Por: Álvaro González
“Venimos de las colonias, les metimos unas buenas madrizas para que los cabrones se calmen”, palabras más, palabras menos, ese fue el comentario de Raúl “El Negro” Orozco, quien era el presidente del PRI municipal, cargo que había obtenido por ser un conocido “alquimista” electoral que trabajaba para Heriberto Ramos Salas, entonces presidente municipal y anteriormente diputado federal.
Era el año de 1989. No le tomé mayor importancia al asunto por la personalidad de “El Negro” Orozco, quien era un personaje turbulento y desparpajado, quien podía decir cualquier cosa.
En los días siguientes las cosas cambiaron radicalmente, cuando un grupo de colonos precaristas del oriente de la ciudad montó un plantón frente a la vieja presidencia municipal. Trascendió entonces que, efectivamente, Raúl “El Negro” Orozco y el entonces líder precarista del PRI, Mario Cepeda Ramírez, habían encabezado a un grupo de golpeadores para agredir a los colonos, cosa que en esos tiempos lamentablemente no era algo extraordinario, y bien se podría haber negociado el plantón con los colonos agredidos, pero entonces pasó una desgracia.
Uno de los colonos agredidos, que era ya un hombre de cierta edad, había sido golpeado con saña en la cabeza y se encontraba entre los manifestantes, en lugar de haber estado bajo tratamiento médico, pero era gente muy humilde e ignorante.
La tragedia vino cuando el hombre golpeado contrajo meningitis y falleció, lo que desató la nota periodística y todo un escándalo. Los dos responsables señalados eran Raúl “El Negro” Orozco y Mario Cepeda Ramírez.
Contra lo que pareciera, el problema no era tanto “El Negro” Orozco sino Mario Cepeda, que era entonces el líder más importante del PRI en las colonias precaristas del oriente de la ciudad, y tenía una clientela considerable.
Desde entonces era un personaje incómodo para muchos políticos, entre ellos el propio Heriberto Ramos Salas, pero los escrúpulos se imponían sobre la utilidad de Cepeda Ramírez, quien “movía” demasiada gente, lo que inquietaba al PRI, después del antecedente de las elecciones presidenciales de 1988, las cuales fueron ganadas por la izquierda, pero perdidas por la “caída del sistema” que le dio el triunfo a Carlos Salinas de Gortari. Aún así en Torreón y en Coahuila el PRI tenía un dominio político casi absoluto, lo que le permitía limpiar su imagen en un caso que era escandaloso mediáticamente, pero además el gobernador, Eliseo Mendoza Berrueto, era un político inusualmente correcto y no toleraba ese tipo de situaciones.
Raúl “El Negro” Orozco decidió irse, pues sus relaciones principales no estaban en Torreón. Pidió dinero para ello, se lo dieron y desapareció. Salvo algunos cuentos difíciles de creer, como el de que se había retirado de la política y era lanchero en Acapulco, nunca se volvió a saber nada de él en el medio público. Han transcurrido ya 35 años de aquellos acontecimientos.
Mario Cepeda Ramírez, quien tenía todo que perder si se escapaba, negoció un proceso judicial blando, fue enjuiciado y paso un tiempo en la cárcel local. Cuando salió volvió a la política, pero ya no era lo mismo, al menos no por muchos años. Era, quisiera o no, un expresidiario y ese estigma le perseguiría por mucho tiempo.
En sus años de auge, que eran aquellos, Mario Cepeda era un personaje gritón, ocurrente, con sobrada prepotencia, buen orador y buen manipulador. Más bien bajo de estatura y de aspecto bastante ordinario físicamente podía pasar desapercibido, pero con un micrófono y ante una multitud popular sabía hacer lo suyo, lo que le faltaba, y mucho, a los políticos de la primera camada de juniors priistas, ya sea que se apellidaran Ramos, Fernández o Cepeda.

SEGUNDA TEMPORADA: LOS HIJOS
Los lideres precaristas tuvieron su auge en los años ochenta, pero en los noventa las colonias precaristas se comenzaron a urbanizar y a tener los servicios básicos, lo que fue mermando su clientela.
En 1993, Rogelio Montemayor Seguy, todopoderoso candidato y luego gobernador de Coahuila, tuvo a bien emprender un pleito tormentoso con Mariano López Mercado, a quien no quería como candidato a presidente municipal, pero Mariano López se las ingenió para ganarle la candidatura, lo que desató la pugna y terminó con una venganza política. Mariano se tuvo que ir antes de terminar su periodo, en medio de un escándalo, que le pegó muy fuerte al PRI local y le abrió las puertas al PAN.
En 1996 el PRI perdió por primera vez en su historia la presidencia municipal de Torreón, a manos de Jorge Zermeño Infante. Los líderes precaristas vinieron a menos, aunque siguieron viviendo de las canonjías y el apoyo priista.
