Crecen las sospechas de los nexos de la 4T con el narco

Crecen las sospechas de los nexos de la 4T con el narco

Por: Rodrigo Tejeda

La detención de “El Mayo” Zambada dejó en una penosa posición a Andrés Manuel López Obrador, quien asumió públicamente que no sabía nada del operativo, planeado y ejecutado, de manera magistral, por las agencias norteamericanas

En política nada es casual; todo obedece a un propósito, lo mismo justo que perverso. La detención de Ismael “El Mayo” Zambada ha venido a reforzar, con hechos contundentes, que los gobiernos de la 4T, tanto el federal como los estatales, no pueden despejar las sospechas de tener nexos con el narco, en este caso específico con el poderoso Cártel de Sinaloa.

La detención de “El Mayo” Zambada dejó en una penosa posición a Andrés Manuel López Obrador, quien asumió públicamente que no sabía nada del operativo, planeado y ejecutado, de manera magistral, por las agencias norteamericanas, en un momento en que le hacía falta un gran golpe mediático al gobierno de Joe Biden y al inicio de la campaña de Kamala Harris.

Lo mismo si sabía algo o realmente no sabía nada, el gobierno de AMLO quedó en ridículo, pero lo más delicado es que, al cierre de su gobierno, la narrativa de tener nexos con el poderoso cártel del narcotráfico, pasan de rumores a sospechas que no pueden ser despejadas.

Después de la sorpresa, del ridículo y de la negativa del gobierno norteamericano de proporcionar información a un gobierno que, además de estar terminando, no ha cooperado en nada concreto y si ha sido abiertamente omiso con los poderosos carteles del crimen organizado, AMLO ha cometido varios errores, y ninguno de ellos es pequeño.

Las agencias norteamericanas mostraron que tienen contactos al más alto nivel, que tienen una red de infiltrados y poseen información privilegiada, que les permite realizar operativos quirúrgicos, como la detención de “El Mayo”, el capo al que ningún gobierno había atrapado jamás; un mafioso extremadamente astuto y escurridizo. 

Junto con AMLO, quedaron en ridículo todos los organismos de inteligencia mexicanos, incluido el ejército y la marina, quienes evidentemente saben, pero no hacen nada, por indicaciones del comandante supremo.

Las agencias norteamericanas habían estado negociando con los capos, y si negocian es porque conocen su ubicación, tienen contactos directos y tienen recursos de intimidación, de otro modo no se puede negociar con un capo.

Joaquín Guzmán López negoció su entrega y solo el alto mando del gobierno norteamericano sabe a cambio de qué. Pensar que la moneda de cambio fue la entrega de Ismael “El Mayo” Zambada es una suposición muy arriesgada, porque no está basada en hechos comprobables sino en las declaraciones del propio Zambada y, viniendo de alguien así, cualquier movimiento es retorcido, maquiavélico.

La carta que dictó a su abogado, la cual obviamente pasó por las manos y la aprobación de los mandos de inteligencia norteamericanos, muestra la capacidad que tiene de generar el desencadenamiento de toda una serie de consecuencias, y todo ello con un simple escrito corto, epistolar.

El primer error de AMLO ha sido afirmar públicamente que, aún cuando hay varias órdenes de detención sobre “El Mayo” Zambada, no se actúa porque la política de su gobierno es que deteniendo a los capos no se resuelve el problema.

De manera abierta reconoce que, durante todo su sexenio, no hubo la intención de detener a ningún capo, sin importar la relevancia de este y la expansión, por todo el territorio nacional, de las organizaciones criminales.

Esto ya se sabía, pero ponerlo en voz del presidente es extremadamente delicado. Sin embargo AMLO ha ido más allá: ha enviado varias señales de que le preocupa la detención de “El Mayo” Zambada, al grado de que la FGR ha girado orden de aprehensión en contra de Joaquín Guzmán López, por secuestro y “traición a la patria”, lo que es aberrante, porque le está dando el trato de un ciudadano mexicano victimizado, cuando su gobierno tiene más de 50 mil casos de desaparecidos sin resolver, la mayoría de los cuales inicialmente fueron secuestrados y no ha hecho nada al respecto.

Lo otro es creer en la palabra de un capo del más alto nivel que tiene más de 50 años en la criminalidad; alguien capaz de cualquier acto, por más siniestro que sea. Hacer una declaración así podría ser un simple juego de astucia, nada más.

En resumen, AMLO ha entrado a la defensa de “El Mayo”, a quien la FGR lo pone como una víctima de secuestro.

LA CARTA Y LA “INVESTIGACIÓN” DE LA FGR

Como el gobierno de AMLO se quedó, literalmente, viendo al espacio sideral, “El Mayo” envió una carta, que le da un poco de información y abre toda una serie de sospechas no despejadas sobre la relación entre el crimen y el gobierno de Sinaloa, solo a manera de una pequeña ilustración.

