individuo en diferentes esferas; por ejemplo, en los ámbitos académico, escolar o laboral, incluso ser motivo de discapacidad psicosocial y de merma de las relaciones interpersonales.
El responsable del Programa de Salud Mental de esa entidad académica afirma que la población adolescente y adulta joven es la más vulnerable a presentar problemas de salud mental. Por ello, deben intensificarse los esfuerzos para promover servicios accesibles de atención y prevención oportuna en la materia.
Menciona además que no es lo mismo atenderlos cuando se identifican de manera temprana, que hacerlo una vez que han pasado algunos años y la condición se ha cronificado y el proceso de recuperación es lento.
Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre, el especialista precisa que la prevalencia de las enfermedades de la mente se incrementa conforme el individuo se enfrenta a factores psicosociales asociados al estrés incluyendo pérdidas, ingreso o despido de un trabajo, divorcio, etcétera.
Pero también hay de tipo biológicos que pueden predisponer, en diferentes edades a mujeres y hombres, a presentar esas condiciones, como el período puerperal o posparto, así como la menopausia, en el caso de ellas; en el de ellos, los relacionados con la andropausia, la pérdida del estatus o la separación marital.
Todos contamos con cierta vulnerabilidad para desarrollar algún problema de salud mental: uno de cada dos individuos en algún momento de la vida lo va a presentar, alertó Coronel Manzo, y así se constató, en especial, durante la pandemia, por lo que es importante mejorar nuestras prácticas de autocuidado, desarrollar herramientas de adaptación ante entornos cambiantes y demandantes, y expresar lo que sentimos para recibir ayuda oportuna.
Además, se debe eliminar el estigma que persiste en torno a las enfermedades mentales, producto del desconocimiento. El rechazo hacia el enfermo ha ocurrido a lo largo de la historia; se le relega cuando lo que se requiere es brindarle ayuda por parte de la sociedad, recalca.
El universitario aclara que la salud mental se refiere al adecuado funcionamiento, a nivel biológico, psicológico y social de una persona, de modo que sea funcional y productiva para su sociedad y capaz de alcanzar sus metas.

Se pierde productividad
En 2024 el Día Mundial de la Salud Mental lleva por tema “La salud mental en el trabajo”. Al respecto, Diego Coronel destaca que un individuo es más eficiente si tiene una adecuada salud mental y si hay respeto en los horarios laborales.
Empero, presenta problemas cuando las jornadas se extienden y en lugar de desempeñarse como máximo 48 horas a la semana, lo hace 55 o 60. Y cuando además el jefe tiene dificultades para comunicarse, hay poca eficiencia para resolver conflictos o escasa claridad respecto a las tareas que debe desempeñar cada uno dentro de la organización, detalla.
“Vemos una mayor tasa de incidencia del síndrome de burnout o del ‘trabajador quemado’, con fatiga crónica, insomnio y hasta depresión en los entornos laborales debido a que no se permite que haya un tiempo adecuado de descanso y recuperación. Esto, por supuesto, repercute en la funcionalidad del individuo y en su entorno de trabajo y no es beneficioso para la organización o la empresa, ya que se pierde productividad”, indicó el académico.
De acuerdo con la plataforma Statista, de 38 países analizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos los mexicanos son los que más horas pasan en su puesto laboral, un promedio de dos mil 226 al año. Le siguen Costa Rica, dos mil 149; Chile, mil 963, y Corea del Sur, mil 901. Estas cifras contrastan con Japón, mil 607; Reino Unido, mil 532; Francia, mil 511, y Alemania, mil 341.
Además, si el trabajador labora demasiadas horas y no goza de tiempo para su disfrute personal y, por ende, su calidad de vida disminuye; la retribución que recibe es menor en comparación con otras naciones. Todo ello predispone al desarrollo de diferentes malestares emocionales, incluida la insatisfacción por el trabajo y la frustración por el desempeño, que más adelante se transforman en un trastorno mental, advirtió el experto.
Según el universitario, en las organizaciones se requiere un servicio de apoyo psicológico, de acompañamiento psicoterapéutico breve y tratamientos preventivos, antes de que empiece a mermar la productividad y se registre, incluso, la baja de la persona empleada.
Para mejorar la situación, la educación y la información son lo más relevante. Los jefes tienen que conocer la importancia de la salud mental y las pérdidas que se generan al haber casos de enfermedad, en tanto que el colaborador debe establecer “factores protectores” como el autocuidado, y marcar límites, respetando horas de sueño y de comida, realizar actividad física, etcétera.
Cuando nuestras respuestas emocionales (tristeza, insomnio, apetito, enojo) son exageradas, es indicador de que algo no funciona y que es momento de acudir con un especialista. Una situación de urgencia se presenta cuando una persona manifiesta ideas de muerte o considera el suicidio como una forma de escapar de su problemática, añade.
Por la trascendencia del tema, en el Programa de Salud Mental de la FM se implementan campañas para la promoción y concientización de los problemas de salud mental y de aquellos recursos que pueden fomentar el bienestar integral. Para ello se imparten cursos y talleres, a fin de que la comunidad estudiantil de la FM fortalezca su bienestar.
El Día Mundial de la Salud Mental es promovido por la Federación Mundial de la Salud Mental y cuenta con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud; su meta es crear conciencia sobre esos problemas.