En el 2002 volvió a ganar el PAN con Guillermo Anaya, a quien le sucedió otro político panista, este bastante inepto, llamado José Ángel Pérez, quien termina, y mal, hasta el 2009.
En todos esos años la mayoría de los liderazgos del PRI en Torreón se vienen a menos y pasan tiempos de vacas flacas, porque la mayoría de las canonjías dependen del control del poder municipal.
Es el moreirato, con Humberto Moreira como gobernador, quien les imprime un nuevo impulso a los liderazgos en las colonias populares, y ahí seguía estando Mario Cepeda Ramírez, quien ya para entonces era un hombre que había entrado en edad, pero seguía siendo gritón, ocurrente y un eficaz orador en los mítines electorales del medio popular, el que tenía que compartir con una camada de gente nueva.
Políticos como Eduardo Olmos Castro, un junior que se abrió paso a “billetazos” en la política, tenía muy pocos dotes personales para el oficio público, así que, aún ya viejo, Mario Cepeda volvió a ser de utilidad, aunque ahora se hacía acompañar de tres hijos: Mario Cepeda Villarreal, Xóchitl Cepeda e Isis Cepeda Villarreal, a quienes comenzó a promover dentro del medio priista y a colocar en cargos públicos.

Del cobijo de Eduardo Olmos pasó a la protección de Miguel Riquelme Solís, con quien se convierte en regidor del cabildo de Torreón y logra acomodar y buscarles espacios a los hijos. El viejo líder estaba en su segunda temporada, cuando ya parecía estar más para el retiro y ahora le acompaña su familia. El responsable principal de este retorno y de la inclusión de la familia de los Cepeda es Miguel Riquelme Solís.
Los nuevos políticos priistas lo usaban y él cobraba caro su “apoyo”, aunque este ya fuera bastante relativo en términos de clientelas electorales. Un precio bastante sobrevaluado, que inclusive disgusta a muchos medios del propio priismo local.
Ya con Miguel Riquelme en la gubernatura, Mario Cepeda logra algo que jamás se imaginó: ser diputado local, cuando ya era un viejo que debería estar en el retiro, más que en un oficio tan tormentoso como el de la política.
En 2020 le designan candidato suplente a Diputado Local por el X Distrito, con Shamir Fernández como titular, quien gana ampliamente la elección y ocupa el cargo en 2021, pero pide permiso al mismo para ser candidato a diputado federal. Gana la elección y Mario Cepeda Ramírez se convierte en Diputado Local, en lo que es el sueño de su vejez.
De los hijos, Mario Cepeda Villarreal es colocado como Subsecretario de Inclusión y Desarrollo Social; Xóchitl Cepeda como regidora del cabildo de Torreón e Isis Cepeda nada menos que como directora del Instituto de la Mujer en Torreón. El nepotismo en todo su esplendor.
Con todo esto, Mario Cepeda Ramírez amaga en el 2022 con su inminente incorporación a Morena, lo que debió molestar, y mucho, a Miguel Riquelme, quien lo persuade de mantenerse en el PRI, no se sabe si por las buenas o por las malas, pero el antecedente queda ahí como un acto de deslealtad y un hecho miserable, tomando en cuenta las increíbles canonjías que le habían dado, siendo un personaje ya de perfil más bien bajo.
Mareado por el cargo de la diputación y prepotente, como siempre ha sido, cometió en mayo de 2022, un error que pareció pequeño, pero le está costando bastante caro.
Fue invitado a un evento público y se le destinó silla en la mesa principal, en la que estaría Miguel Riquelme Solís, gobernador, pero iba acompañado por su hija Xóchitl, quien era regidora, a quien la directora de relaciones públicas, de nombre Silvia Garza, les indicó correctamente que Xóchitl no estaría en la mesa principal.
Mario Cepeda se tornó en energúmeno, comenzó a insultar, pero de los insultos se paso a los golpes. La hija tuvo a bien jalonear del pelo a la funcionaria y Mario Cepeda propinarle dos golpes en la espalda, todo ello en medio de un rosario de insultos. Eso, en estos tiempos que corren es asunto más que delicado, especialmente con los antecedentes del anciano diputado.
Se pensó que todo terminaría en un simple y olvidado incidente, pero la funcionaria no lo pasó por alto y puso denuncia penal, por lesiones leves, calificadas por razón de género, amenazas y discriminación. La demanda procedió y, en este 2024, cuando ya había sido premiado por Riquelme Solís con la 7ma, Regiduría del cabildo de Torreón, ha sido vinculado a proceso, se le ha puesto un brazalete y se ha prohibido que tome posesión del cargo. Podría ir, después de 35 años, otra vez a la cárcel, junto con su hija Xóchitl.
Ya no estaba Miguel Riquelme para protegerlo y al parecer no es personaje grato en la cúpula política nueva, que lo ha dejado en manos de la ley.
Podría ser este el final de una tortuosa carrera política, que debió terminar en 1989, pero que la corrupción política permitió que siguiera adelante.