Ya se sabía que el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, tenía relaciones con los capos del narcotráfico; él mismo se lo confesó al periodista Salvador García Soto en agosto de 2021, cuando ya estaba electo, pero aún no tomaba el poder. De lo dicho no hay ni para donde hacerse, pues fue explícito y contundente, que hoy lo quiera desmentir es otra cosa.

En su carta “El Mayo” dice que fue invitado a una propiedad ubicada en el fraccionamiento Huertas del Pedregal, a las afueras de Culiacán, junto con el gobernador Rubén Rocha Moya y Héctor Melesio Cuén Ojeda, el principal enemigo político de Rocha Moya, y su función sería la de ser mediador en el conflicto entre ambos personajes, todo ello a invitación de Joaquín Guzmán López.

También afirma que Cuén Ojeda fue asesinado en el mismo lugar, mientras él era sometido y secuestrado, junto con sus escoltas José Rosario Heras López, comandante de la policía judicial, con más de 24 años en la nómina de la fiscalía del estado, y su otro escolta: Rodolfo Chairez, quienes a la fecha se encuentran desaparecidos.

Ya sometido y supuestamente encapuchado, “El Mayo” afirma que lo subieron a un vehículo y después de un recorrido aproximado de 20 minutos, lo subieron a la fuerza a un avión y lo trasladaron a El Paso, Texas, todo contra su voluntad.

Mientras todo esto sucedía, el gobernador Rubén Rocha Moya viajaba en un jet privado de lujo a Los Ángeles, California, propiedad de Jesús Vizcarra, un poderoso empresario propietario de la firma SuKarne y de la red de laboratorios Salud Digna, nada menos que compadre de “El Mayo”.         

Un viaje bastante conveniente y oportuno.

Antes que se supiera lo de la carta, la fiscal del estado, Sara Bruna Quiñonez, presentó un peritaje de la autopsia de Héctor Melesio Cuén, en el cual supuestamente murió víctima de cuatro impactos de bala, disparados por un asaltante, quien habría tratado de robar su vehículo mientras cargaba gasolina.

Después de la carta de “El Mayo” Zambada, la Fiscalía General de la República atrajo el caso, y lo primero que encontraron sus forenses es que el peritaje de la autopsia era falso y estaba intencionalmente alterado, pero además el asalto en la gasolinera era un montaje.

¿Quién le pidió a la fiscal que inventara un peritaje falso y, por si fuera poco, se realizara todo un montaje? Todo apunta de manera directa hacia Rubén Rocha Moya, quien era, de facto, su jefe inmediato. La gran pregunta que todos se hacen son los motivos que tenía Rocha Moya, a través de su fiscal, de ocultar los hechos reales del asesinato de Cuén Ojeda, su principal enemigo político y diputado electo.

¿Quién asesinó realmente a Cuén Ojeda, por órdenes de quién y por qué motivos? La FGR dice estar investigando, todo en base a la carta de “El Mayo”.

El gran descubrimiento de la FGR es que “ya encontró la pista de la cual despegó el avión que llevaba a los capos”. Después de que en la carta “El Mayo” les informara que estaba a cerca de 20 minutos de las Huertas del Pedregal, debió ser una “ardua” labor de investigación dar con dicha pista, cuando ya inclusive se han filtrado a la prensa fotografías del despegue.

EL PAPEL DE ROCHA MOYA

Para los sinaloenses y para la opinión pública nacional, el gobernador Rubén Rocha Moya ha generado toda una serie de sospechas que no han sido despejadas, lo mismo que el gobierno federal, que se apresuró a protegerlo y darle su apoyo.

Rocha Moya no ha explicado cómo es que José Rosario Heras López, comandante de la policía estatal, adscrito, desde hace 24 años, a la fiscalía, era uno de los dos guardias principales de Ismael “El Mayo” Zambada, lo que evidencia que la fiscalía está completamente infiltrada y no solo eso: está al servicio de los capos del Cártel de Sinaloa.

Todo el manejo del caso del asesinato de Héctor Melesio Cuén apunta como principal beneficiario a Rocha Moya, quien debe explicar qué paso con la manipulación de su asesinato. Puede deslindarse y decir que no sabía nada, pero en ese caso la exfiscal Sara Bruna debe ser sujeta a un proceso de investigación, algo que no está haciendo la FGR.

No hay tampoco una investigación sobre la supuesta labor de intermediación que “El Mayo” Zambada realizaría entre Rubén Rocha y Héctor Nemesio Cuén, lo que implica, independientemente del asesinato, la injerencia directa del narco en el manejo de los asuntos más delicados de la política de Sinaloa ¿Por qué Joaquín Guzmán López convocó a la reunión, de ser ciertos los dichos de los capos, como ha resultado cierto lo dicho sobre el asesinato de Cuén Ojeda?

Durante el sexenio se han dado muchas filtraciones que evidencian los nexos de varios gobiernos morenistas con el narco, pero justo en el cierre se da este que es el caso más escandaloso.   

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