Por: Rodrigo Tejeda
Uno de los elementos centrales del discurso de campaña electoral de Donald Trump, y también de su primer gobierno, fue el de vender la idea de que los principales males de la sociedad americana provienen de los migrantes hispanos, en especial los mexicanos
De acuerdo al último censo la población hispana o latina de los Estados Unidos asciende ya a 65 millones de personas, que representan el 18.9% de la población total, superando inclusive a la población de ascendencia negra o afroamericana, que es de 46.8 millones y representa el 14%, pero existe además un alto porcentajes de población de origen extranjera muy diversa, que se ha establecido a lo largo de las cuatro últimas décadas.
Esto ha propiciado que la población que se considera blanca se haya ido reduciendo proporcionalmente, sobre todo por sus bajos índices de natalidad, y el empuje de la migración proveniente del sur.
La participación de los hispanos, de los cuales 38 millones son de ascendencia mexicana, han ido permeando los diferentes extractos de la sociedad norteamericana, no solo los sectores urbanos más pobres y los trabajos no calificados, logrando un ascenso social que ha sido lento pero sostenido.
La diversificación étnica del país; el avance de las minorías y la lucha por la equidad de género y la inclusión dieron origen al DEI, programa de Diversidad, Equidad e Inclusión, implementado durante el gobierno de Barak Obama, el primer presidente de ascendencia afro de los Estados Unidos.
Este programa encendió las alarmas de los sectores más conservadores de los Estados Unidos, donde subsisten, de formas disfrazadas, el racismo y la xenofobia, no solo hacia la población negra sino al ascenso de las minorías hispanas, cada vez más amplias, e inclusive a otras minorías más pequeñas provenientes de muy diversos países, entre los que destacan los asiáticos.
Donald Trump, un empresario inmobiliario, quien se hizo famoso a través de un programa televisivo denominado “El Aprendiz”, que versaba sobre el emprendimiento empresarial, se convirtió súbitamente en una figura política que lideraba a los republicanos más recalcitrantes y la parte del Estados Unidos profundo.

Un megalómano perverso, con antecedentes de racismo, tremendamente pragmático y xenófobo, se convirtió en el líder de un movimiento conservador, de extrema derecha nacionalista y populista, que llegó a la presidencia de la república, pero no pudo reelegirse, quien ahora regresa en su segundo mandato con el radicalismo que se había guardado en su primer periodo.
Uno de los elementos centrales del discurso de campaña electoral de Donald Trump, y también de su primer gobierno, fue el de vender la idea de que los principales males de la sociedad americana provienen de los migrantes hispanos, en especial los mexicanos, quienes serian responsables de la delincuencia, que “amenaza a nuestras familias”, de el “robo” de empleos a la población y de la drogadicción, un problema muy grave de salud que afecta a casi el 17% de los estadounidenses.
De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud de Estados Unidos de 2023, hay 48.5 millones (16.7% de la población total) de estadounidenses (de 12 años o más) luchando con un trastorno por consumo de sustancias durante este año.
La llamada “pandemia del fentanilo”, que provoca alrededor de 100 mil muertes anuales por sobredosis, fue un pretexto excelente para vender la idea de que existe una “invasión de gente muy mala que está causando la muerte de nuestros jóvenes”.
El problema del fentanilo es real, pero solo es la punta de una problemática social muchísimo más amplia, en una sociedad que ha entrado, hace décadas, en una descomposición del tejido social, algo que no está siendo atendido de manera adecuada y lo ha usado Donald Trump como parte de su discurso populista.

LA AMENAZA MORENA
El racismo y la xenofobia, que han estado presentes en forma disfrazada, han llegado al poder y están ejerciendo un gobierno radical, que tiene la propuesta firme de cargar en contra de la comunidad hispana, parando los flujos de migración y emprendiendo una muy agresiva política de deportaciones masivas, y el propósito de dificultar el acceso a la nacionalización y eliminar inclusive el status de personas ya nacionalizadas.
