Por: Eduardo Rodríguez
La migración ha sido, porque los números lo demuestran, una válvula de escape para la tensión social, originada por el bajo crecimiento de la economía mexicana y los bajos salarios, lo que genera un déficit permanente de empleo y, en consecuencia, una baja movilidad social, que se agudiza con el deficiente funcionamiento del sistema educativo y su baja cobertura
Antonio Ramírez es un muchacho de 24 años, soltero, originario de La Loma, un poblado que pertenece al municipio de Lerdo, Durango, a 25 kilómetros de Torreón, Coahuila. Hasta octubre del año pasado trabajaba como jornalero agrícola en “lo que le saliera”. Estaba juntando 120 mil pesos, que es lo que cobra un pariente que pasa grupos de migrantes a los Estados Unidos, donde los coloca en ranchos o granjas del estado de Colorado.
Viajando en tren, Antonio llegó hasta Colorado en octubre, donde comenzó a trabajar a los ocho días en un rancho ganadero, donde le pagaban 10 dólares la hora, sin necesidad de hablar inglés, porque el capataz del rancho es mexicano. Lo último que les comunicó a sus parientes es que el frío era muy intenso, el trabajo estaba pesado, pero ya se estaba acomodando.
El problema para Antonio es que a finales de febrero tuvo que dejar de ir a trabajar, porque “la migra” andaba recorriendo la zona y tenía temor de que lo agarraran. Todavía debe una parte del dinero que pidió prestado para pagar los 120 mil pesos de “la pasada”, y le han dicho que tiene que esperar para ver “si las cosas se calman”.
Tiene un mes sin trabajar y está un poco desesperado, pero no le queda más que esperar, pues regresarse a México es lo último que desea. “He trabajado desde los 15 años y no tengo nada, nomás la voy pasando, no hay futuro”, le comentó a su mamá antes de irse, cuando ella le insistía que eso de irse de ilegal era algo peligroso.
Como para Antonio, para millones de mexicanos no hay más alternativa de sobrevivencia y de progreso que emigrar a los Estados Unidos, pero ahora el nuevo presidente Donald Trump, ha criminalizado a los migrantes latinos y su gobierno ha emprendido una redada a nivel nacional para expulsar a millones de migrantes irregulares.
Antonio está considerando la posibilidad de pasarse a California si las cosas no se componen en Colorado, porque en California estaría más protegido de las redadas antimigración.

65 MILLONES DE HISPANOS EN USA
De acuerdo a las cifras oficiales de la Oficina del Censo, en 2023 la población hispana en los Estados Unidos había alcanzado ya los 65 millones de personas, un 58.32% provienen de México, lo que representa ya el 19% de la población de todo el país del norte, de acuerdo a las estimaciones de Pew Research Center, convirtiéndole en la mayoría más grande y de mayor crecimiento.
La Oficina del Censo proyecta que, aún con una migración nula, la población hispana en los Estados Unidos crecerá hasta un 35% para el año de 2060, pero podría ser todavía mayor si se sigue dando un flujo migratorio.
En 1970 la población hispana en los Estados Unidos era de tan solo 9.3 millones de personas, pero en 55 años ha crecido hasta alcanzar los 65 millones. Ya en 2016, la población hispana era de 15.3 millones en California; 10.9 millones en Texas; 5.1 millones en Florida; 3.7 millones en Nueva York y 2.2 millones en Illinois.
La misma Oficina del Censo estima que en los Estados Unidos hay al menos 11 millones de migrantes en una situación irregular, y el nuevo gobierno de Donald Trump se propone expulsarlos a todos, pero este es un proceso muy complicado, pues inclusive varios estados han desafiado las políticas federales de Donald Trump.
La casi totalidad de los migrantes ilegales están empleados en sectores como la construcción, la agricultura, los servicios y oficios diversos que son considerados como trabajos pesados y con una remuneración baja, para los estándares norteamericanos, los cuales no suelen desempeñar la población sajona que carece de estudios universitarios.

LA CRIMINALIZACIÓN DE LA MIGRACIÓN
Hay una fuerte corriente entre la población conservadora y de origen anglosajón en los estados dominados electoralmente por el Partido Republicano, que está manifestando un repudio hacia la migración de personas de razas consideradas como de piel oscura, principalmente hispanos.
Entre esa población conservadora hay grupos radicales, donde ha resurgido un racismo encubierto, o inclusive una criminalización de los migrantes, algo que ha abanderado Donald Trump y lo ha radicalizado aún más, al afirmar públicamente y durante su campaña y gobierno, que los migrantes son criminales que amenazan a la población blanca, pues son violadores, asaltantes, asesinos y son la causa de altos índices de delincuencia en muchas ciudades del país, lo cual es demagogia, pues los índices delictivos son más altos entre la población de raza blanca, pero esto no ha impedido que “selle” la frontera sur y lance toda una campaña nacional antimigrantes.
Otra afirmación demagógica es que los migrantes le están robando el trabajo a los norteamericanos, pero al inicio del periodo de Donald Trump la economía norteamericana se encontraba en lo que técnicamente se denomina como pleno empleo.
Las políticas antimigratorias están provocando serias tensiones al interior de la sociedad norteamericana, pero también tendrán una fuerte repercusión en México, donde el 52% de su población trabaja en la informalidad, y solo el resto de la población económicamente activa tiene un empleo formal, aunque con frecuencia mal remunerado.
La migración ha sido, porque los números lo demuestran, una válvula de escape para la tensión social, originada por el bajo crecimiento de la economía mexicana y los bajos salarios, lo que genera un déficit permanente de empleo y, en consecuencia, una baja movilidad social, que se agudiza con el deficiente funcionamiento del sistema educativo y su baja cobertura.
En 2024 las remesas que son enviadas a México por los “paisanos”, como suele denominarse a los migrantes, alcanzaron la cifra récord de 64 mil millones de dólares, un monto que equivale a 1.5 veces todo el presupuesto utilizado en los llamados programas del bienestar, los cuales están siendo financiados con deuda pública, lo que ya se ha vuelto un problema para el país, por el bajo crecimiento de la economía que genera un permanente déficit fiscal.
Las remesas son un ingreso que llega de manera directa a las familias, sin ningún tipo de intermediación, y es indispensable para mantener la estabilidad social de la población más pobre del país.
En su mente enferma, Donald Trump está tratando de parar la migración hispana y, sólo en menor proporción, de otros países del mundo, cuando los Estados Unidos es un país de migrantes y la propia esposa de Trump, Melania Trump, es una migrante de Europa del este, solo que no es de raza “oscura” y es una exmodelo.
El bloqueo de la frontera con los Estados Unidos es, potencialmente, otro problema social de los muchos que está enfrentando el país con los gobiernos populistas de Trump y con Morena en México.
Si la economía no crece; se pierden empleos por las presiones arancelarias; se desacelera la inversión extranjera y nacional debido a la incertidumbre, el cierre de la válvula de escape que es la migración se convierte en algo muy delicado.







