Por: Eugenia Rodríguez
Attolini Murra es un junior, hijo de familia de clase alta, que parece estar peleado con el esfuerzo y el trabajo de verdad, lo que le ha llevado a buscar en la política un modo cómodo de vivir
El individuo es muy alto, corpulento, barbudo; de un aspecto así se esperaría un carácter fuerte, formal o, por lo menos, un adulto a sus treinta y muchos años, pero en su lugar tenemos en apariencia a un adolescente a quienes le faltaron superhéroes que admirar, o figuras familiares relevantes, lo que ha volcado toda su incontinencia emocional hacia la adoración de AMLO, quien de ese tipo de fanáticos pide uno a diario.
¿Pero será un asunto de adolescencia inconclusa o más bien el síndrome del lacayo más servil de la corte? Attolini Murra es un junior, hijo de familia de clase alta, que parece estar peleado con el esfuerzo y el trabajo de verdad, lo que le ha llevado a buscar en la política un modo cómodo de vivir, sin cansar mucho el cuerpo, porque eso hace daño.
Se piensa también un personaje mediático, por lo que maneja un pasquín digital y se pone frente al micrófono cada vez que le dan oportunidad, pues, decíamos, es un individuo de apariencia física aparatosa.
Al iniciarse en la política se convirtió en “asesor” de Zoé Robledo en el senado ¿De que iba a asesorar si apenas había salido de la universidad? Pero cobraba y cobraba bien, por lo que fue señalado, con argumentos, de ser un simple aviador más.
Desde entonces estaba en busca de algún cargo público de legislador; de los que pagan un sueldo enorme y el trabajo es de lo más relativo.
Logró hacerse candidato a diputado federal y perdió de modo abrumador. Volvió a insistir como candidato a diputado local por Coahuila, cuando ni tan siquiera vivía en el estado, y volvió a perder. Como es un Murra (en Torreón los Murra son una familia de ricos, lo mismo que los Attolini) y ya daba lástimas, para salvar los apellidos, le hicieron diputado local y a partir de ahí su protagonismo mediático no para.
Ahora ha lanzado en Coahuila una “Campaña de despedida como merece Andrés Manuel López Obrador”, bajo el slogans de “Te amamos inconmensurablemente”, así, como lo lee, de cursi y de nerds, y ha añadido: “Si por nosotros fuera no se iría nunca”, lo que ya raya en la estupidez, más que en la ñoñería.
Como si al mesías tropical de Tabasco le hicieran falta lacayos y agoreros serviles, que lo amen inconmensurablemente. ¿Quién le cambiará los pañales a este púber zángano que gana más de 100 mil pesos mensuales por dedicarse a hacer el ridículo a costa de nuestros impuestos?