Las políticas de Donald Trump, apoyadas por los republicanos más radicales y conservadores colocados en posiciones estratégicas, inclusive como la Suprema Corte, le agregan al racismo la xenofobia.
El caso más escandaloso ha sido el de la prestigiosa Universidad de Harvard, a quien se trató de impedir la matrícula de estudiantes extranjeros, pese a que se trata de una institución académica de élite, pero con un manejo autónomo y una postura crítica hacia el movimiento trumpista, por lo que ha recibido represalias.
Las políticas migratorias de Donald Trump tienen por momentos tintes de “el gran gueto”, es decir la cerrazón de las fronteras del país a la población extranjera, cuando los Estados Unidos se consideraban como el país más abierto del mundo a la migración.
Ya existe inclusive una lista de más de 20 países a cuyos ciudadanos se les tiene prohibido el acceso a los Estados Unidos por motivos de “seguridad nacional”, una frase muy empleada por los populistas en el mundo, incluido en el actual gobierno de la 4T en México.
En un juego retorcido que disfraza el racismo, el gobierno de Donald Trump se ha opuesto al DEI, bajo el argumento de que se están dando empleos calificados y empleos gubernamentales a personas de “color” y a mujeres, no por su capacidad sino por su raza, ejerciendo un “racismo” en contra de la población blanca, que está siendo desplazada y que, en la opinión de los radicales conservadores, es más “capaz y brillante”. Con esto en la práctica se trata de contrarrestar la equidad, la igualdad y la inclusión, pues, aunque no se le menciona directamente, se establece que la raza blanca es más “capaz y brillante”.
En una sociedad que ha sido tradicionalmente de doble moral, surge la disyuntiva de que varios sectores de la economía norteamericana dependen de la mano de obra mexicana e hispana en general, entre ellos el sector agrícola, que es muy fuerte en estados liberales, como California, pero también en estados muy conservadores, donde se concentra una gran parte de la clientela política de Donald Trump.
Lo mismo ocurre en el sector de los servicios de las zonas urbanas, que dependen en gran medida de la mano de obra de los mexicanos e hispanos, quienes suelen ser buenos empleados y con sueldos bajos.
La población inmigrante ilegal es comúnmente explotada en la industria de la construcción, en la agricultura y en los servicios, lo que beneficia, y mucho, al sector empresarial, como los hoteleros, de los cuales el propio Donald Trump es uno de ellos.
El traslado de empleos industriales, que ha sido parte de la política de globalización impulsada desde los Estados Unidos, hoy es vendido por Trump como el “robo de empleos” a los norteamericanos, que está tratando de revertir por medio de una política desordena, absurda y muchas veces perversa de los aranceles comerciales, con los cuales ha jugado todo lo que va de su periodo de gobierno.
Como populista que es, la mayoría de las políticas de Donald Trump están fincadas en mentiras que se escuchan bien para su clientela. Al término del gobierno de Joe Biden, los índices de desempleo eran muy bajos en la economía estadounidense. Se podía considerar que había pleno empleo, pero el comenzó a manejar los índices de la balanza comercial con los diferentes países, especialmente China, Canadá y México, los que interpretó como un “robo”.
Desde los años ochenta, y aún antes, el capital norteamericano ha estado sacando una gran ventaja de la mano de obra calificada, pero barata de países como México, pero ahora el gobierno de Trump quiere que esos empleos industriales regresen a los Estados Unidos, pero con los niveles salariales que tienen en el país, lo cual es una idea muy atractiva para ciertos sectores de clase media baja y baja estadounidense.
Para impulsar estas políticas, los radicales conservadores republicanos, y en general los radicales conservadores, están impulsando el racismo y la xenofobia, con el argumento de la superioridad de la raza blanca, algo que no pueden pronunciar abiertamente, pero sí a través de políticas gubernamentales concretas y muy agresivas. Los morenos son útiles, pero para trabajos no calificados, de bajos salarios y explotación laboral, porque son de “capacidades inferiores”.







